De hacedora de sueños en la TV a superar la depresión con la carpintería: la historia de la "Barbie constructora" que enseña a diseñar muebles con bajo presupuesto
Tras una separación y con sus raíces barilochenses como impulso, encontró en la madera un nuevo propósito: enseñar a cualquiera a fabricar muebles de diseño sin gastar de más.
Durante casi dos décadas, su trabajo consistió en encender la pantalla y hacer posible lo imposible para los demás. Detrás de cámaras, coordinando la adrenalina diaria de la televisión argentina, Bárbara Cudich sentía que su vida estaba en el lugar correcto. Sin embargo, el destino, las crisis del país y los quiebres personales la llevaron a buscar un refugio lejos de los sets de filmación.
Hoy, conocida en las redes sociales como la Barbie carpintera o constructora, Barbs transformó el dolor en diseño, el aserrín en terapia y descubrió un nuevo propósito: enseñarle a la gente común que construir un hogar lindo y canchero está al alcance de un taladro.
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Su veta creativa se moldeó primero en los grandes formatos de la televisión de los años 90 y 2000. Trabajé casi 20 años como productora de televisión. Empecé trabajando a los 17 años con Xuxa y después me convocaron para hacer Sorpresa y 1/2, que al día de hoy creo que fue uno de los programas más hermosos de la televisión. Y a mí me tocaba llevar a cabo creo que una de las cosas más lindas que una persona puede hacer, que es cumplirle el sueño a alguien. Era una hacedora de sueños, se presenta con calidez en diálogo con TN.
Pero los ciclos terminan. La realidad económica de la industria televisiva empezó a cambiar, los presupuestos bajaron y la mística de aquellos años dorados comenzó a desvanecerse. Barbs sintió que ya no encajaba. Cuando todo esto de la tele para mí empezó a no ser un lugar donde yo me sentía como pez en el agua, digamos, donde por ahí la calidad de los productos que se podían hacer en ese momento habían bajado, obviamente por la situación económica y el cambio económico que había sufrido el país, yo decidí salir de la producción. Pasé por otros estadíos, tuve una empresa, pero nada que ver con nada, ni con esto ni con la tele, reconoce entre risas.
Para reencontrarse, Barbie tuvo que volver a sus orígenes, a la infancia en el sur, donde el paisaje y los aromas familiares dejaron una huella imborrable. Mis raíces son barilochenses. Creo que la madera en algún punto fue siempre parte de lo que yo respiré. Desde muy chiquita vivíamos en una cabaña que era toda hecha de madera con mi familia, las paredes, los baños. Y calculo que esta cosa de la madera la tengo en mí hace muchos años. Su olor me gusta, asegura.
Ese lazo latente con la construcción se activó años más tarde, ya viviendo en Buenos Aires, durante las vacaciones familiares. Pasaba largas temporadas en Bariloche junto a sus hijos y su expareja, pero al no ser una persona a la que le gusten las actividades de montaña, la inquietud la empujó a la acción. Decidió que era momento de equipar su cabañita y ponerla linda. Se acercó al único comercio de herramientas que había en la zona en ese momento y compró lo básico: una caladora, un taladro a batería y una sierra circular.
Esas fueron las primeras tres herramientas buenas que me compré, porque también hace una diferencia tener buenas herramientas, y empecé a armar los muebles que no había en mi casa. El primero que hice fue un mueble para colgar ollas, porque era tan chiquita la cabañita que uno no tenía dónde poner las cosas. Entonces hice un mueble colgante con esos ganchos como los de la carnicería, y de ahí colgábamos las ollas. Y después pintaba todo con aerosol. El aerosol era mi aliado total porque era rápido y me daba todo rojo, rememora sobre sus comienzos.
Y así, destaca, comenzó a nacer una idea: La primera hamaca que hice terminó en una empresa dedicada a fabricar hamacas para poner adentro de tu casa. Pero en ese momento la había hecho para esa cabaña. Una hamaca con una tabla que por supuesto quedó pintada de rojo, con unas sogas colgadas de una viga que no iba a ningún lado. Pero esta sensación de sentarte y de mecerte estaba. Daba como tranquilidad. La gente elegía sentarse ahí.
El verdadero punto de inflexión llegó con la pandemia, ese momento bisagra global donde muchos se vieron obligados a reinventarse. Junto a su amiga y socia, Romi, decidió convertir esa vieja idea de las hamacas de interior en un emprendimiento formal: Casa Hammaks (@hammaks.argentina). Eran piezas de diseño con lino, madera y tiras de cuero. Subieron la primera foto a Instagram y el éxito fue inmediato: a los diez minutos ya tenían la primera venta y los clientes empezaron a pedirles adaptaciones para el exterior. El negocio crecía, pero Barbie notaba una barrera, los muebles de madera maciza o de alta complejidad con encastres terminaban teniendo un ticket alto, inalcanzable para la mayoría en medio de un contexto económico complejo.
Fue mientras remodelaba su propia casa que descubrió la llave para democratizar el diseño: las placas de MDF. Ella misma hizo los muebles de los baños, los escritorios de sus hijos y los frentes de la cocina. Cuando compartía sus logros, notó que para sus amigos el funcionamiento de los talleres de corte era un misterio absoluto, como si les hablara en otro idioma.
