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Nova Entre Rios 27/06/2026 09:46 6 min de lectura

Alianza estratégica contra el terrorismo: la Argentina y EE.UU. ponen en marcha el CNA

Fue creado en coordinación entre el gobierno nacional, la SIDE y la embajada de los Estados Unidos, con la guía y doctrina del FBI. El FBI trajo el corazón de la operación: el oficio de investigar. Cómo se arma un caso. Cómo se lee un patrón. Cómo se

Fue creado en coordinación entre el gobierno nacional, la SIDE y la embajada de los Estados Unidos, con la guía y doctrina del FBI.

El FBI trajo el corazón de la operación: el oficio de investigar. Cómo se arma un caso. Cómo se lee un patrón. Cómo se conecta un dato huérfano con otro que parecía no tener nada que ver. Cómo se separa una amenaza real de los mil ruidos que la tapan. Método, disciplina, ciencia. En un terreno donde la improvisación se cuenta en muertos, eso es la materia prima. Y se puso sobre la mesa para que las fuerzas argentinas aprendieran a hacer algo que nunca hicieron bien: hablarse.

Porque el precedente existe y conviene decirlo sin eufemismos. El 11 de septiembre no fue una falla de información. Estados Unidos tenía los datos. Lo que no tenía era agencias dispuestas a compartirlos. De esa herida nacieron los centros de fusión: una red para integrar y cruzar información entre jurisdicciones y niveles de gobierno. Con una regla de oro: todo indicio que sirve se deriva en el acto a quien debe investigarlo. El Centro Nacional Antiterrorismo (CNA) es eso, traducido al castellano. No inventa nada. Copia bien, que a veces es más difícil.

En la arquitectura de este proyecto clave destacan dos nombres propios para fijar en la memoria institucional: Peter Lamelas, embajador de los Estados Unidos en Buenos Aires, confirmado por el Senado norteamericano en septiembre; y Ricardo Hernández, representante del FBI en la Argentina y agregado jurídico de la delegación diplomática.

“Ninguna amenaza sin detectar”, el lema del organismo.

Por primera vez en la historia del país, se sientan en la misma sala de operaciones las fuerzas federales, la Unidad de Información Financiera (UIF), la Dirección Nacional de Migraciones, el Ministerio de Defensa y la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). Hasta ayer, cada una vigilaba por su cuenta, en su propio idioma, y lo que sabía una casi nunca llegaba a tiempo a la otra. El CNA existe formalmente para cerrar esa grieta. Una grieta que, en materia de seguridad nacional, se mide trágicamente en vidas humanas.

Y hay una decisión política y estratégica que lo define de raíz: lo que se produce en su seno no se guarda en un cajón. Se reparte. Se distribuye hacia la Nación y hacia las provincias, porque una alerta temprana que llega tarde no es una alerta, es una autopsia. El centro no duerme. Cuenta con un Watch Center encendido de forma ininterrumpida las 24 horas y tres secciones operativas que resumen la esencia de su oficio: detectar el peligro, analizarlo y difundirlo.

Cronología del proyecto: Nada de esto se improvisó. Fue creado bajo el amparo del Decreto 717/2025 en octubre pasado. La SIDE puso la sede física. Entre marzo y mayo de este año se sumó y capacitó el personal de cada organismo, y finalmente en este mes de junio de 2026 ha abierto sus puertas a plena capacidad operativa.

El Centro Nacional Antiterrorismo por dentro.

Es importante aclarar que el CNA no reemplaza las funciones de nadie. No realiza allanamientos, no procesa judicialmente, no firma dictámenes de detención. Hace lo de antes, lo invisible, lo que precede al despliegue de las fuerzas: ve el patrón, une los puntos dispersos, ordena el nivel de riesgo y emite el aviso correspondiente. Su trabajo es estrictamente prevenir, aquello que estructuralmente nunca sale en la foto del operativo exitoso.

El pasado 12 de junio pasaron por el primer taller de prevención de amenazas en escuelas un total de 23 profesionales pertenecientes a estas fuerzas combinadas. La calificación del encuentro fue unánime: cinco sobre cinco por parte de los 23 asistentes. Asimismo, el 74% se ofreció voluntariamente para continuar desempeñándose como referentes del programa.

La idea más potente del taller no la trajo un experto extranjero, sino los propios oficiales locales: pidieron conformar una red federal permanente de enlaces, con mandato formal de sus respectivas instituciones. Otra vez la misma palabra surge como una obsesión compartida: coordinación. No exigieron mayor tecnología ni ampliaciones presupuestarias inmediatas; pidieron, lisa y llanamente, poder hablarse entre sí.

No se trata de una intuición de principiantes, sino de lo que la doctrina internacional sostiene firmemente hace décadas. El Centro Nacional de Evaluación de Amenazas del Servicio Secreto estadounidense, que funciona desde 1998, estudia la violencia dirigida y entrena a otros para detectar las señales críticas antes de que alguien apriete un gatillo. Su hallazgo estadístico es demoledor: en el 76% de los ataques masivos, el agresor había mostrado previamente conductas que inquietaron de manera directa a quienes lo rodeaban. El FBI lo expresa sin anestesia: casi siempre, alguien vio venir la tragedia. El problema nunca fue la escasez de señales, sino el no contar con un organismo unificado que las junte.

El peso de la historia y los estándares internacionales.

Eso es exactamente lo que la Argentina incorpora a partir de hoy. Deja atrás la vieja discusión sobre si conviene o no adelantarse a los hechos y empieza a ejecutar la prevención con las herramientas metodológicas de las agencias más serias del planeta: análisis conductual, conformación de equipos multidisciplinarios, sistemas de alerta temprana y una certeza tan simple como rigurosa: un dato guardado celosamente en un despacho no sirve para nada. El país, por fin, juega en la liga de los estándares internacionales de seguridad.

La sociedad argentina sabe perfectamente lo que cuesta llegar tarde y con el sistema de seguridad partido en pedazos. Las profundas heridas de los atentados terroristas a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994 siguen abiertas y sin cerrar. Por eso el nacimiento del CNA no constituye un organigrama burocrático más. Representa el primer intento serio e integral de dejar atrás el “sálvese quien pueda” institucional para montar un sistema que se adelante al horror. Y aspira a ser, además, lo que ningún país vecino ha logrado constituir todavía: una referencia regional indiscutida.

Viktor Frankl, el célebre neurólogo, psiquiatra y superviviente de los campos de exterminio nazis quien de ese mismo infierno extrajo una profunda filosofía sobre el sentido de la existencia, escribió que entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, y que en ese espacio reside nuestra libertad. Prevenir, en última instancia, es exactamente eso: ensanchar ese espacio vital. Robarle a la fatalidad y al terror los valiosos minutos que separan de forma irreversible un aviso temprano de una masacre.

Redacción: Nova Comunicaciones.

Nova Entre Rios Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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