La soja argentina pierde proteína pero gana en aminoácidos - Informe Digital
Un mapa nacional mostró que la calidad nutricional se sostiene y que el perfil varía poco entre regiones.
ROSARIO.- La soja argentina viene perdiendo proteína desde hace años, pero un nuevo estudio mostró que conserva un perfil de aminoácidos de alta calidad. El hallazgo, presentado en el Seminario Acsoja 2026 en la Bolsa de Comercio de Rosario, suma un dato clave para la competitividad de la cadena: la baja en proteína no arrastró de la misma manera al valor nutricional del poroto.
La investigación fue realizada por especialistas de la Asociación Argentina de Grasas y Aceites (Asaga) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), y dio origen al primer mapa nacional que caracteriza la calidad de la soja producida en las distintas regiones del país.
Según explicó Ángela Orlando, de Asaga, la industria viene advirtiendo desde hace años una caída en el contenido de proteína del poroto, un fenómeno que complica el procesamiento para que la harina alcance los estándares internacionales. Cuando tenemos bajos niveles de proteína se hace muy difícil para la industria llegar a estándares internacionales, señaló.
Pero la especialista remarcó que la calidad no puede medirse solo por ese indicador. El perfil de aminoácidos, dijo, gana peso en la industria de alimentos balanceados y la soja argentina mantiene allí un desempeño destacado. Tenemos proteína más baja, pero sí tenemos el total de aminoácidos más alto, afirmó al comparar los resultados con referencias internacionales.
A partir de esa base, Cecilia Accoroni, investigadora del INTA, presentó los resultados del relevamiento nacional, cuyo objetivo fue conocer la calidad de la soja que efectivamente producen los establecimientos argentinos y llega a la industria.
Queríamos conocer qué era lo que realmente estaba pasando en la Argentina y en los campos de productores. Conocer qué era lo que estaba llegando a los puertos y a las plantas a la hora de procesar, explicó.
Para ello, se realizó un relevamiento de una escala que hasta ahora no se había hecho en la Argentina.
Participaron 115 agencias de extensión del INTA, nueve centros regionales y cuatro laboratorios, que analizaron muestras provenientes de ocho grandes regiones productivas definidas según criterios agronómicos. El estudio también recopiló información sobre fecha de siembra, variedades, grupo de madurez, fertilización, inoculación, rendimiento y ubicación geográfica de cada lote.
Hasta el momento no teníamos nada. Sabíamos qué hablaban de nosotros en el exterior sin conocer cuál era la procedencia de esas muestras. Empezamos a generar información propia, destacó Accoroni.
El trabajo permitió confeccionar el primer mapa nacional de calidad de la soja argentina. Entre los principales resultados surgió que el sudeste y el norte de Córdoba registraron los mayores contenidos de proteína, mientras que el centro de Santa Fe mostró los niveles más altos de aceite durante las campañas evaluadas.
En cuanto a los aminoácidos, el comportamiento fue diferente. Los investigadores observaron que no existen diferencias regionales tan marcadas como ocurre con la proteína y el aceite, lo que indica que el perfil nutricional se mantiene relativamente estable entre las distintas zonas productivas.
Uno de los datos más relevantes fue que la suma de los cinco aminoácidos esenciales evaluados alcanzó un valor promedio de 15,06, por encima de la referencia internacional de 14,36 utilizada para comparar la calidad de la harina de soja. Ya en el poroto estamos mejor de lo que decían que estábamos, afirmó Accoroni.
Entre esos aminoácidos también se destacaron la metionina y la cisteína, ambos azufrados, que superaron los valores internacionales de referencia con aumentos del 25% y el 45% respectivamente en las últimas campañas. Según señalaron las investigadoras, la fertilización genera diferencias significativas en estos valores: los lotes fertilizados muestran mejores niveles de ambos aminoácidos que los que no recibieron ese manejo.
Otro hallazgo fue que la relación entre proteína y aminoácidos no es lineal. Salvo en el caso del triptófano, la reducción del contenido proteico no implicó una caída equivalente en el resto de los aminoácidos esenciales. Para los investigadores, esto demuestra que evaluar la calidad únicamente por el porcentaje de proteína puede llevar a conclusiones incompletas sobre el verdadero valor nutricional de la soja.
Según explicó, ese relevamiento permitirá contar por primera vez con una base de datos construida a partir de muestras representativas de las principales regiones sojeras del país para seguir evaluando la calidad de la producción argentina.