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Concordia 1021 Digital 16/06/2026 23:19 8 min de lectura

Victorias sociales en Suiza. Las urnas borran iniciativa xenofóbica

Victorias sociales en Suiza. Las urnas borran iniciativa xenofóbica
Foto: Concordia 1021 Digital

Con una clara mayoría la ciudadanía helvética frenó una iniciativa que

proponía controlar el número de inmigrantes y refugiados. Casi el 55 %

de los votantes rechazaron en las urnas esta propuesta que de haberse

aprobado hubiera impuesto un control inmigratorio aún más fuerte para

evitar que el país llegue a los 10 millones de habitantes.

Sergio Ferrari

Journaliste RP/periodista RP

La iniciativa fue promovida por el Partido Popular Suizo, PPS, (Unión

Democrática de Centro, según sus siglas en francés), principal

formación de extrema derecha y primera fuerza electoral del país. El

PPS controla un 30% del electorado, cuenta con una fuerte presencia en

el legislativo y dispone de dos de los siete puestos del ejecutivo

colegiado, en lo que se denomina la fórmula mágica, con cuatro

partidos que integran el Gobierno nacional.

Bofetada a la ultraderecha

¡No a una Suiza de 10 millones!, el proyecto denominado también como

Iniciativa de Sostenibilidad, proponía definir un techo poblacional

máximo hasta 2050. Si antes de esa fecha la población suiza -que

actualmente es de 9.1 millones de personas- superara los 9.5 millones,

esta iniciativa, pretendía que el Gobierno y el legislativo tomaran

las medidas necesarias a fin de frenar el crecimiento demográfico. La

primera de ellas, una drástica restricción de nuevos ingresos por

asilo y reunificación familiar. Si no fuera suficiente, en una segunda

fase, la Confederación Helvética renegociaría los acuerdos europeos

que facilitan la inmigración laboral. Hasta llegar, si fuera

necesario, a rescindir su actual acuerdo con la Unión Europea (UE)

sobre la libre circulación de personas. De caerse ese acuerdo deberían

rescindirse los demás tratados bilaterales que rigen la estrecha

cooperación entre Suiza y la Unión Europea, llevando al país alpino a

un riesgoso aislamiento continental.

La población actual en Suiza es casi dos millones más alta que al

inicio del siglo cuando registraba algo más de 7 millones. Más de una

cuarta parte de la población residente es extranjera, base esencial

para el crecimiento en un país donde la natalidad se encuentra en

mínimos históricos. Amplios sectores clave de la vida del país como la

salud, los cuidados (atención a ancianos y personas con capacidades

diferentes), la construcción, el comercio, así como la restauración y

hotelería entrarían en crisis si se limitara drásticamente la mano de

obra extranjera.

En contra de esta iniciativa se habían expresado, formalmente, el

gobierno y el parlamento, así como los principales partidos, desde los

socialistas y los verdes hasta la izquierda extraparlamentaria, los

radicales-liberales (derecha empresarial pro-europea) y el

autodenominado Centro, de origen democratacristiano.

También se opusieron los sindicatos, Organizaciones No Gubernamentales

(ONG) ambientales y de cooperación, asociaciones de derechos humanos y

de protección de migrantes y demandantes de asilo. Fueron estos

últimos los que más activamente movilizaron en especial en las grandes

ciudades para asegurar el resultado que hasta días antes se proyectaba

casi como empate técnico entre pro y contras.

Rechazo contundente, pero

Si bien las cifras fueron claras una advertencia flota en el panorama

político nacional. El Partido Popular que lanzó esta iniciativa logró

romper el techo histórico de su propio electorado y obtuvo casi el 45%

de la simpatía de los electores helvéticos. Tras el tema de la

inmigración, la ultraderecha conservadora acaparó la simpatía de

sectores de centro y derecha que van mucho más allá de su propia base

electoral. Nuevamente, como sucede en toda Europa y en muchas otras

latitudes, la dicotomía entre el ser nacional y el extranjero (sea

trabajador regularizado, temporero, refugiado o solicitante de asilo)

confronta posiciones, polariza sociedades y se convierte en el gran

debate político-ideológico de estos tiempos. El miedo al otro, al

diferente, juega de válvula de escape en realidades donde ciertos

problemas, en particular la escasez de vivienda o la sobrecarga de

ciertos servicios (transportes, hospitales) preocupan a una buena

parte de la población. De ahí la trascendencia continental de este

domingo electoral helvético.

El editorial del cotidiano progresista suizo Le Courrier del lunes 15

de junio advierte sobre tal dicotomía, aunque festeja la victoria

sobre esta iniciativa a la que califica de engañosa, manipuladora y

xenófoba. Engañosa, porque atribuye a la inmigración una serie de

problemas que no habrían encontrado ninguna resolución en caso de

establecerse contingentes migratorios. Por ejemplo, la carencia de

vivienda, uno de los males principales del que se responsabiliza a

los extranjeros. En realidad, los esfuerzos para sacar la vivienda de

la espiral especulativa son sistemáticamente bloqueados por los

propios grandes grupos económicos que, al mismo tiempo, utilizan este

tema como bandera de denuncia contra el Estado.

