El Derrame de la Ética: Entre la Sed y la Oportunidad
Victoria se despertó con una noticia que mezcla el surrealismo con nuestra idiosincrasia más cruda. El vuelco de un camión cargado con Fernet con cola en nuestras rutas no solo dejó el asfalto teñido de oscuro y un aroma penetrante en el aire; dejó a
Victoria se despertó con una noticia que mezcla el surrealismo con nuestra idiosincrasia más cruda. El vuelco de un camión cargado con Fernet con cola en nuestras rutas no solo dejó el asfalto teñido de oscuro y un aroma penetrante en el aire; dejó al desnudo una postal social que, lejos de causarnos gracia, debería invitarnos a la reflexión.
No pasó mucho tiempo entre el estruendo del accidente y la llegada de los primeros “auxiliadores”. Pero no buscaban socorrer al chofer o señalizar la ruta para evitar una tragedia mayor. El objetivo era el botín líquido. En cuestión de minutos, lo que era un siniestro vial se transformó en un autoservicio a cielo abierto.
¿Necesidad o “Avivada”?
Es cierto, el bolsillo aprieta y la crisis económica no es un invento de los diarios. Sin embargo, resulta difícil sostener el argumento de la “falta de dinero” cuando vemos camionetas cargadas hasta el tope literalmente a ras del suelo por el peso con packs de una bebida que, seamos sinceros, no forma parte de la canasta básica alimentaria. No se llevaban leche, no se llevaban pan; se llevaban una fiesta gratis.
Muchos se escudan en que “la mercadería está asegurada”. Es el gran mantra de la posverdad local: si el seguro paga, el robo deja de ser delito para convertirse en oportunidad. Bajo esa lógica, la propiedad privada es relativa y el respeto por lo ajeno depende de qué tan grande sea la empresa afectada.
La Sombra de la “Viveza Criolla”
Lo ocurrido en las afueras de nuestra ciudad es un síntoma de esa avivada criolla que tanto nos gusta celebrar en los asados, pero que tanto nos duele cuando nos toca sufrirla. Ver a vecinos de nuestra comunidad amontonándose para saquear un transporte accidentado nos devuelve una imagen distorsionada de nosotros mismos.
¿Qué nos dice esto como sociedad?
Que el respeto por la ley es opcional si el botín es atractivo.
Que la solidaridad se pierde cuando aparece el beneficio propio.
Que la línea entre la necesidad y el saqueo se ha vuelto peligrosamente delgada.
Mañana, el camión será removido, el seguro pagará la pérdida y las heladeras de muchos estarán llenas por un tiempo. Pero el sabor que queda en la boca de quienes esperamos una Victoria más civilizada es mucho más amargo que el del propio Fernet. No fue sed, fue falta de valores; no fue hambre, fue el eterno deporte nacional de ver quién es más “vivo” que el resto