Alarma laboral en la provincia: menos empleo, más precariedad y un impacto que ya se siente en toda la costa bonaerense
Por Guillermo Apdepnur La provincia de Buenos Aires atraviesa un deterioro laboral sostenido que ya dejó de ser un dato técnico para convertirse en un problema estructural con impacto directo en cada distrito. El último informe del Observatorio Econó
Por Guillermo Apdepnur
La provincia de Buenos Aires atraviesa un deterioro laboral sostenido que ya dejó de ser un dato técnico para convertirse en un problema estructural con impacto directo en cada distrito. El último informe del Observatorio Económico bonaerense lo expone sin matices: desde noviembre de 2023 se perdieron 96.243 puestos de trabajo registrados y la desocupación trepó al 9,5%, dos puntos por encima del promedio nacional.
No es solo cantidad de empleo lo que cae. También baja la calidad. Hoy, el 16,5% de quienes tienen trabajo están buscando otro ingreso, un dato que refleja salarios que no alcanzan o condiciones laborales cada vez más frágiles. En paralelo, la tasa de empleo cayó al 43,5% y la actividad también retrocede: menos gente busca trabajo, no porque esté mejor, sino porque se desanima.
El fenómeno golpea con más fuerza a los jóvenes. La desocupación en el segmento de 14 a 29 años supera el 16% tanto en mujeres como en varones. El problema no es solo el presente: es una generación que empieza tarde, entra mal y queda atrapada en circuitos laborales inestables.
El informe también confirma una tendencia más profunda: desde fines de 2023 se perdieron 280.833 empleos registrados en el país, y más de un tercio corresponde a la provincia. En términos concretos, Buenos Aires perdió un 3% de su empleo formal en poco más de dos años.
Pero el dato que termina de cerrar el cuadro es otro: 5.364 empresas cerraron en territorio bonaerense en este período. Una de cada cuatro que bajaron la persiana en todo el país estaba en esta provincia. Menos empresas, menos empleo. No hay demasiada vuelta.
El impacto tiene una geografía clara: el conurbano aparece como el epicentro, por su perfil industrial y su dependencia del mercado interno. Sin embargo, sería un error leer esto como un problema aislado del AMBA.
En distritos como el Partido de la Costa, donde la economía depende en gran parte del turismo, el comercio y los servicios, el efecto llega por otra vía pero con la misma contundencia. La caída del poder adquisitivo reduce el flujo turístico, acorta estadías, baja el consumo y tensiona a comercios y emprendimientos que ya operan con márgenes ajustados.
El golpe es indirecto, pero real: menos consumo en los grandes centros urbanos se traduce en menos movimiento en destinos turísticos. Y eso impacta en empleo estacional, changas, servicios y pequeñas unidades económicas que sostienen buena parte del entramado local.
Otro dato que no pasa desapercibido es la caída en el empleo en casas particulares: 7.878 puestos menos en la provincia. Es un indicador sensible porque expone el ajuste en la clase media. Cuando ese gasto desaparece, no solo se pierde un trabajo: se achica toda una cadena de ingresos.
El cuadro se completa con salarios en baja frente a la inflación y un costo de vida en alza. Menos poder de compra, menos consumo, menos actividad. Un círculo que se retroalimenta.
La conclusión del informe es clara, aunque incómoda: el ajuste económico no fue neutro. Tuvo un impacto territorial definido y profundizó desigualdades preexistentes. El conurbano lo sufre primero, pero el efecto se derrama hacia el interior y alcanza a economías locales como la del Partido de la Costa.
La pregunta que queda abierta no es menor: cuánto más puede sostenerse este esquema sin que el deterioro deje de ser estadística y se convierta en un problema social todavía más visible. Porque en muchos lugares, ese límite ya empezó a sentirse.