De las vacas al helicóptero con un caudillo a bordo: curiosidades de los barrios de Pocito
El libro Pocito, mi lugar en el mundo desclasifica anécdotas asombrosas sobre el origen de los vecindarios más emblemáticos del departamento.
El primer barrio estatal de Pocito es recordado popularmente por la presencia de ganado antes que por sus casas. En otro sector del departamento, los vecinos debían cumplir obligatoriamente miles de horas de trabajo físico para poder recibir sus llaves. Incluso se cuenta que una de las barriadas más pujantes nació gracias a que sus propios habitantes, obreros rurales, compraron una máquina para fabricar bloques de cemento en sus ratos libres. Estos relatos de superación y curiosidad son realidades documentadas en el libro "Pocito, mi lugar en el mundo: villas, barrios y calles".
Esta obra se presenta como una herramienta fundamental para reconstruir y preservar la identidad local a través del rescate de la memoria oral de los vecinos. El libro permite comprender que Pocito es una ciudad viva y dinámica donde cada conglomerado creció al ritmo de los sueños de las familias que lo habitaron. En el sector dedicado específicamente a los barrios, el texto desentraña datos asombrosos que explican el carácter único de cada rincón del departamento.
El libro "Pocito, mi lugar en el mundo" es el resultado de un exhaustivo trabajo liderado por el periodista Daniel Tejada, junto a Viviana Pastor, Mariela Otarola y Eduardo Merino. El proyecto surgió ante la falta de registros sobre estas historias en plataformas digitales como Google, por lo que el equipo recurrió directamente a la investigación de campo y al testimonio de los protagonistas. Con el apoyo de la Municipalidad de Pocito y el intendente Fabián Aballay, la obra se distribuye de forma gratuita y digital para asegurar que el legado de quienes forjaron el departamento llegue a las nuevas generaciones. El volumen no solo indaga en los orígenes de las casas y antiguos almacenes, sino que funciona como un acto de gratitud hacia la cultura del trabajo que define a esta tierra.
Se dice sobre los barrios pocitanos...
Al sumergirse en la historia del Barrio Eva Duarte de Perón, el lector descubre que la memoria colectiva lo bautizó de forma muy particular. Los vecinos de la zona lo llamaban el barrio de las vacas, apelativo que surgió porque, antes de la edificación, un lechero de la zona llevaba a sus vacas a pastar justo en ese predio que era muy verde, dejando una marca imborrable en el imaginario popular.
Por otro lado, el Barrio Tadeo Rojo guarda una de las historias de esfuerzo más rigurosas del departamento. Inaugurado en 1975, su construcción dependía de un sistema de ayuda mutua donde la comodidad no estaba garantizada desde el inicio; según recuerda el libro, cada adjudicatario debía cumplir 4.200 horas de trabajo... acá nadie recibía la casa hecha: había que ganársela con el cuerpo. Esta misma barriada destaca por la magnitud de su vida familiar, con lotes diseñados para albergar a familias numerosas, algunas de ellas con hasta 13 hijos.
La solidaridad obrera tiene su máximo exponente en el Barrio Río Negro, donde un grupo de trabajadores rurales decidió no esperar a que las soluciones cayeran del cielo. Para concretar el sueño de la vivienda propia, compraron una bloquera con la intención de que parte de la producción estuviera destinada a la construcción de las casas, trabajando en ella incansablemente después de sus jornadas en el campo. En este mismo barrio, el sentido de comunidad se extendía a lo festivo y lo sagrado con los llamados luneros, un grupo de músicos que se juntaban todos los lunes a cantar y tocar la guitarra en la plaza o la unión vecinal.
El deporte también fue un motor de identidad, como ocurrió en el Barrio Soler, el más moderno de la villa cabecera al momento de su inauguración en 1980. Allí, la unión entre familias dio vida a instituciones entrañables; el texto relata que de esos encuentros entre vecinos nació también el equipo de baby fútbol Los Lechuguitas que supo unir corazones. En una sintonía diferente, el Barrio Quinto Cuartel revela una curiosidad toponímica, ya que su nombre no tiene un origen militar, sino que responde a una división territorial de 1825, cuando el departamento quedó comprendido en los terrenos ubicados al oeste del canal.
En la zona de Carpintería, el Barrio Municipal protagonizó un evento casi cinematográfico para la época. El 9 de julio de 1982, la entrega de llaves adquirió una escala provincial cuando un helicóptero aterrizó en un descampado al Oeste del flamante barrio para que descendiera el gobernador Leopoldo Bravo. Muy cerca de allí, el Barrio Chubut tuvo un inicio marcado por la urgencia de la naturaleza; aunque las casas estaban listas, su entrega definitiva se precipitó porque una crecida afectó las viviendas precarias de la zona y obligó finalmente a adjudicar las 110 casas.
Finalmente, el Barrio La Rinconada reclama un lugar de privilegio en la historia sanjuanina por su antigüedad y relevancia estratégica. Mucho antes del desarrollo de otros núcleos urbanos, este sector ya era un eje vital, al punto de que el libro lo describe como el centro organizado fundacional de la población comarcal, mucho antes que la villa cabecera, concentrando el movimiento mercantil desde comienzos del siglo XIX.