La Argentina ya asumió un compromiso para bajar las retenciones - Informe Digital
El acuerdo Mercosur-Unión Europea incluyó por primera vez una obligación vinculante para reducir derechos de exportación.
La Argentina ya asumió el primer compromiso internacional de su historia para reducir los derechos de exportación. Ese paso quedó plasmado en el Acuerdo Mercosur-Unión Europea, concluido en junio de 2019 durante la presidencia de Mauricio Macri.
La discusión sobre las retenciones volvió al centro del debate económico. En ese marco, la Argentina ya había incorporado hace siete años una hoja de ruta para reducirlas y, en el largo plazo, eliminarlas, siempre que la situación fiscal lo permita.
Lo central es que ese camino no empezó ahora. Comenzó cuando el país decidió incluir esa visión en uno de los acuerdos comerciales más relevantes de su historia.
Más allá de la apertura del mercado europeo y de la baja de aranceles de importación, el acuerdo incorporó una novedad de peso: por primera vez, la Argentina aceptó un compromiso jurídicamente vinculante para reducir los derechos de exportación aplicables a las ventas destinadas a la Unión Europea.
La importancia de ese compromiso radica en que los derechos de exportación son una excepción en el comercio internacional. Muy pocos países gravan de manera permanente sus exportaciones y, en la práctica, ese esquema desalienta la inversión, reduce la competitividad y limita la capacidad de crecer en los mercados externos.
Es cierto que la Argentina recurrió durante años a este instrumento por razones fiscales. Pero una necesidad fiscal no debería convertirse en una característica permanente del sistema tributario. Un país que aspira a exportar más, atraer inversiones y generar empleo debe proponerse, de manera gradual y con responsabilidad fiscal, dejar de gravar aquello que más necesita promover.
La relevancia de este compromiso también se explica por el destino al que está dirigido. La Unión Europea es el tercer socio comercial de la Argentina: reúne cerca de 450 millones de consumidores y constituye uno de los principales mercados para las exportaciones agroindustriales. En 2025 representó el 12,4% del comercio total argentino y aproximadamente dos tercios de las ventas a ese mercado correspondieron a productos agrícolas.
El acuerdo estableció un cronograma por el cual la gran mayoría de los productos argentinos exportados a la Unión Europea convergen gradualmente hacia derechos de exportación del 0%. La principal excepción fue el complejo sojero, para el que se acordó una reducción gradual compatible con su importancia económica y fiscal.
Lo verdaderamente trascendente no son los porcentajes ni los plazos, sino la dirección. Por primera vez, la Argentina incorporó en un tratado internacional la convicción de que el crecimiento de las exportaciones requiere reducir, y no consolidar, los impuestos que recaen sobre ellas.
El Acuerdo Mercosur-Unión Europea fue mucho más que una negociación para abrir mercados. También representó una visión de largo plazo sobre el lugar que la Argentina debía ocupar en el comercio internacional.
Hoy, cuando vuelve a discutirse cómo impulsar las exportaciones y recuperar competitividad, esa definición vuelve a cobrar peso. La mejor política para un país que necesita vender más al mundo no es gravar sus exportaciones de manera permanente, sino crear condiciones para que, con equilibrio fiscal y reglas previsibles, esos impuestos queden atrás.
El autor fue secretario de Relaciones Económicas Internacionales y Asesor del Presidente de la Nación (2015-2019); se desempeña como director de Inversiones y Comercio Exterior de la Fundación Argentina Global