Maradona diplomático: el escándalo del pasaporte oficial en el Mundial 1990
En la previa del Mundial 1990, Diego Maradona fue nombrado asesor ad honorem del gobierno argentino y recibió un pasaporte diplomático. Meses después, tras un control antidóping positivo y una sanción de la FIFA, el sueño político se desmoronó en med
El 8 de junio de 1990, horas antes del debut de la Selección argentina frente a Camerún en la apertura del Mundial de Italia, el presidente Carlos Menem sorprendió al plantel con una visita cargada de simbolismo y política. En ese encuentro, el mandatario le entregó a Diego Maradona un pasaporte oficial y lo nombró asesor ad honorem del gobierno para asuntos deportivos y difusión de la imagen argentina en el exterior.
La escena, que mezcló fútbol, poder y diplomacia, quedó grabada en la memoria de los hinchas y en la historia de los mundiales. El capitán argentino, que venía de consagrarse campeón en México 86 y era el máximo referente de la Copa del Mundo, sumó así un rol inédito: el de embajador informal de la Argentina ante el mundo.
El debut de Argentina y el trasfondo político
El contexto no era menor. El Mundial de Italia 1990 marcó el inicio de una nueva etapa para la Selección, con la presión de defender el título y la mirada internacional puesta sobre el equipo de Carlos Bilardo. Menem, recién asumido como presidente, buscó capitalizar el fervor futbolero y la figura de Maradona para proyectar una imagen positiva del país en el exterior.
El gesto de entregar un pasaporte diplomático a Diego no solo fue un guiño al ídolo, sino también una jugada política para asociar el éxito deportivo con el gobierno. La designación de Maradona como asesor ad honorem pretendía convertirlo en un símbolo de la Argentina moderna y competitiva que Menem quería mostrarle al mundo.
De embajador a escándalo: el final abrupto de la carrera diplomática
Sin embargo, la historia tuvo un giro inesperado. Menos de un año después, el sueño diplomático de Maradona se desmoronó en medio de un escándalo internacional. El 17 de marzo de 1991, tras un partido entre el Napoli y el Bari por la Serie A italiana, Diego fue seleccionado por sorteo para el control antidóping.
Doce días más tarde, la noticia sacudió al mundo del fútbol: los análisis detectaron restos de cocaína en la orina del capitán argentino. La FIFA actuó con rapidez y lo sancionó con quince meses de inactividad, una de las penas más duras de la época para un futbolista de su talla.
Maradona regresó casi de inmediato a la Argentina, envuelto en polémicas y con el futuro deportivo en suspenso. El golpe fue tan fuerte que el propio gobierno argentino decidió tomar distancia. Menem, que meses antes lo había nombrado asesor y embajador, firmó un nuevo decreto que dejaba sin efecto la designación diplomática.
La caída del ídolo y el impacto en la imagen argentina
La reacción oficial fue tan veloz como contundente. Exactamente 24 horas después de la revocación del pasaporte, Maradona fue detenido en un departamento de Buenos Aires, en un episodio que sumó más tensión a una historia ya cargada de dramatismo.
El caso Maradona expuso las contradicciones de la relación entre política y fútbol en la Argentina. Lo que comenzó como una estrategia para potenciar la imagen del país en el exterior terminó en un escándalo que recorrió el mundo y dejó al descubierto la fragilidad de los vínculos entre el poder y los ídolos populares.
Maradona, la FIFA y el Mundial: una historia de luces y sombras
La sanción de la FIFA marcó un antes y un después en la carrera de Diego y en la historia de los mundiales. El episodio dejó en evidencia la presión que recae sobre las grandes figuras del fútbol y la dificultad de separar la vida privada de la exposición pública.
Para la Selección argentina, el golpe fue doble: perdió a su capitán y referente en el peor momento, y vio cómo la imagen internacional del equipo quedaba asociada a un escándalo que trascendió lo deportivo. El Mundial 1990, que había comenzado con la esperanza de repetir la hazaña de México 86, terminó siendo recordado por la caída de su máximo ídolo.
El legado de una historia única en los mundiales
A más de tres décadas de aquel episodio, la historia del Maradona diplomático sigue generando debate entre los fanáticos y especialistas en la historia de los mundiales. El Mundial 2026, que se prepara para recibir a nuevas generaciones de futbolistas y selecciones, encuentra en este tipo de anécdotas un recordatorio de que el fútbol y la política, en la Argentina, siempre estuvieron más cerca de lo que parece.
La breve carrera diplomática de Diego Maradona es, en definitiva, una postal de una época en la que el fútbol era mucho más que un juego: era una cuestión de Estado, de imagen y de identidad nacional. Un capítulo más en la apasionante historia de la Copa del Mundo y de los ídolos que la marcaron para siempre.