El peso de la imagen: el cuerpo en tiempos de Ozempic
La popularidad de Ozempic abrió un debate que excede ampliamente a un medicamento. Cuando la pérdida de peso se convierte en un objetivo en sí mismo, aparecen preguntas sobre la relación con el cuerpo, los trastornos alimentarios, la presión estética
El peso de la imagen: el cuerpo en tiempos de Ozempic
La posibilidad de modificar el cuerpo nunca estuvo tan al alcance de la mano. Sin embargo, mientras aumentan las herramientas disponibles para perder peso, también crecen la insatisfacción corporal y las dificultades para construir un vínculo saludable con la alimentación. Esa tensión resume uno de los grandes interrogantes que deja al descubierto el fenómeno Ozempic.
Cuando el peso deja de ser el problema principal
Las especialistas coinciden en que el debate sobre Ozempic no puede reducirse únicamente a la pérdida de peso. En algunos casos, el uso inadecuado de este tipo de medicamentos puede representar un riesgo adicional para personas con trastornos de la conducta alimentaria o con antecedentes de ellos.
La nutricionista María Florencia Rodríguez advierte que pacientes con anorexia o bulimia suelen presentar alteraciones en sus niveles de glucemia, por lo que el uso de medicamentos destinados a regular esos valores podría provocar complicaciones importantes, como episodios de hipoglucemia. Entre los signos de alerta menciona mareos, desgano físico, sensación intensa de frío y dificultades para regular la temperatura corporal.
Desde la psicología, Patricia L. Schmidt señala que estos casos requieren especial atención porque suelen involucrar un vínculo profundamente alterado tanto con la comida como con el propio cuerpo.
"Estamos hablando de personas que tienen muy intervenida la relación con el plato de comida y con su imagen corporal. Son situaciones complejas que requieren acompañamiento profesional".
La especialista advierte además que una búsqueda legítima de bienestar puede transformarse en un problema cuando el control sobre el peso, la alimentación o la apariencia comienza a ocupar un lugar desmedido en la vida cotidiana.
"Lo obsesivo aparece cuando una idea se impone de tal manera que termina limitando la vida de una persona".
En ese sentido, ambas profesionales remarcan una diferencia fundamental: perder peso no es necesariamente sinónimo de construir un vínculo saludable con la alimentación.
"Comer para bajar de peso muchas veces implica restringir y aguantar. Alimentarse saludablemente implica algo mucho más amplio: considerar horarios, descanso, actividad física, emociones y necesidades biológicas", sostiene Rodríguez.
Incluso después de alcanzar una meta de peso, algunas personas continúan sintiéndose insatisfechas. Para Schmidt, esto ocurre porque el cuerpo puede cambiar más rápido de lo que cambia la imagen que una persona tiene de sí misma.
"La modificación corporal suele ser mucho más rápida que la modificación de la imagen corporal". Por eso, algunas personas continúan percibiéndose desde parámetros que ya no coinciden con su realidad física actual.
Un tratamiento que requiere mucho más que una medicación
Lejos de las promesas de soluciones rápidas, las profesionales coinciden en que los problemas vinculados con el peso, la alimentación y la imagen corporal requieren abordajes integrales y sostenidos en el tiempo.
Para Schmidt, cualquier tratamiento orientado al descenso de peso debe contemplar distintas dimensiones de la salud. Además del seguimiento médico y nutricional, considera indispensable el acompañamiento psicológico para trabajar aspectos relacionados con la autoestima, la ansiedad, la relación con el cuerpo y los cambios que experimenta la propia imagen corporal durante el proceso.
"El tratamiento es integral. No alcanza con que el cuerpo cambie; también hay que acompañar todo lo que ocurre en términos psicológicos".
Rodríguez comparte esa mirada y destaca la importancia del trabajo interdisciplinario. Según explica, los mejores resultados se obtienen cuando médicos, nutricionistas, psicólogos, psiquiatras y otros profesionales trabajan de manera coordinada, compartiendo objetivos y criterios de intervención.
