Milei define con Santilli el recambio en la Jefatura de Gabinete - Informe Digital
El Presidente lo recibe en Olivos tras la renuncia de Adorni y avanza el reordenamiento del gabinete.
Javier Milei y Diego Santilli se reunieron este sábado en la Quinta de Olivos y todo indica que el Presidente terminará de definir allí el recambio en la Jefatura de Gabinete, tras la renuncia de Manuel Adorni. La movida reordena el corazón político del Gobierno en un momento clave de la gestión.
El futuro ministro coordinador ingresó a la residencia presidencial manejando su auto a las 19:20 y no hizo declaraciones ante los periodistas que esperaban novedades.
La decisión de que Santilli suceda a Adorni fue tomada por Milei, que viene consolidando esa apuesta desde hace meses. En la Casa Rosada interpretan que el ministro del Interior ganó peso por su desempeño en la negociación política y por el vínculo que construyó con Karina Milei y Santiago Caputo.
Ese recorrido no fue improvisado. Santilli llegó a este lugar por acumulación: la remontada electoral en la provincia de Buenos Aires, su trabajo de articulación con gobernadores y su capacidad para mantener abiertos los canales con distintos sectores del poder sin romper puentes.
Durante más de 100 días de turbulencia política, sostuvo la agenda de negociación con las provincias, operó en el Congreso para contener el avance opositor y mantuvo activas las conversaciones con los bloques aliados. Lo hizo con el perfil bajo que marcó toda su gestión.
El vínculo con Karina Milei y la sintonía con Santiago Caputo
El lazo con Karina Milei se fue consolidando cuando Santilli empezó a acompañar sin fisuras las iniciativas del oficialismo en Diputados. Ese alineamiento temprano fue leído en Balcarce 50 como una señal de confianza.
Karina Milei lo registró y lo devolvió: diseñó las listas legislativas de octubre de 2025 e incluyó a Santilli en la alianza entre La Libertad Avanza y el PRO en la provincia de Buenos Aires. Después del escándalo de José Luis Espert, Santilli quedó al frente de la boleta oficialista y terminó consiguiendo una victoria inesperada, pese a que la Justicia Electoral no autorizó reimprimir las papeletas.
La relación con Santiago Caputo también fue decisiva. El asesor presidencial y el dirigente del PRO consolidaron una sintonía de trabajo durante la gestión en Interior, algo que en el entorno libertario leyó como una señal política de peso.
En la lógica de Milei, esa doble llegada no es un detalle menor: la Jefatura de Gabinete exige alguien capaz de moverse entre los distintos polos del poder sin quedar atrapado en ninguno.
La remontada electoral que funcionó como pasaporte
Para entender por qué Milei confía en Santilli hay que volver al 26 de octubre de 2025. Esa noche, la alianza La Libertad Avanza-PRO obtuvo el 41,5% de los votos contra casi el 41% de Fuerza Patria, la coalición que reunió al kirchnerismo, el kicillofismo y el Frente Renovador. La diferencia fue de menos de un punto.
En términos absolutos, el oficialismo sumó 881.417 votos entre las legislativas provinciales de septiembre y las nacionales de octubre, mientras Fuerza Patria perdió 261.592 adhesiones.
El dato más fuerte está en el punto de partida: el 7 de septiembre, Fuerza Patria le había sacado casi 14 puntos de ventaja al oficialismo en la provincia. En 49 días, esa brecha se cerró y se dio vuelta.
La campaña estuvo atravesada por la renuncia de José Luis Espert, salpicado por sus vínculos con el empresario Federico Fred Machado. La Cámara Nacional Electoral resolvió que Santilli, que era el tercer candidato, pasara a encabezar la lista. Lo que parecía una campaña cuesta arriba terminó en una de las remontadas más notables de la política bonaerense reciente.
Hicimos historia en la provincia, escribió Santilli esa noche. No era una exageración.
Cinco días después, Milei anunció en X: TENEMOS MINISTRO DEL INTERIOR: Bienvenido Colo Santilli. Diego será quien llevará adelante las conversaciones con gobernadores y legisladores para poder articular con el Congreso de la Nación cada uno de los consensos necesarios para las reformas que vienen de cara al futuro.
