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Provinciales
Tiempo Argentino 13/06/2026 21:10 4 min de lectura

Adorni y la corrupción en Costa Pobre

La pregunta es si Milei es Menem o más bien el general José de la Vega que creó el genial Olmedo.

Adorni y la corrupción en Costa Pobre
Foto: Tiempo Argentino

El caso Adorni se parece a la escena de la película Titanic en la que el capitán ordena navegar a todo vapor y termina chocando contra un iceberg en el Atlántico Norte. Luego del impacto, el agua comienza a entrar y a inundar toda la estructura del barco. En otra escena, el constructor del Titanic, Thomas Andrew, despliega un mapa sobre una mesa y le explica al capitán y al financista del proyecto que su obra se hundirá.

Adorni termina de quebrar la idea de la supuesta pureza de lo nuevo. El mileísmo logró crear la ilusión de que los outsiders de la política no tenían los viejos vicios de las estructuras más antiguas. Y que eso garantizaba transparencia y honestidad en el manejo de la cosa pública. El mito ya había comenzado a quebrajarse con el caso $Libra y los audios de Diego Spagnuolo confesando que debía recaudar un 3% para Karina en las compras de la Agencia Nacional de Discapacidad. Adorni le da la estocada final.

A esto se suma un componente bizarro. Es el jefe de Gabinete de Costa Pobre, la isla bananera que gobernaba el general José de la Vega, personaje creado por Alberto Olmedo. Adorni cayó bajo la lupa por una cascada de 3500 dólares y un vuelo a Punta del Este de 4500. Sobre eso se sumó el medio palo -eso es poco más- escondido en un pendrive donde guardó el supuesto fruto de su gran éxito como especulador del mundo cripto.

Cuando Mauricio Macri llegó a la presidencia vendió las acciones que tenía en la empresa que controla las autopistas del AMBA luego de autorizar el aumento de tarifas y hacer que las acciones suban. Le dio a su primo Ángelo Calcalterra -testaferro- préstamos públicos para reactivar el soterramiento del tren Sarmiento. Intentó condonarse a sí mismo la deuda de cientos de millones de dólares por el canon impago del Correo, entre otras tropelías. Al lado de esas maniobras, Adorni es un pibe que afanó dos manzanas en una verdulería y salió corriendo, como en alguna escena de la película de Charles Chaplin. El hecho de que el choreo sea tan fácil de entender para la mayoría de la población paradójicamente lo hace más grave.

Durante los primeros seis años del gobierno de Carlos Menem, los escándalos de corrupción fueron varios: el Yomagate, el swiftgate, entre otros. Esto no impidió que Menem lograra la reelección en 1995 motorizado por la estabilidad monetaria y una inflación que ese año fue del 1,6%, mientras el desempleo ya estaba por encima de los 15 puntos. Parece difícil que Milei logre algo similar el año que viene. La inflación mensual por ahora sigue muy por encima de la que Menem tenía por año, no por mes. El crédito en relación al PBI en 1995 era del 19% mientras ahora es del 12 por ciento. Esto empujó a mediados de los 90 el famoso voto cuota. Lo cuestionó el progresismo antimenemista pero tuvo una racionalidad indiscutible. Cualquier persona endeudada vota pensando en que la cuota no se dispare porque de eso depende su subsistencia.

Milei podrá ser un poco loco, pero hay cosas que tiene bastante claras. Sabe que siendo el peón preferido de Donald Trump ordena varias cosas. No es solamente el valor del dólar por la intervención del Tesoro. Es también la intensidad de los ataques que sufren sectores del establishment local, incluido parte del Poder Judicial, que pueden estar enfrentados con La Rosada en este momento pero que le tienen más temor a Washington que al retorno del peronismo. El respaldo de Donald lo blinda de la potencia de los ataques de los grupos locales hasta que la embajada decida poner sus fichas en otro caballo, como Patricia Bullrich.

El presidente parece haber apostado hasta ahora a reproducir la ecuación del menemismo con los escándalos de corrupción: esperar que las señoras en la esquina se tomen la cabeza y digan qué barbaridad pero a la hora de votar tengan otros estímulos más importantes.

El punto es que a este menemismo lowcost le falta la capacidad para gobernar que tuvo aquel gobierno de profesionales de la política, ese oficio tan vilipendiado en Costa Pobre. La pregunta se resume así: ¿Milei es Menem o el general José de la Vega? «

Tiempo Argentino Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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