Mario Socolinsky, el médico que tuvo su fulgor y ostracismo gracias a la TV
Hace 19 años, el 26 de junio de 2007 fallecía, en San Salvador de Jujuy, el médico Mario Socolinsky. Terminaba tristemente su vida, alejado de los reflectore
Mario Socolinsky fue durante casi tres décadas, la persona más confiable para que un papá o una mamá sepa cómo resolver alguna situación de salud de su hijo. Su rostro era sinónimo de seguridad, de medicina y de familia. Ese prestigio se desvaneció en 60 minutos de televisión, lo que duró la emisión del programa que le tendió una trampa. Su historia y la de quienes lo condenaron al ostracismo, es digna de recordarse.
CARRERA BRILLANTE
Mario Socolinsky nació en el barrio de Villa Crespo, Buenos Aires, el 12 de febrero de 1942. Desde pequeño, tuvo graves problemas bronquiales que lo mantenían recluido la mayor parte del tiempo. Mientras otros niños corrían, él observaba el mundo a través de una ventana, refugiado en los libros. Esa soledad forzada lo convirtió en un estudiante brillante, casi prodigioso. Terminó el secundario con apenas 15 años y a los 21 ya se había recibido de médico con medalla de oro.
Comenzó trabajando en hospitales públicos. En 1966 tuvo su primer contacto con la televisión. Tuvo un pequeño espacio dentro del programa Mujeres del siglo XX, en Canal 9. Su tono pausado y la claridad para explicar términos complejos lo hicieron un invitado habitual en programas pensados a un público familiar. Hasta que en 1977 dio inicio a un ciclo casi legendario llamado "La salud de nuestros hijos".
IMAGEN Y CANCIÓN
La sola mención a ese programa ya evoca el jingle que lo identificaba con un coro de voces femeninas tarareando una melodía pegadiza. El programa fue creciendo en impacto al punto que muchos lo consideraban una especie de enciclopedia de medicina, transmitida con palabras simples que impactaban en madres y padres.
Pasó por Canal 9, ATC /actual TV Pública) y Canal 13. Se mantuvo al aire durante casi tres décadas ininterrumpidas. Ganó seis premios Martín Fierro. Su influencia era tal que publicó libros, enciclopedias y fundó en 1990 su propia ONG, la Fundación Mario Socolinsky, que promovía la vacunación y el desarrollo infantil. Dicho de manera simple, lo que este médico decía que era bueno para un bebé todas las madres lo creían ciegamente.
CAMARA OCULTA
El año 2003 marcó el inicio del fin para Socolinsky. El programa "Punto Doc", que buscaba sacar temas escandalosos en cada edición, conducido por Daniel Tognetti y Miriam Lewin, apuntó contra el médico.
El objetivo era demostrar una supuesta falta de ética en la producción de Socolinsky. Pero el método utilizado sigue siendo motivo de debate hasta el día de hoy. Los periodistas infiltraron a una falsa médica en el programa. Para lograrlo, se pusieron en contacto con un productor y le pagaron la suma de 1.000 pesos (en aquellos momentos poco menos de 300 dólares) para que el doctor entrevistara a esta supuesta especialista al aire. La trampa estaba armada.
Durante la entrevista, la supuesta gastroenteróloga empezó a decir barbaridades médicas. Dio consejos que no tenían ningún sentido científico e incluso llegó a inventar un virus que no existía en la medicina real. Socolinsky, quizás cansado por la rutina de tantos años o confiando ciegamente en lo que su producción le ponía enfrente, se limitó a escuchar y a asentir con respeto.
Nunca cuestionó las afirmaciones de su supuesta colega. Cuando "Punto Doc" mostró la cámara oculta de la transacción del dinero y luego contrastó eso con la entrevista al aire, el impacto fue devastador. Lo mostraron ante millones de personas como un mercenario que, por dinero, permitía que cualquier persona dijera cualquier cosa en su programa, poniendo en riesgo la salud pública.
Aunque es cierto que existió una falta total de controles y que Socolinsky fue negligente al no verificar quién se sentaba en su set, él no participó de la creación de esa situación engañosa. Fue víctima de su propia credulidad y de una producción que lo dejó expuesto. La reacción fue instantánea. El programa fue levantado del aire casi de inmediato.
De la noche a la mañana, el hombre que era un prócer de la salud pasó a ser un paria mediático. Mario, que siempre había sido un hombre extremadamente reservado con su vida privada, se hundió en una tristeza profunda y un ostracismo que nunca antes había experimentado. Ese golpe emocional tuvo consecuencias físicas directas.
El estrés y los nervios de verse humillado públicamente dispararon su adicción al cigarrillo, un vicio del que nunca pudo escapar, a pesar de ser médico y de sus antecedentes bronquiales de la infancia. Socolinsky encontró un último refugio en la provincia de Jujuy.
Allí en un canal de cable local, volvió a conducir su programa semanalmente. Cada semana viajaba miles de kilómetros, no solo para grabar, sino para realizar tareas solidarias atendiendo a niños de familias humildes, que todavía lo veían como un médico prestigioso. Fue precisamente en uno de esos viajes donde su cuerpo ya muy castigado decidió no seguir más.
En junio de 2007 ingresó de urgencia en un sanatorio de San Salvador de Jujuy. El diagnóstico fue una enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) sobreinfectada y una arritmia cardíaca grave. Tras varios días de asistencia mecánica y una agonía silenciosa, un paro cardíaco terminó con su vida el 26 de junio de 2007. Tenía 65 años.
Es curioso notar como el destino trató a los protagonistas de esta tragedia. Mientras Socolinsky murió en el destierro mediático, los periodistas que armaron la emboscada siguieron adelante con sus carreras. Miriam Lewin, de hecho, llegó años después a ser la defensora del público, un cargo oficial creado por el Kirchnerismo para una tarea donde supuestamente "se velaba por la ética en los medios de comunicación".
LOS TIEMPOS DE LA JUSTICIA
Ya desgastado, en 2004 intentó defenderse legalmente e inició una demanda judicial contra el programa que lo destruyó. Después de un largo tramo del proceso de recopilación de pruebas, apelaciones y otros recursos, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil aceptó la demanda y ordenó a principios de 2023 indemnizar a la heredera de Socolinsky en concepto de incapacidad sobreviniente, tratamiento psicológico, pérdida de chance por la renovación del contrato con el canal de televisión, daño a su imagen comercial pública y daño moral.
Los condenados apelaron el fallo a la Corte Suprema que a mediados de 2024 revocó el fallo y rechazó la demanda. Los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Juan Carlos Maqueda coincidieron con el dictamen de la Procuración General de la Nación que consideró que las expresiones cuestionadas se encuentran amparadas por la libertad de expresión.
Aquel dictamen sostuvo que "los periodistas demandados justificaron el uso de la investigación encubierta tanto en el trascendente interés público involucrado, como en las dificultades que enfrentaron para contar con fuentes de información tradicionales". Además indicó que "fue un elemento decisivo la completa transparencia con que se comunicó a la audiencia cada uno de los pasos de la estrategia utilizada," lo que permitió a cada televidente valorar la real dimensión de los acontecimientos que se expusieron. En efecto, agregó, "la metodología de investigación periodística empleada fue exhibida pormenorizadamente a la audiencia del programa Punto Doc, circunstancia que obsta a la calificación de la noticia como falsa."