Por qué aves de toda Europa terminan en los mismos puntos de África cada invierno
Un estudio publicado en Science siguió a ejemplares reproductores de ocho países durante un recorrido de hasta casi 13.000 kilómetros, con un vuelo sin escalas de unas 40 horas
Las poblaciones de papamoscas cerrojillo que crían en distintos puntos de Europa vuelven a coincidir cada año en zonas concretas de África, y un estudio publicado en Science concluyó que ese destino invernal depende a la vez de la herencia genética y del ambiente en el que crecieron, una pista central para entender cómo estas aves podrían responder al cambio climático.
El trabajo siguió aves reproductoras de ocho países a lo largo de una migración que varía entre 3.000 kilómetros y casi 13.000 kilómetros. Todas las poblaciones observadas pasaron primero por España y Portugal en otoño, hicieron allí una escala y luego afrontaron un vuelo sin escalas de unas 40 horas sobre el Atlántico hacia el extremo occidental de África.
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Después de ese cruce, la ruta giró hacia el este y las distancias comenzaron a separarse. Las aves españolas pasaron el invierno en la parte más occidental de las áreas de invernada, mientras que las procedentes de Siberia siguieron hasta Nigeria.
La ruta compartida contrasta con destinos de invernada distintos
El papamoscas cerrojillo es un ave canora de apenas 12 gramos que viaja sola y de noche, una combinación que volvía especialmente difícil explicar por qué individuos nacidos en una misma región reproductora terminan agrupados otra vez en sectores precisos de África.
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El nuevo estudio abordó esa pregunta con seguimiento de campo en todo el rango reproductivo de la especie, desde España hasta Siberia.
El proyecto fue coordinado por Koosje Lamers y Janne Ouwehand, de la Universidad de Groningen, bajo la supervisión de Christiaan Both. Para reconstruir la migración, el equipo utilizó registradores de datos colocados en aves de ocho localidades distintas.
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Lamers destacó al medio que resulta llamativo que las aves siberianas elijan un rodeo tan largo: Una ruta menos occidental, por ejemplo cruzando el mar Mediterráneo cerca de Italia y luego el Sahara, les ahorraría unos 4.500 kilómetros.
Esa alternativa no es hipotética. El papamoscas collarino, una especie estrechamente emparentada, utiliza precisamente ese trayecto más corto para llegar desde Europa central a sus zonas africanas de invernada.
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A partir de esa comparación, Lamers planteó una explicación evolutiva: Es plausible que este desvío extraño sea un remanente evolutivo del pasado, cuando durante las eras glaciales los papamoscas cerrojillos solo aparecían en la parte occidental de África y Europa.
El experimento con huevos neerlandeses criados en Suecia
Para averiguar cómo las aves determinan su destino invernal, los investigadores trasladaron ejemplares de los Países Bajos al sur de Suecia. Retiraron huevos neerlandeses para que fueran incubados y criados por padres adoptivos suecos, y además movieron hembras neerlandesas a Suecia, lo que produjo crías con mezcla de origen neerlandés y sueco.
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El contraste entre poblaciones ofreció una medida concreta. Los papamoscas neerlandeses no trasladados terminaron en África occidental unos 500 kilómetros más al este que los suecos, mientras que los neerlandeses criados en Suecia llegaron a una posición intermedia entre ambos patrones normales.
Las crías de origen mixto quedaron algo más cerca de las localizaciones africanas típicas de la población sueca. Esa distribución indica que la zona de invernada no queda fijada solo por los genes ni solo por el entorno de crianza, sino por la combinación de ambos factores.
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El estudio también sugiere que lo heredado no sería tanto la dirección del viaje como su longitud. Lamers lo resumió así: Probablemente no sea el caso que la dirección de la migración sea heredada y difiera según cada lugar. En cambio, probablemente lo que está fijado es la longitud de la ruta.
Ese resultado descarta además que el comportamiento migratorio se aprenda de los padres, porque los juveniles emprenden el viaje más tarde en el año.
Para los autores, ese punto importa al evaluar la capacidad de adaptación de las aves migratorias frente al calentamiento global, ya que el calendario de migración está fuertemente influido por el cambio climático y la posibilidad de adelantar la partida depende de dónde pasan el invierno en África.
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Además, nuestra investigación muestra que pueden surgir nuevas combinaciones de áreas de reproducción y localizaciones de invernada, como vimos con los huevos neerlandeses que eclosionaron en Suecia, concluyó Lamers.
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