Venció su mayor miedo para ver a su hijo, se subió a un avión y todo terminó en lágrimas: el emocionante momento que vivió Francisco Cerúndolo
Mientras el porteño agigantaba su leyenda sobre el césped al vencer a Tommy Paul, en la tribuna se consumaba un momento familiar inolvidable.
La consagración de Francisco Cerúndolo en el ATP 500 de Queens quedará grabada en las páginas grandes del deporte argentino por su gran actuación para ganar el título ante el estadounidense Tommy Paul.
Tras batallar durante más de dos horas y media, el porteño logró revertir un comienzo sumamente adverso y selló un marcador definitivo de 6-7, 6-4 y 6-3 que lo transformó en el primer jugador argentino en ganar dos títulos oficiales sobre césped.
Sin embargo, el verdadero quiebre emocional de la jornada en Londres no se dio en el fondo de la cancha central ni con el drive encendido del Bicho, sino en el box de los entrenadores. Por primera vez en toda su carrera profesional en el circuito grande, el tenista estuvo acompañado desde la tribuna por su padre y formador, Alejandro Toto Cerúndolo, configurando una escena totalmente inédita para el clan familiar.
La presencia de su padre en el césped británico esconde una historia de superación íntima que explica por qué jamás había viajado a verlo a los torneos más importantes del exterior.
Alejandro Cerúndolo padece desde hace años una severa y conocida fobia a volar, un pánico paralizante a los aviones que sistemáticamente lo obligaba a bajarse de las giras por Europa o Estados Unidos y a sufrir cada partido de sus hijos pegado al televisor en Buenos Aires.
Vencer el miedo más profundo y subirse a un avión para cruzar el Atlántico fue el verdadero triunfo de la familia, motivado por el deseo de estar presente en una cita que olía a historia grande para el tenis nacional.
El destino, con una precisión asombrosa para los libretos cinematográficos, quiso que el esfuerzo tuviera su recompensa máxima coincidiendo exactamente con la celebración del Día del Padre en Argentina.
Con el trofeo más tradicional de la gira en sus manos, el propio Francisco se encargó de visibilizar la magnitud del logro familiar al borde de las lágrimas durante la premiación en la cancha central. El abrazo final sobre el pasto de Queens representó el desahogo total de un padre que superó sus propias barreras para ver, finalmente en vivo y en directo, cómo su hijo se convertía en leyenda.