La designación fue paralela a la de Manuel Adorni como jefe de Gabinete, en el reordenamiento poselectoral que desplazó a Guillermo Francos de la Jefatura y a Lisandro Catalán del Interior. Santilli juró el 11 de noviembre en el Salón Blanco de la Casa Rosada y esa misma tarde arrancó con una ronda de reuniones con gobernadores.
Ocho meses en el Ministerio del Interior: el articulador
Desde su despacho en la planta baja de Balcarce 50, Santilli asumió la tarea para la que el Gobierno lo había convocado: reconstruir vínculos con los gobernadores, conseguir consensos para el Presupuesto 2026 y las reformas de segunda generación, y sostener el tejido político que el Ejecutivo necesita para operar en el Congreso.
Trabajó junto a Martín Menem y Patricia Bullrich en el triángulo operativo que lubricó la maquinaria parlamentaria del oficialismo en el segundo tramo de la gestión.
Los resultados fueron concretos. En las sesiones extraordinarias de diciembre de 2025 y en las ordinarias que siguieron, el Gobierno avanzó en una agenda legislativa de reformas estructurales que requería mayorías que no tenía por sí solo.
El propio Adorni, en su informe de gestión ante el Congreso en abril de 2026, lo reconoció sin rodeos: Mis felicitaciones al ministro del Interior, Diego Santilli, por lograr los acuerdos necesarios para hacer realidad algunos de los hitos más importantes de nuestra historia.
Cuando estalló el escándalo que terminó con la salida de Adorni, Santilli también absorbió parte de esa carga. Organizó junto a Bullrich, Lule Menem e Ignacio Devit el operativo parlamentario para contener la presión opositora, habló con diputados, senadores y gobernadores, y negoció anticipos financieros para las provincias.
Sostuvo así la arquitectura de alianzas que el Gobierno necesitaba para evitar que la crisis derivara en un problema de gobernabilidad. El corrimiento de funciones ya estaba consumado antes de que un decreto lo formalizara.
Un político de largo aliento
Diego Santilli nació el 6 de abril de 1967 en Palermo. Es hijo de Hugo Santilli, ex dirigente de River Plate y ex presidente del Banco de la Nación Argentina durante el gobierno de Carlos Menem, y de María Luisa Forchieri. Estudió en el Colegio San Agustín y se recibió de contador público en la UBA a los 23 años.
Completó su formación en el exterior: marketing en Berkeley, especialización en mercados de futuros en Washington y un posgrado en administración pública en la Escuela de Administración de París, becado por el gobierno francés.
Su ingreso a la gestión pública fue temprano y continuo. Entre 1993 y 1994 fue director de Planeamiento Estratégico en la Municipalidad de Buenos Aires. Luego pasó por la Dirección General de Administración del Ministerio del Interior y por la dirección de Recursos Humanos en Migraciones durante el menemismo. También fue vicepresidente del Instituto de Previsión Social bonaerense y director del Banco Ciudad.
Fue legislador porteño entre 2003 y 2009, ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad por designación de Mauricio Macri y senador nacional por la Ciudad de Buenos Aires desde 2013.
En 2015, Horacio Rodríguez Larreta lo eligió como compañero de fórmula. La dupla ganó la jefatura de Gobierno porteña en balotaje contra Martín Lousteau por 51,64% a 48,36%. En 2018 sumó la conducción del Ministerio de Justicia y Seguridad tras la renuncia de Martín Ocampo. En 2019 fue reelecto junto a Larreta en primera vuelta, con el 55,9% de los votos.
En julio de 2021 renunció a la vicejefatura para competir como candidato a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Resultó electo en noviembre de ese año y comenzó su mandato en diciembre. En 2023 buscó la gobernación bonaerense en las primarias de la coalición, pero perdió por escaso margen frente a Néstor Grindetti. Desde esa banca construyó el puente hacia el gobierno de Milei que ahora lo coloca en el centro de la escena.
Santilli está casado desde 2014 con Analía Maiorana y tiene tres hijos: Teo, Nicanor y Tonio. Es hincha de River. Una carrera de más de tres décadas en el Estado lo deja ahora frente a su desafío más exigente.