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Provinciales
Nova Entre Rios 14/06/2026 09:31 3 min de lectura

El radar de la impunidad: el narcotráfico adueñado del cielo en el sur entrerriano

Ceibas / Islas del Ibicuy, Entre Ríos El silencio del campo entrerriano se quiebra siempre a la misma hora: entre la última luz del atardecer y la madrugada profunda. No es el viento, tampoco el zumbido de un tractor. Es el eco de un motor a baja a

Ceibas / Islas del Ibicuy, Entre Ríos El silencio del campo entrerriano se quiebra siempre a la misma hora: entre la última luz del atardecer y la madrugada profunda. No es el viento, tampoco el zumbido de un tractor. Es el eco de un motor a baja altura, una sombra sin luces que corta el cielo rasante. En los departamentos de Islas del Ibicuy y Gualeguaychú, los vecinos ya no hablan de sospechas; hablan de una certeza que se instaló en sus rutinas: la existencia de una zona liberada para los vuelos del narcotráfico.

Los testimonios recolectados en la zona rural de Ceibas y los parajes ribereños de las Islas del Ibicuy dibujan un mapa de impunidad geográfica. La geografía del lugar es perfecta para el crimen organizado: humedales inmensos, caminos vecinales de tierra propicios para la improvisación de pistas clandestinas, montes tupidos y, fundamentalmente, una alarmante ausencia de control estatal y de radares de cobertura efectiva a baja altura.

“Pasan tan bajo que tiemblan las chapas”.

Los pobladores locales conviven con el miedo, pero la indignación empieza a ganarle al silencio. Por razones de estricta seguridad, sus nombres reales han sido preservados.

“Acá nos conocemos todos y sabemos cuándo algo anda mal. Desde hace meses, las avionetas pasan dos o tres veces por semana. Pasan tan bajo que te hacen temblar las chapas del rancho”, relata un productor ganadero con campos cercanos a la Ruta Nacional 12. “No usan luces. Se meten por los callejones de monte y bajan en las estancias más alejadas o tiran los bultos directamente en los bañados. Nadie ve nada, nadie persigue a nadie”.

En las aldeas y parajes isleños, donde la conectividad es escasa y la presencia policial se limita a destacamentos con pocos recursos, los vecinos se sienten desamparados. “Es un secreto a voces”, aporta un trabajador vial de la zona de Ibicuy. “A la noche ves camionetas que no son de la zona dando vueltas por caminos vecinales que no van a ningún lado. Esperan el bombardeo de la droga. Si los paisanos los ven, se meten adentro y cierran todo. Nadie se va a hacer pegar un tiro por denunciar lo que el propio Estado prefiere no ver”.

La ruta del “bombardeo” en el Delta.

El modus operandi denunciado por los lugareños responde a una logística aceitada. Las narcoavionetas muchas de ellas con matrícula paraguaya o adulterada ingresan al espacio aéreo provincial y utilizan los ríos Paraná e Uruguay como guías visuales. Al llegar a la zona de islas y bañados de Ceibas, ejecutan dos modalidades:

El “bombardeo”: Arrojan cargamentos de cocaína o marihuana en coordenadas específicas del humedal en bolsas selladas e impermeables, listos para ser recogidos por lanchas rápidas o camionetas 4×4.

Aterrizajes exprés: Utilizan caminos rurales rectos o campos vecinales previamente marcados con reflectores o fogatas. En menos de cinco minutos bajan, descargan y vuelven a despegar.

La elección de Islas del Ibicuy y Ceibas no es casual. Su conectividad estratégica permite que la droga copada en el Delta sea rápidamente distribuida hacia los grandes centros de consumo como el Conurbano bonaerense y Rosario, o bien desviada hacia las terminales portuarias con destino internacional a través de la Hidrovía.

Un reclamo que exige respuestas urgentes.

A pesar de algunos secuestros de aeronaves abandonadas o de operativos esporádicos de fuerzas federales en la provincia, la sensación en el territorio es que los esfuerzos son insuficientes frente a la magnitud del negocio. La comunidad de Entre Ríos asiste a una peligrosa naturalización del fenómeno: el cielo ya no les pertenece a las aves ni a los fumigadores; se convirtió en la autopista clandestina del crimen organizado.

Mientras el espacio aéreo siga desprotegido y las denuncias de la gente de campo terminen archivadas por el temor o la desidia judicial, Ceibas y las Islas del Ibicuy seguirán figurando en las hojas de ruta del narcotráfico como la puerta de entrada libre a la Argentina profunda.

Redacción: Nova Comunicaciones.

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