Bielsa busca revancha en el Mundial, el escenario de sus mayores frustraciones: "Pagaría todo lo que gané en estos años por ser campeón"
El Loco vuelve a la Copa del Mundo, el torneo máximo de selecciones que lo dejó marcado desde el golpe de Japón 2002 con la Selección Argentina.Su recorrido en la Copa y las expectativas en el que podría ser su último baile.
Si todo lo que gané en los años que estoy aquí me lo piden a cambio de salir entre los cuatro primeros o campeón del mundo, ¿quién no lo paga?. La frase pertenece a Marcelo Bielsa, resumiendo mejor que cualquier análisis lo que representa para él la Copa del Mundo 2026. Porque detrás del entrenador obsesivo y del personaje que divide opiniones como pocos en el fútbol, hay un técnico que, a sus 70 años, todavía persigue una cuenta pendiente: tener una revancha que no pasa necesariamente por levantar el trofeo, sino por sentirse pleno en el escenario que más alegrías le prometió y más frustraciones le dejó.
Bielsa y los Mundiales conforman una combinación imposible de ignorar. Las pasiones cruzadas que despierta el rosarino nacieron, en gran medida, allí: en el torneo que más expone y que menos perdona. Este lunes, cuando Uruguay debute frente a Arabia Saudita en el Grupo E, volverá a sentarse en el banco de una Copa del Mundo por tercera vez. Será su regreso a la competencia 24 años después de Corea-Japón 2002 con Argentina y 16 después de Sudáfrica 2010 con Chile. Dos experiencias valoradas de manera distinta, pero atravesadas por la sensación de haberle dejado cuentas pendientes.
No esperamos un partido sencillo. En el fútbol actual es difícil imaginar oponentes accesibles. Cuesta mucho superar a cualquier equipo, expresó ante la FIFA, en una declaración que sintetiza su mirada sobre la paridad del fútbol moderno. Pero sabe mejor que nadie lo que tiene en juego. "Dudo de que no vean el Mundial con ilusión, con expectativa y con placer. Yo siento las tres cosas, pero con el peso de la responsabilidad de asumir lo que significa la ilusión de la gente", reconoce el Loco.
Hablar de Bielsa suele conducir a discusiones sobre métodos, legados e influencias. Para algunos, revolucionó la manera de entender el juego. Para otros, se trata de un técnico cuya influencia no es lineal con los logros cosechados. Pero cuando el análisis se traslada a los Mundiales, el foco cambia: aparecen los fantasmas, los recuerdos y el capítulo que marcó su historia en ese escenario.
El principal punto de inflexión sigue asociado a la espina del Mundial 2002, con la eliminación de Argentina en fase de grupos, después de haber arrasado en las Eliminatorias. Aquella campaña, marcada por decisiones tácticas discutidas y un desgaste físico progresivo del plantel, se transformó en una sombra eterna para la carrera del Loco y en el filtro a través del cual muchos decidieron observarlo.
El propio entrenador nunca intentó escapar de ese recuerdo. Decidió convivir con aquella derrota y revisitarla públicamente una y otra vez. En 2002 estaba convencido de que íbamos a ser campeones del mundo y no pasamos la primera fase, reconoció años después. Incluso fue más lejos al definirse como protagonista del peor fracaso del fútbol argentino. Y completó la autocrítica con una explicación sencilla. No logré que el pico de rendimiento se extendiera para cuando era indispensable.
La primera oportunidad de reescribir esa historia llegó ocho años después. En la Selección de Chile encontró un proyecto dispuesto a abrazar sus ideas. Con jóvenes como Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Gary Medel y Claudio Bravo, transformó a una selección que llevaba doce años sin disputar una Copa del Mundo y forjó los cimientos de una generación que terminaría marcando época.
Igualmente, Sudáfrica 2010 terminó siendo una reivindicación parcial para Bielsa: Chile llegó hasta los octavos de final, donde quedó eliminado por Brasil. No obstante, el recorrido fortaleció el prestigio del entrenador y dejó una huella positiva en el fútbol chileno, pero tampoco alcanzó para cerrar definitivamente aquella cuenta pendiente personal que seguía abierta desde 2002.
Pasaron los años y el Loco se subió al tren europeo para continuar difundiendo su metodología. Llegaron Athletic Club de Bilbao, Olympique de Marsella, Leeds United y nuevas muestras de una influencia que trascendió fronteras. Su figura creció hasta convertirse en referencia para entrenadores como Pep Guardiola o Mauricio Pochettino.
Pese a los recurrentes elogios de sus discípulos, la grieta Bielsa nunca perdió vigencia. Ahora, el Loco llega a esta aventura mundialista en un contexto distinto. No lo hace envuelto en la euforia de sus anteriores participaciones. Llega discutido, en un contexto de incomodidad creciente que se arrastra desde la Copa América 2024.
Tras el torneo, declaraciones explosivas de Luis Suárez sobre el feedback del técnico con el plantel (Hicieron una reunión para pedirle que por lo menos nos dijera buen día) abrieron un foco de tensión que se sumó a un flojo cierre de Eliminatorias y chispazos por sus elecciones tácticas.
En ese marco, la previa también dejó señales de su estilo inconfundible. Quedó a la vista en llegada a Norteamérica, donde accedió a una entrevista y respondió seis preguntas en 38 segundos. Una escena inesperada que se sumó a otra imagen que no pasó inadvertida: en la producción oficial de fotos del torneo, evitó mirar a cámara y posó con la vista hacia abajo, en línea con una forma de moverse dentro de un molde propio.
HABLÓ BIELSA
DSPORTS Uruguay (@DSportsUY) June 10, 2026
El DT de Uruguay charló con @solesejas y respondió algunas de las dudas más importantes de la Selección Uruguaya de cara al #MundialEnDSPORTS.#DSPORTSNoticiasLite pic.twitter.com/khoz7x1AdX
Quizás por eso esta Copa del Mundo tenga un significado especial para él. Porque más allá de los resultados, vuelve a encontrarse con su mayor desafío, el escenario donde nacieron muchas de sus críticas, pero también gran parte de su figura como entrenador. Y con la posibilidad de buscar una nueva revancha frente a esos fantasmas que lo acompañan desde hace más de dos décadas. La tercera oportunidad ya está en marcha. Ahora le toca intentar convertirla en la definitiva.
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