Comprar pollo amarillo o blanco: qué diferencia tiene y cuál es mejor para cocinar
El aspecto de la carne genera dudas frecuentes, pero no siempre marca una cuestión de calidad.
Al comprar pollo en la carnicería, a muchas personas les surge una duda frecuente: qué diferencias hay entre los de piel blanca y los de piel amarilla. Aunque suele asociarse con la calidad o el sabor, esta característica está relacionada, principalmente, con la crianza y la alimentación del animal.
En líneas generales, el aspecto del pollo no alcanza por sí solo para determinar si una pieza es mejor que otra. De acuerdo con el Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, la carne cruda de ave puede variar de un tono blanco azulado a amarillo.
Por qué algunos pollos son amarillos y otros blancos
Los pollos más amarillentos suelen tener pigmentos naturales en su dieta, como los carotenoides, que están presentes en el maíz y otros vegetales. De esta manera, la alimentación puede darles una tonalidad más intensa.
Por el contrario, los pollos más pálidos tienden a estar alimentados con trigo u otros cereales que no aportan la misma pigmentación, por lo que su piel puede resultar más apagada.
Qué revisar antes de comprar pollo
Más allá del color, es importante revisar las señales de frescura y conservación del pollo, ya que son las que influyen en el estado de la carne y en la seguridad del producto. Para elegir bien, conviene estar atento a estos factores:
- Olor: no debe ser fuerte, agrio ni desagradable.
- Textura: la piel no tiene que estar pegajosa ni viscosa.
- Envase: debe estar frío, cerrado y en buen estado.
- Líquido acumulado: no conviene que tenga demasiada agua o jugo en la bandeja.
- Fecha de vencimiento: tiene que estar vigente y ser adecuada al momento de consumo.
- Color general: la carne debe verse pareja, sin manchas extrañas ni zonas deterioradas.
Si bien no suelen presentar grandes diferencias nutricionales, los pollos amarillentos pueden asociarse con un gusto más marcado, mientras que los blancos tienden a ser más neutros. Por eso, los de color más intenso suelen lucirse más en preparaciones sencillas, como al horno o a la parrilla.
Así, a diferencia de lo que muchos creen, el color no determina por sí solo la calidad del pollo. En general, es un reflejo de cómo fue alimentado el animal y puede modificar levemente el sabor de la carne.