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TN 28/06/2026 05:40 5 min de lectura

Ancestros, mandatos y traumas: cuánto influye la historia familiar en nuestras decisiones

Además de rasgos físicos, heredamos relatos, creencias, modos de amar y de enfrentar los conflictos. Qué dicen las constelaciones familiares y el psicoanálisis sobre el peso del pasado en el presente.

Ancestros, mandatos y traumas: cuánto influye la historia familiar en nuestras decisiones
Foto: TN

La tercera temporada de Mi otra yo, la serie turca de Netflix que volvió a poner en agenda la influencia de la historia familiar en el presente, reavivó un debate que trasciende la ficción. ¿Cuánto pesan realmente nuestros ancestros en las decisiones que tomamos, los vínculos que construimos o incluso en la forma en la que atravesamos el dolor?

Las preguntas aparecen de manera inevitable. ¿El parecido con quienes nos precedieron va más allá de lo físico y también se expresa en nuestra manera de actuar o de relacionarnos? ¿Es por eso que repetimos casi como en un loop malas elecciones, parejas o amistades tóxicas? ¿Pueden incluso algunas enfermedades o malestares estar vinculados con aquello que nadie en nuestra familia pudo nombrar?

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La respuesta a algunas de estas preguntas permite comprender el desarrollo del método conocido como constelaciones familiares, creado por el filósofo y terapeuta alemán Bert Hellinger. Pero el foco de esta nota no estará puesto en explicar la técnica, sino en analizar qué dicen sus especialistas y qué plantea la psicología sobre la influencia que ese entramado de vínculos, mandatos e historias familiares puede tener en nuestra vida.

El poder de nuestros ancestros

Todos tenemos ancestros, y cuando la conexión con ellos se activa, repentinamente nos habla y nos hace participar de esas memorias. Nada sería como es si ellos no hubieran estado ahí antes, con lo fácil y lo difícil, contribuyendo a conformar ese campo ancestral que se desarrolló a lo largo de muchos años, explica Jazmín Gulí, licenciada en Psicología (MN 13.175) y especialista en constelaciones familiares.

El campo de los ancestros tiene una fuerza particularmente destacable. Los padres les dan a sus hijos el cuerpo físico; los ancestros, su alma, explica. Y agrega: Es fruto de un tejido de relaciones que se van sucediendo a través de las generaciones, conformando una trama, una red relacional, que tiene la fuerza única de marcar el rumbo posible en las relaciones posteriores y los diferentes grupos de los que vamos formando parte a lo largo de la vida.

En ese proceso, sostiene, aquello que no logró ser integrado suele reaparecer. Lo que queda marcado a fuego generalmente es aquello que fue difícil integrar o digerir y que va a insistir buscando integrarse. También habla de los llamados traumas felices, como un nacimiento o la llegada de un nieto, que dejarían huellas en la memoria familiar.

Cada uno puede sentirse más o menos cercano a un grupo de ancestros por vía de los padecimientos, los síntomas o los fracasos, y también de los dones y las virtudes. Tal vez un buen día nos enteramos de algún detalle por medio de frases al pasar, o quizás nunca suceda, pero cuando nos zambullimos en la corriente de nuestro origen, la información aparece de los modos más insólitos, sostiene. Eso explicaría nuestro presente y permitiría, también, anticipar nuestro futuro. Básicamente, nos dice lo que ocurre en nuestro interior, a su modo, y en un lenguaje propio, agrega.

Aunque estas ideas suelen asociarse a las constelaciones familiares, la influencia de la historia familiar también es abordada por distintas corrientes de la psicología, aunque con diferencias importantes. Todos nacemos dentro de una cultura que empezó mucho antes que nosotros. Así como heredamos rasgos genéticos, también heredamos relatos, costumbres, creencias y modelos de vínculos. La historia familiar influye en quiénes somos. Los valores, los mandatos, las formas de vincularnos, los miedos y hasta los silencios familiares dejan huellas en la estructura del psiquismo, explica Silvina Zecler (MN 46.424), psicóloga y especialista en psicoanálisis.

No obstante, aclara que, desde su perspectiva, nuestros antepasados influyen, pero no determinan la historia de los seres humanos. De ser así, cada individuo estaría condenado, por decirlo de alguna manera, sin posibilidades de crear su propio camino y no existiría la psicología clínica.

Cómo reconocer y amigarnos con nuestra propia historia

Allí donde hubo un nudo sin desatar, dejó de circular la energía del amor o, al menos, su torrente está muy disminuido. Aparecen los síntomas que vienen a poner en evidencia la impronta de nuestros ancestros y que casi siempre nos hablan del amor, en sus diferentes versiones: interrumpido, estancado, ciego, por mencionar algunas, indica Gulí.

Cuando rechazamos experiencias o personas del árbol genealógico, u otros antes lo hicieron, lo rechazado persiste e insiste generación tras generación hasta que alguien lo acepte. La aceptación y, más profundamente, el asentir, disuelven la repetición, afirma.

A mayor inconsciencia, mayor repetición, mayor fijeza predictiva. El destino no se fuerza, no debe haber intención de torcerlo, sino más bien de abrazarlo teniendo en cuenta a todos los que formaron parte de los eventos trágicos, indica.

Desde la mirada psicoanalítica, y según señala Zecler, comprender esa herencia puede ayudarnos a entender mejor algunos aspectos de nuestra vida. Pero conocer de dónde venimos no significa para nada quedar atrapados en el pasado, porque nuestros antepasados no son responsables de decidir nuestro destino, siempre y cuando nosotros nos hagamos responsables de crear uno propio.

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En definitiva, ambas miradas coinciden en que la historia familiar deja marcas. La diferencia está en el alcance que le atribuyen a esa influencia: mientras las constelaciones familiares consideran que puede condicionar profundamente el presente, la psicología clínica sostiene que comprender ese legado puede ser útil, pero sin perder de vista la capacidad de cada persona para construir su propio camino.

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