Las pausas de hidratación, una herramienta clave ante el calor extremo del Mundial
Las altas temperaturas registradas en varias sedes del Mundial 2026 volvieron a poner en primer plano las pausas de hidratación, una medida cada vez más habitual en las competencias internacionales cuando las condiciones climáticas representan un riesgo para la salud de los deportistas. En algunos encuentros del torneo se jugaron partidos con temperaturas superiores a los 30 grados y elevados índices de humedad, factores que incrementan significativamente el desgaste físico de los futbolistas.
Néstor Lentini, especialista en medicina del deporte, médico del Comité Olímpico Argentino y jefe del Servicio Médico del Hospital Universitario Austral, dialogó con el equipo de Korol en el aire por Radio Nacional sobre la importancia de estas interrupciones reglamentarias y explicó cómo influyen en el rendimiento, la recuperación muscular y la prevención de complicaciones médicas durante los encuentros.
"Las pausas de hidratación son bienvenidas. Si un jugador va a correr a un lugar de altas temperaturas, las pausas de hidratación permiten incorporar la cantidad de líquido y sodio que se va perdiendo", subrayó.
Durante un partido de alta intensidad un futbolista puede perder entre dos y cuatro litros de líquido a través de la transpiración, dependiendo de la temperatura ambiente, la humedad y las características individuales de cada jugador. Esa pérdida no solo implica agua, sino también sales minerales fundamentales para el funcionamiento muscular y neurológico.
La deshidratación genera una disminución progresiva del rendimiento físico. Entre sus efectos aparecen la fatiga temprana, la reducción de la capacidad aeróbica, la disminución de la velocidad de reacción y una mayor dificultad para mantener la concentración. En un deporte de alta exigencia como el fútbol, incluso una pérdida moderada de líquidos puede afectar el desempeño competitivo.
Las pausas de hidratación permiten que los jugadores repongan parte de los líquidos perdidos, reduzcan la temperatura corporal y reciban indicaciones médicas y tácticas. Según los especialistas, estas interrupciones también ayudan a disminuir el riesgo de calambres, contracturas y lesiones musculares que suelen incrementarse cuando el organismo compite bajo condiciones de estrés térmico.
Uno de los mayores riesgos asociados a las temperaturas extremas es el golpe de calor, una emergencia médica que puede producir alteraciones neurológicas, pérdida de conciencia y fallas en distintos órganos. Por ese motivo, los equipos médicos realizan un seguimiento permanente de las condiciones ambientales y de los síntomas que puedan presentar los futbolistas durante la competencia.
La medicina deportiva moderna ha incorporado múltiples estrategias para enfrentar estas situaciones. Además de la hidratación durante el partido, los planteles trabajan previamente con protocolos específicos que incluyen controles del peso corporal, evaluación de pérdidas de líquidos, bebidas con electrolitos, sistemas de enfriamiento y programas de recuperación postcompetencia.
El Mundial 2026 presenta desafíos particulares debido a la amplitud geográfica de sus sedes y a las diferencias climáticas entre las distintas ciudades. En algunos escenarios, el calor y la humedad se han convertido en factores tan determinantes como los aspectos tácticos o técnicos del juego.