El agro sigue al frente y cuestionan apurar su reemplazo - Informe Digital
El campo aporta el doble de divisas que energía y minería, pero sigue castigado por retenciones.
La ansiedad por dar por cerrado un ciclo antes de tiempo puede llevar a diagnósticos errados. Eso es lo que advierte un análisis que discute la idea de que el agro ya dejó de ser el principal generador de divisas de la Argentina y fue reemplazado por la energía y la minería.
Según publicó La Nación, un informe de la Fundación Mediterránea elaborado por los economistas Juan Manuel Garzón y Franco Artusso sostiene que en los doce meses cerrados en abril de 2026 el agro y la industria alimentaria aportaron cerca de US$ 36.900 millones netos al mercado de cambios. En el mismo período, minas y canteras incluidos petróleo, gas y minería metalífera sumaron unos US$ 18.300 millones.
La conclusión de los autores es directa: el agro todavía mantiene una ventaja de dos a uno. Es cierto que las exportaciones de petróleo y gas crecieron con fuerza en los últimos años y pasaron de US$ 6300 millones a US$ 18.300 millones, pero aun así la brecha con el campo sigue siendo amplia.
La discusión de fondo no es una competencia sectorial, sino las reglas con las que juega cada actividad. El informe remarca que energía y minería cuentan con regímenes especiales para atraer inversiones y acelerar proyectos, mientras buena parte de las exportaciones agropecuarias sigue alcanzada por derechos de exportación.
Para los economistas, ese sesgo reduce los precios que reciben los productores, desalienta inversiones y limita la respuesta de la producción y de las exportaciones. Por eso, advierten, la evolución del agro no puede leerse aislada del tratamiento tributario que enfrenta.
Visto solo desde la macroeconomía, el agro podría aparecer como el gran ganador del nuevo esquema. Pero el informe insiste en que ese atajo puede llevar a errores: el sector está compuesto por miles de empresas con realidades muy distintas según escala, producción y ubicación.
En ese plano, la microeconomía vuelve a pesar más. Lo que antes podía disimularse con inflación alta, brecha cambiaria o tasas reales negativas hoy queda más expuesto. La agricultura depende otra vez de los rindes, la eficiencia comercial y el control de costos; los tambos, de productividad, escala y gestión; y la ganadería, de kilos por hectárea, eficiencia reproductiva y uso del capital.
El escenario también suma riesgos clásicos: precios internacionales y clima. Y mientras persistan distorsiones como la presión de los derechos de exportación, advierten, no habrá una lectura real de los volúmenes de producción ni del aporte económico de cada sector.
A eso se agrega la política. En las últimas semanas, un proyecto de ley de la senadora chubutense Edith Terenzi (Despierta Chubut) que propone endurecer las penas por daños al ambiente bajo la figura de ecocidio generó rechazo en la agroindustria. Las entidades advirtieron que podía desalentar inversiones y trabar actividades productivas. El texto había sido avalado por legisladores de La Libertad Avanza y del PRO, aunque luego retiraron sus firmas tras la polémica. La Sociedad Rural Argentina recordó además que no fueron convocadas a opinar sobre la iniciativa.