Milei logró estabilizar parte de la economía, pero el gran desafío sigue siendo la confianza inversora
Por Guillermo Apdepnur El gobierno de Javier Milei consiguió en poco más de un año algo que durante mucho tiempo pareció imposible para la economía argentina: ordenar parcialmente las cuentas fiscales, reducir fuertemente la inflación y recuperar cie
Por Guillermo Apdepnur
Bajó la inflación, cayó el riesgo país y el FMI volvió a respaldar a la Argentina. Sin embargo, el capital privado todavía no llega con la fuerza esperada. El mercado mira más allá de los números y sigue preguntándose si esta vez el cambio será duradero.
El gobierno de Javier Milei consiguió en poco más de un año algo que durante mucho tiempo pareció imposible para la economía argentina: ordenar parcialmente las cuentas fiscales, reducir fuertemente la inflación y recuperar cierto respaldo internacional. El último desembolso aprobado por el FMI y la mejora en algunos indicadores financieros le dieron aire político y fortalecieron el discurso oficial de estabilización.
El problema es que la economía real todavía no termina de reflejar ese cambio con la misma intensidad. Y ahí aparece el gran interrogante que hoy atraviesa al empresariado local e internacional: ¿por qué las inversiones genuinas siguen llegando a cuentagotas?
La contradicción es evidente. Mientras el Gobierno celebra la baja del riesgo país y el equilibrio fiscal, muchos sectores productivos siguen esperando señales más profundas de recuperación. El capital financiero empezó a mirar nuevamente a la Argentina, pero el capital productivo el que abre fábricas, genera empleo y apuesta a largo plazo todavía mantiene cautela.
En el mundo empresario no se discute tanto si hubo mejoras macroeconómicas. La mayoría reconoce que hubo un cambio importante respecto de años anteriores. Lo que todavía genera dudas es otra cosa: la capacidad de sostener este rumbo durante una década y no solamente durante un mandato presidencial.
Ahí aparece una diferencia importante con países como Brasil o Paraguay, que en los últimos años lograron atraer inversiones extranjeras con mayor continuidad. No necesariamente porque tengan economías perfectas, sino porque lograron construir algo que el mercado valora mucho: previsibilidad.
Paraguay, por ejemplo, aparece en varios informes internacionales como una economía estable, con presión impositiva baja, reglas relativamente sostenidas y costos energéticos competitivos. Brasil, aun con sus crisis políticas recurrentes, mantiene una estructura industrial, financiera y jurídica mucho más consolidada para grandes grupos inversores.
Argentina, en cambio, arrastra décadas de cambios bruscos:
cepos,
defaults,
reestructuraciones,
inflación crónica,
modificaciones tributarias permanentes,
y giros políticos extremos entre gobiernos.
Ese historial pesa más de lo que muchas veces se admite en el debate local.
Por eso, aunque Milei logró mejorar indicadores que hace un año parecían descontrolados, muchos inversores todavía esperan pruebas más contundentes de estabilidad institucional y política antes de desembolsar miles de millones de dólares en proyectos de largo plazo.
Incluso el propio FMI, pese a respaldar al Gobierno, advirtió sobre vulnerabilidades pendientes vinculadas a reservas, financiamiento externo y sostenibilidad política.
La discusión entonces empieza a entrar en una nueva etapa. Ya no se trata solamente de bajar la inflación o alcanzar superávit fiscal. El desafío ahora parece ser otro: convertir esa estabilidad inicial en confianza duradera.
Y ahí aparece una pregunta incómoda, pero central para el futuro económico argentino: ¿puede la Argentina garantizar reglas estables más allá del gobierno de turno?
El oficialismo sostiene que sí y apuesta a que el tiempo juegue a su favor. Pero el empresariado internacional todavía observa con prudencia. Porque en economía, muchas veces, la confianza no se recupera con un buen año. Se recupera cuando un país demuestra que puede sostener el rumbo incluso en los momentos difíciles.
Ese quizás sea hoy el verdadero examen del modelo económico de Milei.