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Provinciales
TN 28/06/2026 05:50 4 min de lectura

Vivía del arte, su pareja se quedó sin trabajo y se le ocurrió una idea: Mi hermano me dijo que hiciera para vender

Ashi es una artista plástica autodidacta de Tucumán. Cuando las ventas de su emprendimiento cayeron y se quedaron sin ingresos, siguió el consejo de su hermano y empezó a vender sus pizzas. Hoy tiene más de 10 mil seguidores de todo el país.

Vivía del arte, su pareja se quedó sin trabajo y se le ocurrió una idea: Mi hermano me dijo que hiciera para vender
Foto: TN

Ashi Reyes lleva once años haciendo esculturas de mascotas personalizadas en lana. El emprendimiento iba bien, pero una crisis económica la obligó a seguir un plan que había postergado durante mucho tiempo: vender pizzas con forma de gato. Cinco meses después de emprender esta aventura, un video viral y la calidad de sus productos impulsaron su nuevo negocio llamado Gato gordo.

La artista tucumana tiene un don para la cocina, y aunque en un principio se decantó por las manualidades para generar un ingreso mientras estudiaba Psicología. Con el tiempo, sus finanzas le permitieron dejar la carrera y enfocarse de lleno en su negocio.

Sin embargo, las ventas bajaron y en octubre del año pasado, su pareja, Gabriel Rebollo, quedó desempleado cuando cerraron el local donde trabajaba. De un día para otro ambos se quedaron sin ingresos.

El origen del michimenú

Mientras Ashi buscaba una alternativa para sobrevivir, su hermano le dio un consejo que cambiaría su situación. Él siempre fue fanático de mis pizzas y me dijo que hiciera una buena cantidad para vender, recuerda la joven en diálogo con TN.

La propuesta tomó forma lentamente y, en enero de este año, Ashi y su novio decidieron impulsar la marca. De a poco, la pareja comenzó a recibir varios pedidos de pizzas tradicionales.

Sin embargo, la empresa no terminaba de despegar y tuvieron la impresión de que se enfrentaban a un mercado difícil. Estaban preocupados por la posible quiebra, hasta que Ashi tuvo una idea inspirada en su amor por los felinos. Años atrás, había preparado pizzas con orejas de gato y tenía la certeza de que era una propuesta diferente.

En marzo, una amiga cumplía años y Ashi le preparó una michipizza una pizza con forma de cara de gato. Sin otra intención más que compartir su arte, subió un video a la cuenta de Instagram mostrando cómo la armaba.

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Para mí era re novedoso, asegura Ashi, pero no esperaba lo que pasó después. El video se viralizó antes de que pudiera subir el segundo con el pedido terminado. En una semana, pasó de tener 50 seguidores a contabilizar 5000. Al mes, ya superaba los 10.000.

La primera semana, después de que el emprendimiento se volviera viral, vendieron 11 michipizzas grandes. Hoy reciben varios pedidos por semana, con picos de demanda cuando preparan encargos para cumpleaños y celebraciones. Ese crecimiento los impulsó a ampliar el michimenú, que ya suma michipanchos, michipanes de hamburguesa y michichips.

Detrás de cada creación está Yuri, el gato que inspiró el nacimiento de Gato Gordo y a quien sus dueños llaman cariñosamente el jefe, ya que es el gran protagonista y la verdadera cara del negocio.

Pero el catálogo no se detendrá ahí. Según adelanta la emprendedora, muy pronto Gato Gordo incorporará nuevas propuestas como michirravioles, michifrolas, michialfajores, michigalletas y michipepas, con la intención de seguir sorprendiendo a los amantes de los gatos y de los productos pensados especialmente para ellos.

Un momento de la infancia que marcó su futuro

Gato gordo no es solo la reinvención de Ashi como empresaria. Detrás del negocio, hay una historia personal que marcó su futuro. Actualmente, ella vive en la casa donde creció, en un barrio a 15 minutos del centro de Tucumán capital. Desde los ocho años recuerda que cocinaba y la primera comida que preparó sola fue una pizza. Su abuelo siempre la veía cocinar y la alentaba.

Ahora estoy viviendo en la casa de mi infancia y me acuerdo de mi abuelo parado en la ventana, felicitándome por mi primera pizza, dice la joven. Hoy, desde esa misma cocina, intenta sostener el único ingreso que tiene.

Por el momento, solo puede vender en su provincia, ya que no cuenta con el presupuesto para transportar y conservar fresca la comida por varios días. A pesar de esto, no deja de recibir consultas sobre envíos para el resto del país.

Del exterior también le llegan mensajes, de España, México, Estados Unidos e Italia. Hay potencial, celebra Ashi, que ya está tramitando el registro de la marca. La meta inicial es poder sobrevivir económicamente y seguir creciendo, con la ilusión de tener algún día un local propio donde las michipizzas y los michipanchos se vendan al público.

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