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Tiempo Argentino 27/06/2026 21:48 4 min de lectura

Venezuela y el agobio de una tragedia tras otra

Tres días después de los devastadores terremotos, hay más de 1500 muertos. Sigue llegando la ayuda humanitaria. La zona costera, la más perjudicada. Se dificulta la asistencia. Los casos de una familia argentina y el futbolista Trejo.

Venezuela y el agobio de una tragedia tras otra
Foto: Tiempo Argentino

La sensación de agobio se trasmite en cada llamado, en cada contacto, en cada mensaje. Agobio, dolor, angustia. Desde el último miércoles a las 18:04 (hora local) cuando en Venezuela la vida se sacudió con la horrenda potencia de magnitud 7,2, en la intrigante escala de Ritcher. Muchas edificaciones no habían acabado de desplomarse cuando otra vez el suelo se sacudió, esta vez, con dimensión 7,5. Ambos con epicentro en Morón, 16 kilómetros uno del otro, 168 al este de Caracas, a un poco menos de La Guaira, zona costera sobre el mar Caribe, con numerosas localidades como Catia La Mar, Caraballeda y Los Corales, cuya hermosura se desvaneció de un plomazo. Hoy es un sinfín de piedras, desolación y muerte.

Fue este miércoles, 172 días después de la madrugada del 3 de enero, cuando bombarderos y drones enviados por EE UU despertaron a la población con sus ruidos atroces, atacaron Caracas y secuestraron a Nicolás Maduro, como corolario de años de bloqueos y amenazas.

La naturaleza no se compadeció con país bolivariano. Nunca antes Venezuela había soportado semejante terremoto. Ni qué hablar de dos consecutivos que, al decir de Carlos Valdez, geólogo de la UNAM, al replicarse su energía liberada se multiplica, se siente entre 6/ 8 veces más, lo que genera un vacío sísmico. Más terrenal es otra definición del científico: Es el impuesto que nos pone la tierra por vivir en este planeta y maltratarlo tanto.

Los más memoriosos recuerdan los terremotos de Cariaco de 1997 (magnitud 6,9) con 73 fallecidos y 3000 damnificados. El de Caracas de 1967 (6,6) que obligó a actualizar los códigos y reglas de edificación en el país. El de El Tocuyo, Lara, en 1950 (6,9), que dejó destruida la ciudad y un centenar de muertos. O el de Cumaná, Sucre, en 1929 (6,8), que generó un tsunami y 800 víctimas mortales. La lista es prolongada. Como recurrente, la frase: Nunca había visto nada igual, cuando se refieren al actual.

Desde el miércoles las cifras de muertos y heridos crece multiplicando el horror. Al cierre de esta edición se superaban los 1545 muertos y más de 4 mil heridos. Hay 3142 familias en refugios temporales y más de 12 mil asistencias médicas en las zonas impactadas. En pocas horas será noticia antigua. Lo realmente trascendente es la magnitud de esos valores, los sufrimientos humanos que hielan el alma. De hecho, la cantidad de desaparecidos es muy ambigua, aunque algunas de las presunciones apuntan a la cifra de 50 mil. Realmente atroz.

Quedan para siempre las historias más diversas, las ausencias y también, entre tanto dolor, el lado generoso: los recurrentes milagros de los rescatistas (por caso como el de un bebé de 18 días atrapado en los escombros), sus abnegadas intervenciones de brigadistas profesionales y de los vecinos, jóvenes militantes, o simplemente mujeres y hombres consternados ante el dolor ajeno, entre tanto gesto, entre tanta desgracia. Los locales partidarios del chavismo y de otros partidos se convirtieron en solidarias tiendas de campaña. En las últimas horas llegó un total de 1600 rescatistas, un centenar de bomberos y hasta canes adiestrados provenientes de Ecuador. La búsqueda de sobrevivientes como siempre es contrarreloj.

El jueves Diosdado Cabello había anunciado la militarización del Estado de La Guaira pero recién en las últimas horas se restringió el acceso a esas zonas, colapsadas las rutas. Cerca de la zona más castigada, en Maiquetía, funciona el aeropuerto internacional Simón Bolivar, que tras un primer momento de paralización, ahora tiene febril funcionamiento, luego de que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, declarara el estado de emergencia. Los dioses quisieron que todas sus pistas quedaran intactas. Y así como desde todo el planeta se prometió ayuda humanitaria, más que de otro lado llegó de República Dominicana y El Salvador. Siquiera desde el norte se distanciaron de una asistencia de compromiso, pese a la arenga de Trump: ¡EE UU está listo, dispuesto y capaz de ayudar!». Incluso en un avión de Aerolíneas Argentinas llegaron brigadistas y 25 toneladas de mercancía, que de inmediato fue llevado a Carabellada. Delcy Rodríguez le agradeció el gesto a Milei.

La situación de los argentinos residentes en Venezuela es diversa. Una familia oriunda de San Miguel (una pareja y sus hijos de siete y dos años) quedó sin hogar, sin documentos y con el desesperado objetivo de regresar a la Argentina, lo que se ve dificultado, ya que actualmente, la Embajada Argentina se encuentra cerrada y sin personal diplomático.

Por su parte, el futbolista Lucas Trejo, sigue buscando a su esposa Yanina y sus hijos, Aarón y Ainhoa, quienes habrían quedado atrapados entre los escombros del desplomado complejo Cumanagoto, en Playa Grande, La Guaira. El delantero del Club Sport Marítimo estaba en Caracas con su equipo. En las próximas horas viajarán sus familiares para asistirlo en la búsqueda. «

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