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Perfil 25/06/2026 03:33 5 min de lectura

Cosa de locos: los brasileños que hinchan por Argentina ¡a muerte!

El bar de São Paulo donde brasileños que rechazan la falta de garra de Brasil hinchan por la Scaloneta, visten la camiseta albiceleste, gritan los goles de Messi y cantan nuestros himnos de cancha: Muchaaachoos.

Cosa de locos: los brasileños que hinchan por Argentina ¡a muerte!
Foto: Perfil

En São Paulo, la mayor ciudad de Brasil y América Latina, existe un rincón donde, durante los partidos de la Selección Argentina, resulta difícil saber en qué país se está. No se trata de una embajada, ni de un consulado, ni siquiera de un centro cultural. Es un restaurante.

Se llama Moocaires, una combinación del barrio Mooca y Buenos Aires. Cuando nació, hace casi 20 años, funcionaba como punto de encuentro de argentinos residentes en Brasil, viajeros ocasionales y nostálgicos incurables. Pero, desde la última década y cada vez más, brasileños que decidieron adoptar la camiseta albiceleste lo invaden, especialmente cuando juega La Scaloneta.

Durante los Mundiales esto es interesante, las diferencias se diluyen. Los acentos se mezclan. Las mesas se llenan. Y, entre empanadas, choripanes y vasos de cerveza, aparecen personajes difíciles de encontrar en cualquier otro lugar: paulistas que discuten tácticas de Scaloni, brasileños que celebran goles argentinos y sufren cuando Messi falla un penal.

En perfecto portuñol, Ricardiño, comenta sin tapujos que el Tri de Argentina, en Qatar, lo alegró mucho más que el Penta de Brasil en Japón 2002. Y que en el Maracaná, cuando Argentina se consagró campeón de la Copa América, ganándole a Brasil con gol de Di María, los cariocas quisieron pegarme porque yo vestía la camiseta argentina, pero una barra de ustedes me salvó. No todos entienden que podemos hinchar por aquello que nos gusta y no por una cuestión de patriotismo impuesto.

La escena se repite, inclusive en partidos de la Copa Libertadores, cuando aparecen brasileños hinchas, principalmente de Boca, algunos de River y Racing. Lo que comenzó como una reunión de inmigrantes terminó transformándose en un fenómeno cultural. Muchos de los asistentes jamás vivieron en Argentina, algunos tampoco la conocen como turistas, pero hablan de la selección campeona del mundo con una familiaridad que desconcierta a cualquiera.

Messi puede errar los penales que quiera, dice João. Lo amamos, completa Marcio. El caso de estos colegas de trabajo, no es excepcional. En Moocaires abundan los brasileños que dejaron de identificarse con la selección de fútbol de su país, aunque continúan apoyando a Brasil en otras disciplinas.

La fidelidad, explican, no es hacia otra nación, sino hacia una forma diferente de vivir el fútbol. Parra todo lo demás somos brasileños a muerte, aclara Luziomar. Mas, no futebol, somos torcedores da Argentina. Los cinco amigos que lo acompañan le hacen coro con un sonoro Síííííííííí.

El fenómeno ganó notoriedad después de 2014. La derrota argentina en la final de Río de Janeiro atrajo burlas, provocaciones y algunos momentos de tensión en los alrededores del local. Obviamente hay muchos vecinos incomodados con el gritarío de quienes consideran traidores irrecuperables. En aquella oportunidad, la policía evitó males mayores. Desde entonces, los comentarios irónicos de transeúntes y usuarios de redes sociales forman parte del paisaje habitual, mas no hubo nuevos conatos cara a cara.

Los habitués coinciden en que lo importante es que la selección argentina transmite algo que me representa; juega con una garra que Brasil no tiene y eso me aleja de la selección brasileña, cuenta Luiz, que también es fanático de Boca. Después de Messi, lo más grande que vi fue Riquelme, dice, descartando a los Ronaldos, Neymar y Vinicius Jr.

En los días de partido, el movimiento supera incluso la capacidad del restaurante. La estación de servicio ubicada frente al local se convierte en una extensión improvisada de la fiesta. Pantallas gigantes, mesas ocupadas hasta la madrugada y una multitud que busca alternativas cuando las entradas del Moocaires se agotan.

Porque entrar allí durante un partido importante cuesta. El acceso ronda los 100 reales unos 30 mil pesos, aunque incluye seis consumiciones que pueden cambiarse por cerveza, empanadas artesanales o choripán. Es una pequeña aduana gastronómica para quienes desean cruzar, al menos por 90 minutos, la frontera imaginaria entre Brasil y Argentina, dice Pablo, un argentino que frecuenta el bar y asegura que sería imposible algo parecido en Argentina. ¿Te imaginás un bar Caballito de Janeiro, en Buenos Aires, lleno de porteños gritando por Brasil?, cuestiona y él mismo se responde: ¡Noooo!.

Sin embargo, reducir la historia del Moocaires al fútbol sería injusto. Según sus administradores, el establecimiento terminó desempeñando un papel inesperado en la transformación de la propia Mooca, un barrio históricamente asociado a la inmigración italiana. La presencia de un espacio dedicado a la cultura argentina ayudó a diversificar la oferta gastronómica y estimuló la llegada de emprendimientos vinculados a otros países sudamericanos.

Con el tiempo, una zona antes ocupada principalmente por antiguos galpones y casas tradicionales fue adquiriendo nuevos colores, sabores y acentos. Aunque en otra dimensión, por ahora, es un Palermo Hoollywood paulistano, pero todo comenzó con un puntapié inicial argento.

Hoy, casi dos décadas después de su fundación, el Moocaires es mucho más que un restaurante temático. Es un punto de encuentro donde argentinos y brasileños comparten una misma mesa, intercambian historias, discuten de fútbol, recuerdan lugares lejanos y celebran una afinidad que desafía fronteras y se torna canción conocida con acento aportuguesado: Vamos, vamos, Argentina / Vamos, vamos a ganar.

ML

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