Cristian Ritondo, el hombre que siempre está
Desde el porteñísimo barrio de Mataderos, y sin estridencias, Cristian Ritondo construyó poder real dentro de la política argentina. Con clara conciencia de su espacio y su proyección, sin abarcar más de lo que puede, hoy es una pieza clave dentro de
Cristian Ritondo no suele ser el protagonista de las grandes escenas, pero rara vez queda afuera de los grandes acontecimientos. En la política argentina, donde sobran figuras ruidosas, su perfil es otro: más bajo, más constante, más práctico. Ritondo no sobreactúa el poder, lo construye con paciencia. Al decir de un viejo político sanjuanino, no suele almorzarse la cena.
Ritondo es porteño. Se le nota en el decir, en el andar, en la manera de establecer los vínculos personales. Nació en el barrio de Mataderos, histórico bastión del peronismo más puro, en 1966. Esa pertenencia geográfica no lo convirtió en un Torito. Su corazón deportivo está más allá del Riachuelo. Es rojo, y de Avellaneda.
Está casado con una colega, la abogada Romina Aldana Diago, y es padre de Ian y Bautista.
Su recorrido político arranca lejos del PRO. Como muchos dirigentes de su generación, empezó en el peronismo porteño, donde aprendió el oficio básico de la política. Epítome del pragmatismo, supo armar, negociar, sostener. No era todavía un nombre conocido, pero ya se movía en los márgenes donde se decide más de lo que se declara. Como Charles Baudelaire, o Keyser Söze en Los sospechosos de siempre, Ritondo tomó una máxima como filosofía: El mayor truco del diablo fue convencer al mundo de que no existía.
De la rosca peronista al macrismo
El primer gran hito de su carrera llega en los años 2000, cuando se suma al proyecto de Mauricio Macri. No fue un salto ideológico ruidoso, sino una transición utilitaria. Sabueso de la política, Ritondo olfateó antes que otros que el PRO era más que una novedad electoral.
En 2003 accede a la Legislatura porteña. Ahí empieza a consolidarse como operador político. Su capacidad oratoria no dejó piezas que merezcan ser recordadas, pero su capacidad de garantizar acuerdos se fue volviendo infalible. Con el tiempo, esa habilidad los depositó en la vicepresidencia primera del cuerpo, un cargo clave para ordenar el funcionamiento interno.
Durante esos años construyó su principal capital: confianza dentro del espacio y capacidad de articulación. Y siempre, claro, sin sacar del agua más que los ojos.
La prueba de fuego: la seguridad bonaerense
Pero la influencia política cada vez más gravitante de Ritondo, inevitablemente, terminó iluminando las zonas oscuras en la que se sentía tan cómodo. En 2015 María Eugenia Vidal lo convocó como ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, un desafío gigantesco.
Ritondo asumió con un discurso claro: orden, control y presencia del Estado. Su gestión se movió en esa línea. Impulsó cambios en la Policía Bonaerense, promovió operativos contra el narcotráfico y reforzó la coordinación con fuerzas federales.
Pero el área es, por definición, un campo minado. Recibió críticas por casos de violencia institucional y por resultados que, para sus detractores, no lograron modificar de fondo la situación. Aun así, logró sostenerse todo el mandato, algo que no es menor en un ministerio devorador de reputaciones.
Un dirigente de poder real
Dijimos, que lejos de las estridencias, Ritondo supo construir poder real. Por eso, luego de que en 2019 María Eugenia Vidal sufriera una paliza electoral a manos de Axel Kicillof, Ritondo no sufrió más que escoriaciones leves
Mientras la otrora Leona se convertía en una dirigenta, casi, para el consumo irónico, Ritondo se reacomodaba, mantenía influencia en la provincia de Buenos Aires y pasaba a desempeñar un rol clave en la reorganización opositora.
En 2021 llegó a la Cámara de Diputados de la Nación. Desde allí, se convirtió en jefe del bloque PRO. Otra vez, un lugar menos visible que otros, pero decisivo. Es quien negocia, quien ordena, quien baja tensiones internas cuando hace falta.
Su perfil ideológico encaja con la línea dura en materia de seguridad y con una visión pro-mercado en lo económico. No es un ideólogo, sino un ejecutor político. Su discurso es directo: más control, menos ambigüedad frente al delito, respaldo a las fuerzas de seguridad.
Aliados, internas y equilibrios
Ritondo se mueve dentro del PRO como parte de su columna vertebral. Su vínculo con Mauricio Macri es central, y su sociedad política con María Eugenia Vidal marcó una etapa clave en la provincia.
También supo convivir no sin tensiones con otros liderazgos del espacio, como el de Patricia Bullrich. En ese esquema, ocupa un lugar particular: el del dirigente que no necesita exponerse todo el tiempo para incidir.
Dicen que lo que se aprende de chico no se olvida, y él, de su pasado peronista aprendió algo fundamental en política: construirse un enemigo. Esa némesis fue el kirchnerismo. El campo de batalla, la seguridad.
La cuestión patrimonial, un problema común
Como otros dirigentes con trayectoria extensa, Ritondo atravesó cuestionamientos vinculados a su patrimonio. Investigaciones periodísticas pusieron el foco en propiedades y sociedades vinculadas a su entorno familiar, incluyendo bienes en el exterior que generaron controversia pública.
Esos informes abrieron interrogantes sobre la evolución de su patrimonio y la inconsistencia entre ingresos declarados y activos detectados. Desde su entorno, las explicaciones apuntaron a actividades privadas previas, inversiones familiares y declaraciones juradas presentadas en regla.
Según denuncias judiciales, se le adjudica la titularidad de 72 departamentos (algunos en Miami) y más de 370 en construcción en CABA y Pinamar.
Un informe del sitio Chequeado lo ubica entre los tres diputados más ricos de la Cámara, con un patrimonio de casi 7.000 millones de pesos.
Hasta el momento, esas denuncias no derivaron en condenas judiciales firmes en su contra. Sin embargo, el tema reaparece de manera cíclica en el debate público y forma parte de las zonas grises que acompañan su recorrido político.
El presente y lo que viene
Hoy, Ritondo es una pieza clave en el engranaje opositor. Tiene peso en el Congreso, influencia en la provincia de Buenos Aires y experiencia en negociación. No es un outsider ni una figura emergente: es un profesional de la política que, como un equilibrista, camina por el cable que divida al PRO de La Libertad Avanza. Sus participaciones en el Congreso hacen que sea difícil distinguir cuando habla un macrista y cuándo lo hace un libertario convencido, casi un soldado de las fuerzas del cielo. Pero las dos posiciones podrían argumentarse acabadamente sin contradicciones. Asombroso.
Su futuro depende, en buena medida, de la dinámica interna del PRO, espacio al que finalmente parece decidido a apoyar en la refundación. Deberá decidir si de una vez se decide a ser candidato a cargos ejecutivos o si seguirá ocupando lugares estratégicos de poder, en la manada.
Para terminar, y como paráfrasis en homenaje al Indio Solari, termino por el principio. El título es a la vez conclusión: Cristian Ritondo, el hombre que siempre está.