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Multimedio Noticias 30/06/2026 08:47 4 min de lectura

¿Querés ser radical o querés ganar?: el debate silencioso que atraviesa al radicalismo costero

Porque en política, cuando intentás hacer las dos cosas al mismo tiempo conservar identidad profunda y ganar rápidamente entrás en una tensión permanente que casi siempre termina rompiendo algo. Un partido fuerte ideológicamente: En cambio, un arma

Porque en política, cuando intentás hacer las dos cosas al mismo tiempo conservar identidad profunda y ganar rápidamente entrás en una tensión permanente que casi siempre termina rompiendo algo.

Un partido fuerte ideológicamente:

discute,

tiene matices,

forma dirigentes,

sostiene principios,

tarda más en ordenarse,

y muchas veces pierde elecciones mientras se reconstruye.

En cambio, un armado pensado únicamente para ganar:

simplifica discursos,

evita debates incómodos,

junta sectores incompatibles,

prioriza imagen sobre doctrina,

y suele depender de liderazgos circunstanciales.

El problema es que ambas lógicas chocan entre sí.

Porque: para crecer electoralmente rápido muchas veces tenés que ceder identidad, y para conservar identidad muchas veces tenés que aceptar tiempos largos y derrotas parciales.

Ahí aparece la complejidad.

Por Guillermo Fabián Apdepnur Director de Multimedio.com.ar

El radicalismo del Partido de La Costa atraviesa uno de esos momentos bisagra que no siempre se ven en los resultados electorales, pero sí en los pasillos, en las reuniones internas y, sobre todo, en el ánimo de su propia dirigencia.

La discusión ya no parece pasar únicamente por candidaturas o nombres propios. El verdadero debate es mucho más profundo: qué quiere volver a ser la Unión Cívica Radical dentro del escenario político costero.

Y en ese contexto aparece una frase que comenzó a repetirse en distintos sectores partidarios: ¿Querés ser radical o querés ganar?

La definición puede sonar dura, incluso incómoda, pero expone una tensión que el radicalismo arrastra desde hace años en distintos puntos del país: la pelea entre conservar identidad política o priorizar estrategias electorales de supervivencia.

En el Partido de La Costa esa discusión tomó una dimensión especial. No solamente porque el radicalismo viene atravesando etapas de fragmentación interna, sino porque existe una percepción bastante instalada incluso dentro del propio partido de que hoy no alcanza con armar una lista para volver competitiva a la estructura partidaria.

El problema parece ser otro.

Muchos dirigentes y militantes sostienen que antes de pensar en recuperar la intendencia, el radicalismo necesita recuperar algo más básico: sentido de pertenencia, identidad doctrinaria y presencia territorial.

Durante años, gran parte de la política argentina fue empujando a los partidos tradicionales hacia modelos cada vez más electorales y menos orgánicos. El radicalismo no quedó afuera de ese proceso. En muchos distritos perdió comités activos, formación política, juventud militante y discusión interna. La lógica de las alianzas terminó reemplazando muchas veces la construcción propia.

Y cuando un partido deja de construir identidad, empieza lentamente a depender de figuras circunstanciales, acuerdos de ocasión o armados coyunturales.

Ahí aparece uno de los principales desafíos del radicalismo costero: volver a definir qué representa políticamente dentro de la comunidad.

Porque el votante puede perdonar una derrota electoral. Lo que rara vez perdona es la falta de coherencia o de rumbo.

Dentro de algunos sectores internos comienza a instalarse la idea de que una eventual reconstrucción no debería pasar solamente por una lista de unidad. De hecho, varios entienden que las listas armadas únicamente para evitar conflictos terminan escondiendo diferencias de fondo sin resolverlas realmente.

La discusión que asoma parece apuntar a otro lado: reconstruir partido, volver al territorio, formar nuevos dirigentes, abrir debate político, y recuperar una agenda local clara.

No es un camino rápido. Tampoco garantiza triunfos inmediatos.

Pero históricamente, los partidos que lograron sostenerse en el tiempo fueron aquellos que primero reconstruyeron identidad y después buscaron el poder.

En política, muchas veces la ansiedad electoral empuja a tomar atajos. El problema es que los atajos suelen durar una elección; las identidades políticas, en cambio, pueden durar generaciones.

Quizás el radicalismo del Partido de La Costa esté entrando justamente en ese momento incómodo pero necesario donde debe decidir qué quiere ser en los próximos años: un espacio que solo compita electoralmente, o un partido que vuelva a construir una identidad política sólida y reconocible.

La respuesta probablemente no aparezca en una elección. Pero sí puede empezar a construirse ahora.

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