"El trabajo en conjunto y a tiempo puede salvarle la vida a una persona".
En ese marco, la nutrición cumple un rol que excede la elaboración de un plan alimentario: implica desmontar mitos, corregir creencias erróneas sobre la alimentación y ayudar a reconstruir un vínculo más saludable con la comida.
Uno de los errores más frecuentes consiste en reducir estas problemáticas únicamente a la comida o al peso corporal. "Muchas veces se cree que, si la persona vuelve a comer o deja de vomitar, el problema ya está resuelto y no es así", advierte Rodríguez.
Para Schmidt, los mejores resultados suelen aparecer cuando la persona comprende que atraviesa una situación que requiere atención sostenida, acompañamiento profesional y aprendizaje continuo.
En esa línea, ambas profesionales subrayan la importancia de recuperar hábitos básicos de cuidado, sostener espacios de diálogo, evitar el aislamiento y consultar a profesionales cuando la preocupación por el cuerpo, la comida o el peso comienza a generar sufrimiento.
Detrás de la alimentación no hay solamente calorías ni números en una balanza; hay emociones, vínculos, historias personales y maneras de habitar el propio cuerpo.
Lo que la balanza no muestra
La prevención comienza mucho antes de que aparezca un trastorno alimentario. Para Rodríguez, construir una relación saludable con el cuerpo implica incorporar hábitos sostenibles, mejorar el descanso, mantener actividad física, priorizar alimentos frescos y, sobre todo, aprender a diferenciar el autocuidado de la autoexigencia: mientras el primero contribuye al bienestar físico y emocional, la segunda suele generar sufrimiento, ansiedad y una sensación permanente de insuficiencia.
En el caso de niños y adolescentes, la nutricionista destaca la importancia del entorno familiar, educativo y social. "No somos solamente un peso, un cuerpo o una apariencia. Somos mucho más que eso". En lugar de centrar la atención en la imagen física, propone valorar fortalezas, capacidades, actitudes y logros personales.
Acompañar a una persona con una fuerte insatisfacción corporal requiere evitar juicios o comentarios constantes sobre su apariencia: escuchar, comprender sus temores y favorecer la consulta profesional suele ser mucho más útil que ofrecer soluciones rápidas o consejos simplificados.
La psicóloga subraya que la consulta profesional nunca debería ser vista como un último recurso. Por el contrario, considera que pedir ayuda a tiempo permite comprender mejor lo que está ocurriendo y prevenir situaciones de mayor complejidad.
En ese sentido, tanto Schmidt como Rodríguez remarcan que los trastornos de la conducta alimentaria suelen ser minimizados o malinterpretados. Que una persona vuelva a comer, deje de vomitar o reduzca los atracones no significa necesariamente que el problema haya desaparecido. Detrás de esas conductas suelen existir conflictos emocionales, psicológicos y vinculares que requieren atención especializada.
El fenómeno Ozempic, en definitiva, expone tensiones que exceden a un medicamento. Como concluye Rodríguez, las personas son mucho más que su apariencia física: también son sus vínculos, sus capacidades, sus proyectos, sus experiencias y la historia que construyen a lo largo de su vida.
Para comprender cómo comenzó este fenómeno, leé la primera parte: Ozempic y la cultura de los resultados inmediatos.
Participaron de este informe la Lic. en Nutrición María Florencia Rodríguez (MP CONUER N.º 227), integrante del equipo terapéutico de la Fundación Centro de Atención a la Anorexia, Bulimia y otras Patologías Sociales de Concepción del Uruguay, y la Lic. y Prof. en Psicología Patricia L. Schmidt, psicoanalista (M.P. 3043, U.N.L.P.).
Se agradece la colaboración de Lucas Giqueaux y Nadia Goycochea Iturralde por facilitar el contacto con ambas profesionales.