El plan del Gobierno para bloquear la avanzada sobre Adorni: la negociación con gobernadores aliados y un PJ dividido
En la Casa Rosada confían en reunir apoyos para evitar una derrota en el Congreso. Mientras el kirchnerismo busca ir a fondo, otro sector opositor apuesta por una estrategia más cautelosa.
La semana fue intensa y, desde el principio, el Gobierno quedó atrapado en una encrucijada. Ahora, la definición tiene fecha: 2 de julio. El mensaje de los aliados fue contundente: si Manuel Adorni no se va o Javier Milei no lo destituye para esa fecha, los senadores intentarán poner en marcha el mecanismo para removerlo.
Claro que faltan dos semanas. Es un plazo suficiente para negociar y dar vuelta la votación, especialmente si prospera la idea de un sector del peronismo de no jugar a fondo, porque no cuenta con los votos suficientes.
A esta altura, el affaire Adorni ya dejó de ser un tema judicial para convertirse en una trama política.
Ocurre que recién en agosto la Justicia le pedirá al actual jefe de Gabinete que justifique sus bienes e ingresos y, si no resulta convincente, solo después será llamado a indagatoria. Dos o tres meses, en la Argentina, equivalen al mediano plazo. Desde que el caso estalló en marzo, el Gobierno ya pagó el costo político de sostenerlo en el cargo y un eventual procesamiento difícilmente modifique la imagen que la sociedad ya se formó sobre la situación.
El problema que el Gobierno tiene por delante es político. Está en juego su política de alianzas y su capacidad de gestionar la agenda legislativa. Por ejemplo, la posibilidad de aprobar en Diputados un nuevo régimen de inversiones, el denominado super-RIGI, y, sobre todo, el pago de US$170 millones a los bonistas, una decisión impostergable porque vence el 30 de junio.
La oposición pidió una sesión para el martes con el objetivo de votar la interpelación de Adorni. Seguramente fracase, pero Martín Menem deberá organizar otra sesión para tratar esos temas. El caso ya no involucra solo al jefe de Gabinete: también pone en entredicho la gestión política del Gobierno en el Congreso.
Una semana al borde del quiebre
El miércoles todo parecía a punto de estallar y descarrilarse. Estaba previsto que al día siguiente se realizara una sesión en el Senado. Unión por la Patria quería avanzar contra Adorni, pero no tenía los votos. El problema lo planteaban los aliados, que amenazaban con sumarse.
Finalmente, se resolvió que la sesión se realice el jueves próximo y será a suerte o verdad: si para entonces Adorni sigue en su cargo, se someterá a votación la posibilidad de interpelarlo el 2 de julio.
El PRO, con su comunicado y con las declaraciones de Fernando de Andreis la voz de Mauricio Macri y del senador Martín Goerling, había encendido la luz amarilla. Ambos sostuvieron que el funcionario no debería seguir un día más en el cargo. También fue contundente el radical Maximiliano Abad.
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Días antes, la libertaria Patricia Bullrich, al cuestionar a Adorni, ya había dado la voz de alarma y ahora todos se sintieron corridos por derecha. Nadie quiso quedarse atrás.
No hay que olvidarse de leer todos los movimientos en clave electoral de 2027. Bullrich deja trascender que no quiere ser jefa de Gobierno porteña y que aspira a ser la compañera de fórmula de Milei.
El PRO, por su parte, sostiene que Milei dejó de impulsar el cambio y que ese partido es el verdadero garante de la continuidad del modelo. El tema le viene como anillo al dedo, sobre todo porque Mauricio Macri cuestionó al Presidente por haber designado a Adorni y también por su insistencia en sostenerlo en el cargo.
Las cartas que todavía guarda Milei
En La Libertad Avanza, en cambio, ningún oficialista votará en contra de Adorni. El Presidente dio señales de preferir que el funcionario continúe. Milei considera que permitirle renunciar o despedirlo equivaldría a entregarlo a la oposición, a los medios y a algunos grupos empresarios que, luego, irían por su propia cabeza.
Incluso, algunos imaginan que la estrategia del Presidente debería ser atravesar la tempestad legislativa y protagonizar una gesta heroica de la que, si gana las votaciones, saldrá fortalecido.
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Hasta ahora, Milei nunca se dejó acorralar ni cedió ante las críticas. ¿Por qué lo haría esta vez? ¿Llegará a arriesgarse a una votación y sufrir una derrota? ¿Renunciará Adorni a último momento? ¿O tal vez tiene alguna chance de ganar la votación legislativa? Quedan siete días para seguir negociando.
Milei todavía puede esconder dos cartas salvadoras. Una es la visión de los gobernadores aliados. En los últimos días, hubo varias conversaciones entre mandatarios del norte y de provincias cordilleranas. Están convencidos de que la continuidad o no de Adorni es un tema del Presidente y de la Justicia, en el que ellos no deben intervenir.
La otra carta es inesperada: el peronismo jugará en dos velocidades. El kirchnerismo dice que quiere ir a fondo e imagina la interpelación y la remoción de Adorni. Pero otro sector del peronismo, más racional y estratégico, considera que no se justifica avanzar porque no están los votos. En última instancia, entiende que no hay que darle razones a Milei para victimizarse y que resulta más conveniente dejar que sostenga a Adorni, porque eso lo desgasta frente a la opinión pública.
El trámite legislativo para remover a un jefe de Gabinete es engorroso y requiere conseguir quórum y reunir mayorías absolutas en ambas cámaras. Es decir, demanda varias votaciones que se realizan en distintos días. El escenario no es sencillo, pero el Gobierno todavía tiene margen para maniobrar.