La AFA auspiciada por un gigante mundial de las apuestas
Sumó como sponsor a una de las mayores plataformas de apuestas del mundo. Mientras crecen los casos de ludopatía adolescente, especialistas advierten sobre la normalización de una industria que convierte la pasión por el fútbol en un negocio basado en la adicción, la deuda y el sufrimiento.
Confiá,o Si lo creés, es real, son los slogans de una de las mayores plataformas de apuestas del mundo. Se trata de un nuevo auspiciante de la Selección Argentina para el Mundial. La AFA lo anuncia como si se tratara de un acuerdo con una algodonera, desestimando los enormes daños que pueden causar las apuestas online: Continuamos consolidando el crecimiento de nuestra Asociación generando partnerships con marcas de primer nivel. Que una compañía internacional elija a la Selección Argentina nos fortalece en un momento de enorme expectativa, y ratifica que nuestro fútbol sigue siendo un referente indiscutido en la élite del deporte internacional.
El dirigente que firmó este contrato no puede desconocer que las apuestas generan adicción.
Kaizen Gaming es una de las empresas más grandes de juegos de azar en el mundo. Dice que está centrada en la tecnología y las personas, y esto no es así. Es un manual de lavado de imagen, es la misma estrategia que utilizaron las tabacaleras hasta que las obligaron a poner en los atados de cigarrillos: Fumar mata. Es una trampa semántica cuando confiar significa depender. Nadie habla del rol cómplice de la AFA, este organismo rector del fútbol que acaba de vender la camiseta más sagrada del deporte argentino a una casa de apuestas, a cambio de legitimar una industria que destruye familias, a cambio de enviar un mensaje bien claro: que apuesten porque es parte del fútbol y que confíen. Me parece una campaña tremenda y perversa, dice Mariana Savid Saravia, psicopedagoga, especialista en Cultura Digital Saludable, Mediación y Convivencia Escolar: desde hace años trabaja para concientizar sobre los efectos de la industria del juego, un negocio que construye su éxito sobre la pérdida, la desesperación, los trastornos mentales y, en muchos casos, sobre los suicidios de adolescentes y adultos que no encontraron otra salida.
Sería mejor que no confiemos en una campaña, que confiemos en el diálogo, en la prevención y que confiemos en que todavía estamos a tiempo de frenar esto, pero que es una responsabilidad colectiva y para eso hay que actuar antes de que empiece el Mundial.
El juego como trampa
De acuerdo con el informe del Observatorio Humanitario de Cruz Roja Argentina, que relevó 11.421 encuestas en 231 escuelas secundarias de 16 provincias, el 79 por ciento de los estudiantes reconoce que las apuestas pueden generar adicción, el 69 por ciento informó haber sufrido ansiedad o malestar y casi la mitad declaró alteraciones en los hábitos de sueño y afectación del rendimiento escolar. Se suma un dato alarmante: el 12 por ciento quedó endeudado por jugar.
Los efectos emocionales se registran con mayor profundidad en mujeres y en adolescentes mayores de 16 años, donde crece la percepción de riesgo.
Las publicidades ponen contra la pared a los consumidores, sobre todo a los más vulnerables: los adolescentes. Ofrecen cofres, recompensas y mensajes cercanos a la manipulación para que nadie pueda dejar de utilizar las apps.
La normalización de los juegos de azar atraviesa todas las dimensiones y no hay ley que se ejecute y los frene. Los chicos ya no hablan de los partidos de fútbol. Hablan de apuestas combinadas, de pronósticos de tipsters que les prometen dinero fácil. Algunos tienen 12 años y ya saben qué plataforma paga mejor. No están viendo el Mundial, están viendo un tablero de apuestas. Muchos ya no disfrutan del fútbol. Viven pendientes de si es gol, palo, amarilla, roja o penal para ver cuánta plata ganaron.
Lo más llamativo es que ni el Poder Ejecutivo, ni los legisladores, ni los ídolos deportivos priorizan la salud mental de los más vulnerables. En el peor de los contextos --el 20 por ciento de los adolescentes está apostando--, la billetera virtual más usada en el país y la plataforma de compra-venta más grande, lanzan un sistema de predicciones deportivas con premios económicos a los mejores pronosticadores. No es una apuesta técnicamente, pero es una maniobra más para normalizar las apuestas en nuestra vida cotidiana y en la de los chicos en particular. Lo que tardábamos en deteriorarnos en diez años, ahora los chicos se deterioran en diez meses. ¿Quién va a recoger los pedazos?, pregunta Federico Pavlovsky, médico psiquiatra especialista en consumos problemáticos y director del Dispositivo Pavlovsky, centro de recuperación de personas con adicciones.
Marisa Bondaruk (55) --prefiere no utilizar su verdadero nombre para preservar a su familia-- no puede dejar de pensar en el daño que causó a su familia apostando. Asume que es la responsable de que se hayan quedado prácticamente en la calle, tras haber perdido una fortuna en el juego. Hoy no puedo pagar ni siquiera una obra social para mis chicos. Mientras estuve casada llevé una vida de reina. No trabajaba, me ocupaba de los chicos y tenía una agenda cargada de actividades vacías. Mi ex ganaba muy bien. Cuando nos divorciamos, con lo que me pasaba no me alcanzaba y no sabía de qué trabajar. Un conocido me invitó un día al casino. El primer día gané lo suficiente para arruinarme la vida a mí y, sobre todo, al menor de mis hijos, que comenzó a imitarme y no puede dejar de hacer apuestas online.
Gustavo cursa el último año de la secundaria y cree que con lo que ganará en el Mundial será suficiente para pagar el tendal de deudas que acumula.
El deporte como estímulo de la compulsión
La compulsión por el juego es tratada como una adicción más, una que puede poner en riesgo la vida de quien la padece y destruir todos sus vínculos.
Fernando Cerrato (41) es operador terapéutico en adicciones y estudiante de Psicología. Ayuda a quienes están transitando el infierno de la ludopatía desde su propia experiencia. Empecé a los 16 años, yendo de manera presencial al casino con amigos y familia. Al principio era de forma social, para divertirme, hasta que con el tiempo se fue haciendo cada vez más compulsivo. En un momento pasé la línea invisible que separa al jugador social del jugador compulsivo y ya no tuve vuelta atrás. Recuerdo que, al perder a mi madre de un día para el otro, el juego y la apuesta generaban en mí una sensación de evasión y de anestesia emocional muy grande. La pérdida dolía, el abandono de mi padre dolía, la falta de dinero, la vida en general dolía, y entonces encontré en la apuesta una forma de no pensar y no sentir, al menos por un rato.
La ludopatía es multifactorial --contexto, vínculos, antecedentes de familiares que apuestan-- y, en lo emocional, el dolor y la angustia pueden ser predictores del desarrollo de una adicción. El aburrimiento, la búsqueda de pertenencia, la búsqueda de diversión, el dinero fácil y la publicidad son factores que pesan mucho en la actualidad para que resulte atractivo y cada vez más chicos y chicas estén jugando.
En noviembre de 2024, Diputados aprobó un proyecto impulsado por la Coalición Cívica que prohíbe la publicidad de apuestas, promociones con influencers y bonos de bienvenida, y exige controles biométricos para impedir el acceso de menores de edad a casinos. En cambio, el proyecto impulsado por el Poder Ejecutivo plantea la batalla contra los operadores clandestinos, pero no prohíbe la publicidad, los bonos de bienvenida ni el negocio en el fútbol. Mientras las vidas de miles de familias quedan detonadas por las apuestas online, dos proyectos de ley duermen en el Congreso. porque ninguno de ellos fue tratado por el Senado.