Dejó Europa por amor a Boca y ahora espera que la Justicia lo absuelva: el impensado presente del Beto Márcico
El histórico enganche de Boca Juniors y Ferro habló en el ciclo Random y pasó por todos los estados: desde la increíble anécdota de su debut profesional jugando con zapatillas rotas y las noches de vigilia con Diego Maradona, hasta el drama judicial
Para Alberto José Beto Márcico, el fútbol ya no se juega con los pies, sino con los recuerdos. Alejado de los picados por el desgaste que le dejó la alta competencia de los años 80 y 90. Ahora nado porque no tengo impacto, la rodilla y el tobillo pasaron factura, cuenta. El exdiez mantiene intacta la lucidez para desmenuzar el juego, repasar su historia y, por primera vez, hablar a corazón abierto sobre el frente judicial que le cambió la vida.
El cadete que debutó en primera con zapatillas Flecha rotas
El desembarco de Márcico en el fútbol profesional rompe cualquier molde del manual del jugador moderno. Sin haber realizado divisiones inferiores en ningún club, su formación fue puramente de potrero en el barrio popular de La Barraca.
Yo trabajaba como cadete y mi viejo me decía: Primero el estudio y el laburo. Todos mis conocidos ya estaban jugando en la primera de San Lorenzo o Independiente y me insistían para que me probara. Un día agarré temprano en el trabajo y me fui a Ferro a los 19 años y medio. Fui con unas zapatillas Flecha que adelante estaban rotas, se me asomaba el dedo. Me probaron en Tercera, entré, hice un golazo y me dijeron: Vení que firmás. A los 20 ya estaba jugando en Primera".
Su talento natural fue moldeado por Carlos Timoteo Griguol, a quien Márcico define como un segundo padre. El Beto recuerda la disciplina militar del viejo: En el Toulouse de Francia, yo daba toda la vuelta al cono en los entrenamientos y el Conejo Tarantini me decía: ¿Para qué vas hasta allá?. Y yo le respondía: Porque son cinco metros que te pueden faltar en el partido. Eso era puro Griguol. Si el viejo te veía cortar camino, te hacía hacer 20 pasadas más".
Las vigilias con Diego y el exilio que costó un Mundial
Márcico tuvo el privilegio de convivir con Diego Armando Maradona en dos etapas clave: en las Eliminatorias de 1985 y en el regreso del Diez a Boca en 1995. Diego fue el mejor jugador que vi en mi vida. En el 95, prácticamente no venía en la semana; venía los jueves a hacer fútbol y se concentraba el sábado. Lógicamente se cansaba, y los últimos 30 minutos yo siempre entraba por él. Con el desgaste que él había tenido, lo que lograba el domingo era increíble. Su cuerpo era distinto.
Sin embargo, el enorme nivel de Márcico en los 80 tuvo un gusto amargo. Sorprendentemente, confiesa que el público argentino no disfrutó de su mejor versión:
"Boca me dio el 60% de lo que yo rendía. El mejor Márcico lo tuvo Toulouse, por una cuestión de edad y experiencia. En mi época, la liga francesa era extraordinaria".
Ese exilio europeo en su momento prime le terminó costando caro: quedar fuera de la lista de Carlos Bilardo para México 1986. Dolió mucho no ir al Mundial 86. Tenía el nivel, ese año había salido elegido el mejor delantero extranjero de Francia y había estado en las Eliminatorias, admite calificando aquel dolor con un 8 sobre 10.
Boca me cambió la vida: el rechazo a un contrato de 10 años en Europa
A pesar de tener su futuro resuelto en Francia, el llamado del club de sus amores pateó el tablero de su carrera en 1992.
Era el único club que me podía hacer volver a la Argentina. En Toulouse me habían puesto un contrato de diez años sobre la mesa para retirarme allá y pasar a ser mánager. Tenía pensado quedarme a vivir en Francia. Pero cuando me llamaron de Boca no lo dudé un instante. Me cambió todo", recuerda con emoción.
Para el Beto, la mística xeneize no es una frase hecha, sino parte de su ADN: Mirá si será especial para mí que ahora están por hacer las torres para agrandar el estadio... y en esos mismos terrenos, cuando yo tenía cuatro años, estaba remontando barriletes con mi viejo. Viví en Brandsen 1737. Yo soy bostero terrible, de chiquito".
Se van a caer de espalda: el drama judicial que hoy altera su felicidad
Al cerrar la charla y evaluar su grado de felicidad actual, Márcico sorprendió con una respuesta ambivalente: "Por momentos diez y por momentos cinco. Es la vida. Y ese cinco tiene que ver con una injusticia enorme". El exenganche rompió el silencio sobre la causa judicial por una presunta estafa inmobiliaria en la que se vio involucrado:
Hace un tiempo me inculparon de algo penal que yo no hice en absoluto y que desconozco totalmente. Fui engañado por abogados en un quilombo con unos departamentos. Es una causa que ya lleva cinco o seis años, pero cuando se sepa la verdad y se descubra quiénes están verdaderamente detrás de todo esto, la gente se va a caer de espalda. Acá no hubo ninguna estafa; acá hay un laburador y un tipo súper honesto. No existe un solo papel que a mí me pueda involucrar de verdad".
El exfutbolista confesó el duro daño colateral que le provocó esta situación en su vida cotidiana y profesional: Me pone muy triste y me incomoda mucho. Lo que más me duele es que por culpa de esto hace cinco años que no me dejan trabajar de lo que yo trabajaba, tuve que cortar con la radio y un montón de cosas. Por eso toco el tema y me gusta aclararlo. De no ser por este problema, yo sería un diez de diez siempre, porque sé perfectamente quién soy. Cuando la justicia aclare esto, voy a volver a la felicidad completa", cerró con entereza.