Manipuladora, porque la iniciativa, también denominada de la

sostenibilidad, argumentaba defender el medio ambiente en tanto son

el Partido Popular Suiza y la derecha suiza los que pregonan el

regreso a la energía nuclear y defienden a muerte el uso del automóvil

y quisieran debilitar el transporte público. Más de una vez, esa

fuerza de derecha que proclama la sostenibilidad, ha avanzado

posiciones negacionistas del cambio climático y del calentamiento

global, como muchas de las extremas derechas en los distintos

continentes.

El condimento xenófobo de la iniciativa frenada en las urnas este

segundo domingo de junio, según Le Courrier, se expresa una vez más en

la ofensiva contra los inmigrantes en general y los solicitantes de

asilo en particular, aunque este último grupo represente un escaso

1,6% de la población total del país.

La mirada externa

El rechazo de la iniciativa «No a una Suiza de 10 millones» es

interpretada por analistas y medios de prensa internacionales como un

voto a favor de la estabilidad, de la apertura y, en particular, de la

continuidad de las relaciones privilegiadas con los vecinos europeos.

Enfatizan los riesgos que un tope a la población habría supuesto para

las relaciones de la Confederación Helvética con la Unión Europea, de

la cual depende en su comercio en general. Parte significativa de las

importaciones de alimentos y elementos esenciales llegan de la UE y el

50% de sus exportaciones está dirigido a sus socios del continente.

Según el cotidiano francés Le Monde, gracias a la derrota en las urnas

del 14 de junio, «Suiza no se convirtió en el primer Estado del mundo

en fijarse un techo demográfico, como proponía una iniciativa cuyo

objetivo principal era cerrar las puertas a la inmigración».

El País de España, analiza que la propuesta populista ponía en riesgo

la relación con Bruselas porque, en última instancia, exigía la

ruptura con la libre circulación de personas del bloque comunitario.

Y concluye que los votantes, al final, han apostado por mantener este

vínculo y su modelo de estabilidad económica, en el que se considera

esenciales a los trabajadores inmigrantes para seguir creciendo.

Por su parte el británico The Guardian recuerda que, aunque muchos

países restringen la inmigración, ninguno ha intentado nunca

establecer un techo demográfico mediante votación, lo que confería a

este escrutinio un alcance internacional inédito.

Por su parte el cotidiano italiano Corriere della Sera destaca cómo el

tema de la inmigración divide aguas y es el más difícil de gestionar

para los partidos tradicionales. Y señala que se trató de una de las

campañas más costosas de la historia suiza. Y la revista alemana Der

Spiegel escribe: Quien no confía en el pueblo ya ha perdido la mitad

de la democracia. El resultado de la votación es una prueba más de

que los ciudadanos son perfectamente capaces de tomar decisiones

complejas. El argumento populista no siempre gana, declaró el

responsable de la redacción de exteriores de Spiegel.

Más allá de las urnas

El mismo fin de semana de la votación de la iniciativa, la sociedad

civil suiza protagonizó una jornada de intensa movilización. En

Ginebra, el propio domingo 14 de junio, miles de personas se

manifestaron contra la cita anual del G7 (Grupo de las 7 grandes

potencias económicas capitalistas) que comenzó el lunes 15 en Evian,

Francia, a apenas 40 kilómetros de distancia de la Ciudad de Calvino.

Constituyó una de las protestas anti sistémicas de mayor importancia

del último lustro en el país.

En paralelo, el sábado 13 y domingo 14, miles de mujeres, hombres

solidarios y representantes de las diversidades, participaron en las

principales ciudades helvéticas (Lausana, Ginebra, Zurich, Berna,

Basilea, entre otras) en activas manifestaciones callejeras.

Celebraban así la Huelga Feminista (también conocida como Grève

Féministe o Frauenstreik), jornada anual que conmemora la histórica

huelga de mujeres de 1991, exigiendo igualdad de derechos, mejoras

salariales y numerosas reivindicaciones específicas en cada sector de

actividad. En esta oportunidad, además, varias de las convocatorias

subrayaron la necesaria confluencia entre los feminismos, la lucha

contra la xenofobia y la prepotencia económica imperial de las grandes

potencias.

Suiza, pequeño y tranquilo país, tapón alpino, centro geográfico de la

Europa Occidental, vivió así un fin de semana de amplia movilización

social. De las urnas a las calles, importantes actores de la sociedad

civil alzaron sus voces, en este caso críticas y con éxitos evidentes.

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