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Mundial
TN 29/06/2026 12:19 4 min de lectura

La durísima historia de Igor Thiago, el sorprendente 9 de Brasil que fue albañil: Mis amigos querían que fuera a robar

Su infancia y adolescencia estuvieron marcadas por la tragedia y el dolor. Pero supo reponerse a todo y hoy es la carta goleadora de Ancelotti.

La durísima historia de Igor Thiago, el sorprendente 9 de Brasil que fue albañil: Mis amigos querían que fuera a robar
Foto: TN

Los 22 goles en 37 partidos jugados en la Premier League y el ojo de Carlo Ancelotti para apuntarlo, pusieron a Igor Thiago en la lista de 26 jugadores de la selección de Brasil que juegan esta Copa del Mundo. Y más, porque lo convirtieron en el inesperado 9 del equipo.

Todavía no me lo creo. Haber sido convocado para el Mundial es el mayor logro de mi vida, tanto a nivel personal como profesional", confesó antes de iniciar el torneo el nacido en la ciudad de Gama, en el Distrito Federal brasileño, de quien además de su capacidad goleadora destaca la durísima historia que lo acompaña.

Porque no solo que Igor Thiago debió trabajar de albañil desde muy chico, entre otras ocupaciones, sino que tuvo que hacer tantos quiebres de cintura como dentro de una cancha de fútbol, para eludir a los malos consejos de su entorno. Mis amigos querían que fuera a robar con ellos, contó.

La durísima historia de Igor Thiago: antes de que el fútbol lo salve, la pasó muy mal

Trabajar, se entiende, no es un verbo deshonroso ni del que avergonzarse. Sin embargo, cuando eso le ocurre a un chico a los 13 años, no es una buena noticia. Y más cuando viene acompañada de una tragedia familiar, porque a esa edad Igor Thiago quedó huérfano de padre.

Una orfandad que, en cierto modo, ya sentía con su papá vivo, porque el alcoholismo del hombre arrastraba y hacía sufrir a toda la familia, compuesta, además, la madre y tres hermanos, además de Igor.

El niño con talento para el fútbol y necesidades inmediatas, fue albañil para poder ganar el dinero que ayudara a su mamá. También trabajó de conserje, de jardinero y de repartidor de folletos. Cualquier changa que saliera, servía para que en su casa no faltaran las cosas indispensables, entendiéndose por esto un plato de comida.

Su madre, que trabajaba como recolectora de basura, hacía lo que podía para que sus hijos comieran todos los días aunque no siempre le era posible. Y en una ocasión en la que llegó sin nada para darles a los chicos, recibió el reproche de un familiar, que le recriminó el no tener nada para dar ese día.

Para Igor Thiago, testigo de los esfuerzos diarios de su mamá como también de este incidente casero y familiar, ver a su mamá llorar de la impotencia resultó un combustible. Y desde la sencillez de un niño, le juró: A partir de hoy, nadie en esta vida volverá a humillarte. Voy a ser futbolista, ya verás. Algún día todo el mundo me conocerá.

Nacido el 26 de junio de 2001, Igor Thiago Nascimento Rodrigues -su nombre completo- desde los 9 que comenzó a jugar al fútbol aunque recién a los 17 tuvo la chance de incorporarse a un club. Antes, fue rechazado en todas las pruebas que hizo, llegando a pensar que no servía para el fútbol.

Todo este esfuerzo por ser futbolista era necesariamente matizado con la necesidad de trabajar para que en su casa no faltara comida. Sea para el trabajo que le tocara, Igor Thiago arrancaba a las cinco de la mañana. Y cuando podía, se entrenaba. Todos esos trabajos me ayudaron a convertirme en el hombre que soy hoy, a forjar mi carácter, reconoce el goleador.

Su madre dio fe de esto. Nunca se rendía ante ningún trabajo. A veces me daba pena porque llegaba a casa con las manos llenas de callos y ampollas, dijo su mamá, quien le valoró por sobre todo el no haber perdido su esencia y evitar caer en la delincuencia, porque tenía amigos, que no eran tan amigos, que querían que robara con ellos, que consumiera drogas, que siguiera el mal camino, tal como lo contó a The Guardian.

Con 18 años, habiendo sido un año antes goleador del Sub 17 estatal de Paraná en el club Veré, quedó en el Cruzeiro. Como no había hecho Inferiores, sufrió esos inicios por falta de experiencia personal pero también por prejuicios del resto, en particular de sus compañeros.

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Así y todo, estuvo tres temporadas en el club de Belo Horizonte antes de pasar al fútbol búlgaro, luego al Brujas de Bélgica hasta que en 2024 llegó al Brentford inglés, desde donde ganó su fama actual pero no sin padecimientos: en su primer año, se rompió los cruzados. Otra vez a tener paciencia, a reconstruirse y volver con todo. Un albañil de su propia carrera que tiene su premio de defender la camiseta de la selección de Brasil en el Mundial 2026.

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