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Informe Digital 01/07/2026 21:03 5 min de lectura

La industria aceitera denuncia plantas paradas y pérdida de valor - Informe Digital

Con capacidad ociosa y un corte de biodiésel de 7,5%, el sector reclama más mezcla para no quedar atrás frente a Brasil y EE.UU.

La industria aceitera denuncia plantas paradas y pérdida de valor - Informe Digital
Foto: Informe Digital

ROSARIO.- La industria aceitera volvió a poner sobre la mesa un problema que ya le cuesta dinero, mercado y competitividad a la Argentina: plantas de biodiésel prácticamente paralizadas, inversiones millonarias subutilizadas y una capacidad instalada que sigue lejos de aprovecharse. En un negocio que el mundo convirtió en estratégico, el país mantiene ociosa buena parte de su potencial mientras Brasil, Estados Unidos, Indonesia y Paraguay empujan el consumo interno con más mezcla obligatoria e incentivos.

Ese fue el eje del panel sobre agregado de valor del Seminario Acsoja 2026, en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), donde directivos de Aceitera General Deheza (AGD), Louis Dreyfus Company (LDC) y COFCO Internacional coincidieron en que la macro mejoró, pero no alcanza si el mercado de biocombustibles sigue frenado. En paralelo, la Cámara de la Industria Aceitera (Ciara), que preside Gustavo Idígoras, ya había advertido en un video difundido en sus redes sobre plantas paralizadas.

Plantas paradas y reglas que no cierran

Luis Fontán, Head of Trading at Aceitera General Deheza SA, apuntó que el problema no es industrial sino regulatorio. Tenemos unas plantas con un nivel tecnológico, de escala y de eficiencia fantástico que están paradas o parcialmente paradas, dijo. Y cuestionó el esquema vigente: La Argentina hoy tiene una ley de biocombustibles, tiene precios regulados, tiene cuotas y tiene un mandato pequeño que no se cumple.

Hoy el corte obligatorio de biodiésel en el gasoil es del 7,5%, mientras que el bioetanol representa el 12% de las naftas. Para la industria, ese nivel no alcanza para absorber toda la capacidad instalada. En el Congreso hay proyectos para cambiar ese esquema; entre ellos, uno presentado por la senadora Patricia Bullrich que propone llevar el corte de biodiésel al 10% y el de bioetanol al 15%, además de habilitar mayores mezclas y la venta de vehículos flex fuel.

Fontán marcó la distancia con los países vecinos: Brasil tiene 15% y va a 16%. Paraguay acaba de sacar una normativa para ir a 20%. En la Argentina estamos en 7,5%.

Un negocio global que ya cambió

Fernando Correa Urquiza, director de la plataforma de Oleaginosas para la región Latinoamérica Sur y Oeste en LDC, sostuvo que esa brecha ya está reordenando la industria. Tenemos industria norteamericana y brasileña expandiéndose hace dos o tres años, con una cantidad de inversiones que realmente asustan, alentadas por mandatos alrededor de los biocombustibles y con un mercado doméstico inmenso. La Argentina tiene que salir a luchar esa batalla, afirmó. Y advirtió: Si no lo hacemos, vamos a ver cómo el resto del mundo sigue creciendo y la Argentina sigue quedándose estancada.

Fontán agregó que el cambio ya alteró la lógica del negocio mundial de la soja. Sobre el crecimiento del HVO (aceite vegetal hidrotratado) en Estados Unidos, dijo que el impacto ya está. Explicó que la expansión de la molienda en Estados Unidos y Brasil respondió sobre todo a la mayor demanda de aceite para biocombustibles, lo que elevó la oferta global de harina y modificó la relación histórica entre ambos productos. Hoy en el mundo se muele soja por el aceite, resumió.

Correa Urquiza señaló que hace quince años el aceite representaba entre el 30% y el 35% del valor del poroto, y que hoy supera el 50% por la demanda creciente de aceites vegetales para producir energía.

En Brasil y Estados Unidos, buena parte del aceite encuentra un comprador asegurado dentro del propio mercado para transformarse en biodiésel. Esa demanda sostiene precios y fortalece toda la cadena. En la Argentina, en cambio, el mercado interno es mucho más chico y una mayor proporción de la producción debe exportarse sin ese respaldo. El país sigue siendo el principal exportador mundial de harina y de aceite.

Cuando uno mira el valor al cual el aceite argentino tiene que salir a paridad respecto de lo que el aceite brasileño o el americano consiguen por sus demandas domésticas, es realmente un diferencial enorme. Y eso se traduce, obviamente, en la capacidad de pagar al productor, explicó Correa Urquiza. Como ejemplo, agregó: Hoy el aceite argentino se exporta a Canadá, se transforma en biocombustible y desciende a Estados Unidos y es competitivo contra el biodiésel americano. Imagínense el costo logístico que implica ese movimiento. Todo ese valor que queda en el camino no va al productor.

Alfonso Romero, CEO de COFCO International Argentina, coincidió en que desarrollar un mercado interno dejó de ser una discusión solo energética para convertirse en una herramienta de competitividad. Recordó que el mercado internacional del biodiésel se fue cerrando para la Argentina primero en Estados Unidos y ahora con crecientes incertidumbres en Europa y sostuvo que los principales competidores compensaron esa situación fortaleciendo el consumo interno.

Estados Unidos tiene el suyo, Europa tiene el suyo, Brasil tiene el suyo, Indonesia tiene el suyo, enumeró. Es como estar con un motor aspirado compitiendo con motores turbo como tienen Brasil y Estados Unidos. Es muy difícil correr a la misma velocidad, agregó.

Los empresarios coincidieron, además, en que esa tendencia empieza a abrir oportunidades para otros cultivos oleaginosos, como el girasol, la camelina y la canola, y remarcaron que la Argentina cuenta con condiciones industriales, logísticas y de infraestructura para aprovechar ese escenario. Sin embargo, insistieron en que el desafío inmediato pasa por recuperar competitividad y evitar que la brecha con los principales competidores siga ampliándose.

Recientemente, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario señaló que el país cuenta con instalaciones capaces de producir alrededor de 3,8 millones de toneladas anuales de biodiésel. Frente a esa capacidad, la actividad efectiva tiene un nivel ocioso muy alto. Los volúmenes producidos dejan una capacidad ociosa anual en torno al 75%, destacó la entidad rosarina.

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