A 204 años de Las Tunas: los errores que cambiaron la historia federal
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En vísperas de un nuevo aniversario de la batalla de Las Tunas, el abogado e historiador Ladislao Fermín Uzín Olleros propone una lectura severa sobre ciertos yerros históricos de los caudillos federales, cuyas consecuencias advierte todavía afligen a nuestro país.
El autor sitúa el punto de partida el 24 de junio de 1820, cuando, a unos 12 kilómetros de Paraná, se libró la batalla de Las Tunas, en la que Francisco Ramírez derrotó a José Gervasio Artigas. Luego vendría Rincón de Ávalos (Corrientes) y el declive final del caudillo oriental, que derivó en su exilio en Paraguay hasta su muerte en 1850: alrededor de 10 años de prolífica vida pública y tres décadas de ocaso, pobreza y olvido.
Ramírez, Artigas y la oportunidad perdida del proyecto federal
Uzín Olleros califica como descomunal error la decisión de Ramírez de distanciarse de su jefe político, envalentonado por su triunfo en Cepeda. Señala que el entrerriano se dejó seducir por el intrigante Sarratea, justo cuando a su juicio era el momento de instalar un gobierno en consonancia con las provincias, formar un ejército que ayudara a Artigas a desalojar a los portugueses de la Banda Oriental y avanzar en un proyecto de país federal con la capital fuera de Buenos Aires.
Ese diseño político, recuerda, era el que venía propiciando Artigas y que plasmó en sus Instrucciones a los representantes orientales a la Asamblea del Año XIII (reunida en la quinta de Cavia, Montevideo, en abril de 1813). Aquellas Instrucciones le valieron al oriental la calificación de traidor a la Patria y que se pusiera precio a su cabeza: seis mil pesos fuertes, vivo o muerto.
A la defección respecto de Artigas, añade el historiador, le seguiría el enfrentamiento de Ramírez con su hasta entonces aliado, Estanislao López. Ese conflicto lo llevaría a la muerte en la llamada Tragedia del Río Seco (Córdoba, 10 de julio de 1821), cuando fue ultimado al intentar rescatar a su amada Delfina, cuyo caballo había sido boleado por la tropa enemiga.
La República de Entre Ríos y un proyecto adelantado a su tiempo
La muerte de Ramírez trajo aparejada la conclusión de la efímera República de Entre Ríos, apenas nueve meses después de su creación. Uzín Olleros subraya que aquella experiencia no implicaba un propósito secesionista, sino la voluntad de diferenciarse de las ideas predominantes en Buenos Aires, que todavía miraba con buenos ojos la permanencia de la monarquía y acentuaba su centralismo.
El proyecto, sostiene, era interesante y avanzado para la época: ponía el acento en la organización política, la división territorial, la educación, la formación de milicias, el servicio de justicia, la realización de un censo poblacional y la promoción de la agricultura.
De la segunda Cepeda al Pacto de San José de Flores
Ya organizado el país a partir de 1853, el autor salta a la segunda batalla de Cepeda (octubre de 1859), en la que Justo José de Urquiza derrotó a Bartolomé Mitre. La mediación del mariscal Francisco Solano López permitió evitar un mayor derramamiento de sangre y facilitó la firma del Pacto de San José de Flores (noviembre de 1859).
Ese acuerdo desembocó en la primera reforma constitucional de 1860 y en la incorporación de Buenos Aires a la Confederación hasta entonces ausente, aunque la provincia conservaría las rentas del puerto y de la aduana, un punto que el historiador deja señalado como clave en el posterior desequilibrio de poder.
Solano López, la Triple Alianza y la voz entrerriana
Uzín Olleros remarca la paradoja histórica de que esa gestión de buenos oficios del jefe paraguayo le fuera retribuida, un lustro más tarde, con la Guerra de la Triple Alianza (o de la Triple Infamia). Ese conflicto significó, describe, el cataclismo de un pueblo hermano, llevado casi hasta el exterminio de su población masculina.
Por entonces, recuerda, Asunción era un faro de luz que irradiaba más allá de sus límites territoriales. Ese escenario dio paso a la obra cumbre de Juan Bautista Alberdi, El crimen de la guerra, uno de los pilares del derecho internacional. El autor cita su definición: El crimen de la guerra es el de la justicia ejercida de un modo criminal, pues también la justicia puede servir de instrumento del crimen.
En ese marco, trae a colación una carta de Ricardo López Jordán a Urquiza, ante la orden de una leva para enviar tropas entrerrianas al frente paraguayo. Allí el caudillo le escribe: Usted nos llama para combatir al Paraguay. Nunca general, ese pueblo es nuestro amigo. Llámenos a pelear a porteños y brasileros. Estamos pronto. Esos son nuestros enemigos. Oímos todavía los cañones de Paysandú. Estoy seguro del verdadero sentimiento del pueblo entrerriano.
Pavón, la defección de Urquiza y la derrota del federalismo
A Cepeda le seguiría la batalla de Pavón (septiembre de 1861), nuevamente con Mitre y Urquiza enfrentados. Uzín Olleros recuerda que el entrerriano se retiró del campo de batalla pese a encontrarse en una situación gananciosa hasta ese momento, lo que significó interpreta una claudicación en la defensa y consolidación del federalismo.
Para sustentar esa lectura, cita al profesor Juan Antonio Vilar y su obra Hacia la derrota federal La Confederación Argentina 1852 1862, donde se describe magistralmente ese proceso de desmoronamiento del proyecto federal.
En la síntesis final, Uzín Olleros concluye que las veleidades y egoísmos exacerbados, inflados por coyunturas deslumbrantes pero pasajeras, han provocado errores históricos de enorme magnitud. Y sentencia que las consecuencias de esos extravíos políticos todavía afligen a nuestro país.