Los otros testigos de la historia: recuerdos mexicanos del Argentina-Inglaterra de 1986
Los libros, las películas y los documentales se han encargado de contarlo todo. Pero hay una mirada que quedó algo más escondida: la de los mexicanos que estuvieron allí.César Ahumada, César Bailón, Santiago Pérez y Gustavo Barbosa son amigos entre s
El sol abrazador y la humedad no eran rivales para el Diego Armando Maradona de 25 años. Mucho menos los ingleses, apenas mortales futbolistas. Han pasado 40 años del mítico partido entre Argentina e Inglaterra por los cuartos de final del Mundial 1986 y los recuerdos se mantienen tan exactos como imborrables. La leyenda de Diego desplegó las alas para siempre en ese caluroso mediodía del 22 de junio en el Azteca. Los argentinos conocen de memoria cada uno de los detalles de aquella jornada. Los libros, las películas y los documentales se han encargado de contarlo todo. O casi. Porque hay una mirada que quedó algo más escondida: la de los mexicanos que estuvieron allí. Y basta escucharlos unos minutos para entender que el segundo gol de Maradona sigue vivo: lo relatan como si hubiera ocurrido ayer nomás.
"Escuchándonos, me doy cuenta de que desde el primer recorte todos pensamos que la jugada de Maradona terminaba en gol. Es muy loco. Recuerdo tanto la apilada como al estadio de pie viendo la culminación de una obra de arte", le cuenta César Bailón a Clarín desde un bar de la coqueta zona de Colonia Roma.
César Ahumada, César Bailón, Santiago Pérez y Gustavo Barbosa son amigos entre sí y estuvieron, todos por separado, en el mediodía de Argentina-Inglaterra. La mayoría también observó la final ante Alemania; la mayoría conserva las entradas. "Sé que en Argentina algunos piensan que los mexicanos hinchamos por Alemania en la final porque festejamos los goles del descuento y del empate, pero lo que queríamos nosotros era que el partido se extendiera", dice Pérez. "No había manera de apoyar a Alemania, como tampoco la había de estar con Inglaterra", se apura Ahumada.
Tiene emotividad en el decir Ahumada. Asegura que se le pone la piel de gallina cada vez que rememora el duelo en el Azteca. "Sinceramente, nosotros no teníamos noción de lo que era la violencia en el fútbol. Era algo distante que ocurría en Europa y que veías por televisión. Al estadio fuimos con tiempo para tratar de esquivar a los barras de un lado y del otro. Tenía claro que Argentina había sido la víctima de la guerra y por eso me hice hincha en ese Mundial", cuenta César.
"Había tensión en el ambiente. Fue muy violento el partido; hubo muchas peleas y agresiones entre barras y hooligans. Nuestros familiares nos pedían que no fuéramos. Yo la ligué por ir con mi bandera argentina", aporta Pérez, nacido en Córdoba y emigrado a México a temprana edad.
De todos modos, el recuerdo supremo de aquella jornada de ensueño fueron las genialidades de Maradona. "Yo estaba justo en una de las esquinas donde hizo los goles Maradona y en el primero todos dijimos que era mano. Fue clarita. Se nos hizo hasta raro que no la hubieran sancionado. Incluso tengo la imagen de Diego buscando al línea para ver si había levantado la bandera", dispara Bailón.
"La acción fue rara porque Maradona no era alto y Shilton sí. ¿Cómo pudo ganarle? Mientras nosotros nos preguntábamos eso, los argentinos festejaban sin que les importara nada. Y estaba bien, porque nadie simpatizaba con los ingleses", lanza Ahumada con una sonrisa.
El silencio se apodera de la mesa al momento en que cada uno regala las memorias sobre el gol más bello y poético de la historia del fútbol. "Fue una genialidad. Desde que inicia la jugada, desde esas primeras zancadas, todos sentimos algo. No sé si ya no estábamos parados cuando pasó tres cuartos de cancha", inicia Bailón. Sigue Barbosa: "Desde el primer recorte pensé que Maradona iba a hacer el gol. Hacía mucho calor en el estadio, los ingleses estaban como cansados y Diego tenía más fuerza, más velocidad, más ímpetu".
El cierre le queda a Ahumada: "Acababa de cumplir 19 años y fui con mi hermano, que tenía 15. Estábamos sentados en la platea, rodeados de argentinos. Cuando Maradona hizo el primer movimiento, le golpeé la pierna y grité 'oooleee'. Y ya empezamos juntos a seguir la jugada; no había entrado al área y ya estábamos de pie, como explica César. Para cuando hizo el gol, nos abrazamos con los argentinos, gritamos. Pasaron unos segundos, agarré a mi hermano de los hombros y le dije: 'Ricky, acabamos de ver el gol de la historia de los Mundiales'. Juro que cada vez que me acuerdo me dan ganas de llorar".
Ahumada termina de hablar y por unos segundos nadie agrega nada. No hace falta. Cuatro décadas después, los afortunados mexicanos siguen discutiendo detalles de la Mano de Dios, recuerdan el calor agobiante del Azteca y reconstruyen cada movimiento de Diego como si el tiempo no hubiera pasado. Tal vez porque aquella tarde no fueron simples espectadores, sino testigos privilegiados del instante exacto en que una obra maestra dejó de pertenecerle a un tal Maradona para convertirse en patrimonio eterno del fútbol, en un barrilete cósmico.
Sobre la firma
Newsletter Clarín