Cuando yo le decía a alguien que estos muebles los hice en placa, me miraban como diciendo ¿qué placa?. Yo no puedo creer que no se sepa lo que es una placa en chapa de madera, una placa de melamina. Y vos mirás la placa y decís esto es madera. Pero no lo es. Esto adentro tiene MDF y afuera tiene una lámina que parece madera pero la imita. Entonces me empecé a dar cuenta... yo le hablaba a mis amigos y les explicaba que podían ir a un lugar donde venden estos productos y pedir que te hagan un corte. A partir de ahí noté que había un mundo extremadamente desconocido para cualquier hombre, mujer, abuelo, abuela, lo que sea. La mayoría de la gente no sabe que existe este producto y que con él se hacen los muebles siendo que la mayoría de los muebles de tu casa hoy están hechos con placa, señala.
Aprender el oficio no fue un camino lineal. Sin dominar programas de diseño computarizado, Barbie hacía los cálculos de los milímetros y los grosores a mano, enfrentando la frustración de equivocarse una y otra vez. Sin embargo, en ese proceso manual y solitario, encontró mucho más que un pasatiempo: encontró su salvación. Detrás del aserrín y los planos, había un proceso de sanación profunda tras una dolorosa ruptura amorosa.
Para hacer ciertos muebles necesitás de un carpintero. Para hacer otros muebles, yo considero que si tenés ganas y no tenés presupuesto quizás para algunas cosas, en vez de tener el colchón en el piso o en vez de tener los zapatos a un costadito o no tener una mesita donde apoyar las cosas y tener una mesita de plástico... creo que hoy quizás con estas herramientas podés tener un lugar más lindo y aparte pasar por el proceso de hacerlo vos, que para mí, por ejemplo, te diría que es lo que me hizo en algún punto salir de un estado depresivo, reconoce.
Al mismo tiempo, la empresaria rescata: Yo después de haber pasado por mi separación entré en un estado depresivo, como muchos de nosotros probablemente, y de alguna manera me dio un propósito. De levantarte y decir hoy voy a hacer este mueble, y le voy a mostrar a alguien cómo hacerlo y le voy a dar la oportunidad y la posibilidad de demostrarle que lo arme y después diga: esto lo hice yo.
La madera se convirtió en su cable a tierra, el único espacio donde el ruido se apagaba por completo. Creo que lo que más me atrapó de empezar a trabajar con la madera es el estado en el que yo entraba cuando trabajaba con la madera. Soy una persona diagnosticada con déficit de atención, o sea, estoy haciendo algo y a los dos segundos me disperso, pero creo que es en el único momento que mi mente se pone en blanco, donde no estoy pensando en las compras del super o qué hace mi hijo o algo sobre la casa. Una amiga una vez me dijo: entro como en un estado de flow. La palabra es esa. Cuando estoy haciendo estas cosas entro en ese estado y me imagino que si hay otra persona que puede llegar a sentir esto que siento yo cuando hago estas cosas, ya valió la pena. Y por otro lado, el propósito de saber que estás haciendo algo que te hace bien a vos y que eventualmente le va a hacer bien a alguien.
Para trabajar, Barbie montó un container en su casa, lo aisló, le puso luces y armó sus estanterías para evitar que el aserrín invadiera el living cada vez que usaba las máquinas grandes para sus diseños de madera maciza. Sin embargo, para los tutoriales que comparte en sus redes, prefiere trabajar adentro de la casa. El mensaje es claro: no hace falta tener un taller profesional para cambiar tu entorno. Al comprar las placas cortadas a medida en los centros de distribución, el proceso se vuelve limpio y accesible, casi como un juego de encastres.
A través de su cuenta de Instagram, @barbsconstruye, comparte planos, despieces y videos explicativos sin cobrar un centavo. Su mayor recompensa no es comercial, sino la oleada de mensajes de personas que, inspiradas por ella, se animaron a agarrar una herramienta por primera vez.
Creo que hoy la mayoría de la gente no tiene las condiciones económicas para poder tener lo que todos quieren tener. Entonces la idea es que no sea solo para unos pocos tener una casa linda, sino que sea para todos. Me encanta cuando me dicen me animé por vos a hacer mi propio mueble. Por ahí es un estante que son tres pedacitos de placa, pero me dicen che, hice el estante de mi cocina con esto y quedó buenísimo, hace mucho que quería hacer esto y no me animaba, te veo a vos y si a vos te sale entonces por ahí a mí me puede salir. O que me manden un mensaje agradeciendo porque reciben el plano con el despiece sin tener que pagar. A mí me genera esa satisfacción", señala.
Asimismo, reconoce que aun hoy no deja de maravillarse con sus propias creaciones: Termino de hacer algo y digo qué lindo quedó, qué bien y lo hice yo. Llamo a mi mamá o les muestro a mis hijos. Inclusive hasta a mí me sorprende el haber hecho algo que pensé, diseñé y quedó buenísimo. Si la gente puede sentir eso, bueno, ya está. No pido mucho más.
Para aquellos que miran de reojo sus espacios y sueñan con un cambio pero no saben por dónde empezar, la hacedora de sueños reconvertida en constructora deja tres consejos bien prácticos: Lo primero que le recomendaría es que se compre un taladro a batería que permita agujerear y atornillar. Lo segundo es que se anime. Que busque a ver dónde cree que algo de lo que se pueda armar le va a solucionar un problema, le va a solucionar un espacio. Y como tercero que sume una punta Phillips, tornillos, adhesivo, escuadras. Cosas sencillas, nada del otro mundo. No necesitas la sierra, ni herramientas complejas.
La historia de Barbs demuestra que la resiliencia puede tener forma de mueble. Que la transformación personal a veces necesita de medidas exactas, lija y paciencia, y que la satisfacción de mirar un rincón de la casa y decir esto lo hice yo es una caricia directa al alma en los momentos donde más se necesita volver a empezar.
Créditos
Fotos y video: Agustina Ribó
Edición: Belén Duré