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Provinciales
El dia La Plata 28/06/2026 01:24 3 min de lectura

La historia del abrazo: la noche en que el doctor Illia salvó a la hermana de Jairo | El Dia

El cantautor recordó una escena que vivió de niño en Cruz del Eje y que resume como pocas la forma en que Arturo Illia entendía la medicina

La historia del abrazo: la noche en que el doctor Illia salvó a la hermana de Jairo | El Dia
Foto: El dia La Plata

Mucho antes de ocupar la Casa Rosada, Arturo Illia ya era una figura respetada en Cruz del Eje. No por sus discursos ni por su actividad política, sino por la manera en que ejercía la medicina. Quienes lo conocieron lo recuerdan recorriendo los caminos del norte cordobés a cualquier hora, muchas veces a caballo, otras en bicicleta o en sulky, para atender a un vecino que necesitaba ayuda.

Entre esas historias hay una que el cantautor Jairo González suele recordar cada vez que habla de su infancia en la localidad cordobesa. Es una escena que, según él mismo contó, nunca pudo borrar de su memoria y que resume mejor que cualquier biografía quién era aquel médico de pueblo.

Era de madrugada cuando su hermana menor comenzó a temblar sin parar. Poco a poco, el cuerpo de la niña empezó a tomar un color violáceo. Sus padres, desesperados, temían que muriera. Sin saber qué hacer, fueron hasta la casa del médico del pueblo y golpearon la puerta.

Arturo Illia no dudó un instante. Se puso un gastado sobretodo sobre el pijama, tomó su bicicleta y pedaleó hasta la vivienda de la familia González.

Apenas observó a la pequeña, hizo el diagnóstico.

- Hipotermia.

Yo no sé si mi padre entendió qué quería decir esa palabra tan rara, recordó años después Jairo.

Lo que siguió sorprendió a todos. Lejos de buscar un medicamento o una solución compleja, Illia le pidió al padre de la niña que se quitara la camisa y el abrigo. Luego le indicó que abrazara con fuerza a su hija, piel con piel. Después pidió que los cubrieran con un par de mantas.

La madre, angustiada, no pudo evitar la pregunta.

¿No le va a dar un remedio, doctor?

La respuesta quedó grabada para siempre en la memoria de la familia.

- Para esos temblores no hay mejor medicamento que el calor del cuerpo del padre.

La indicación resultó tan sencilla como efectiva. Con el correr de los minutos la niña comenzó a recuperar el color. Hacia las cinco de la mañana ya estaba completamente restablecida.

Entonces, sin esperar agradecimientos ni cobrar un peso, Illia volvió a ponerse el sobretodo, subió otra vez a su bicicleta y desapareció en la oscuridad para regresar a su casa.

Apenas Illia observó a la pequeña, hizo el diagnóstico: hipotermia

La anécdota, rescatada por Jairo décadas más tarde, ayuda a comprender por qué en Cruz del Eje muchos dejaron de llamarlo simplemente doctor. Para generaciones enteras fue el médico que siempre estaba dispuesto a salir en medio de la noche para asistir a quien lo necesitara, sin preguntar por la condición social del paciente ni por la posibilidad de recibir un pago.

Años después, ese mismo hombre llegaría a la Presidencia de la Nación. Pero para los vecinos del pueblo seguiría siendo, antes que un político, el médico que entendía que servir a los demás era la esencia de su profesión. Y quizás también de la política.

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