Mundial 2026: el antecedente que endurece la seguridad en Norteamérica - Informe Digital
Múnich 1972 y otros ataques obligaron a rediseñar la prevención en grandes torneos y hoy pesan sobre el operativo.
Durante el último medio siglo, el terrorismo en eventos deportivos internacionales constituyó una amenaza persistente y en constante evolución. Ante la inminencia del Mundial 2026, que se jugará en Estados Unidos, México y Canadá, crece la atención sobre el operativo de seguridad y las medidas de prevención frente a posibles ataques.
A lo largo de la historia reciente, los principales atentados contra competencias deportivas tuvieron como escenarios a Múnich en 1972, Atlanta y Manchester en 1996, incidentes de ETA en España, ataques en Pakistán y Angola, e intentos frustrados en Francia en 2015.
Para el Mundial 2026, los países anfitriones reforzaron la vigilancia con tecnología antidrones, cooperación en inteligencia y dispositivos de prevención frente a amenazas de grupos extremistas tradicionales y de actores no convencionales, como grupos armados paraestatales.
Múnich 1972 cambió para siempre la seguridad deportiva
El analista internacional Andrei Serbin Pont explicó que los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 buscaron transmitir una imagen distinta de Alemania después de los Juegos de Berlín 1936. Según señaló, esa estrategia redujo la presencia visible de fuerzas de seguridad y facilitó el ingreso del grupo Septiembre Negro a la Villa Olímpica.
Había una necesidad por crear unas condiciones de que estos Juegos Olímpicos realmente resaltaran todos estos valores y los habían llamado los Juegos de la Alegría, afirmó Serbin Pont. Al mismo tiempo, sostuvo que la decisión de disminuir el despliegue de seguridad creó condiciones que facilitaron el accionar de los terroristas, aunque aclaró que la responsabilidad correspondió a los autores del ataque.
Ocho integrantes de Septiembre Negro ingresaron armados a la delegación israelí, asesinaron a dos deportistas y tomaron nueve rehenes. La posterior operación de rescate terminó con la muerte de los cautivos durante un enfrentamiento en el aeropuerto.
En este sentido, Serbin Pont destacó que Alemania no contaba entonces con una unidad antiterrorista especializada. A partir de este hecho es que se crea el GSG 9, que termina siendo uno de los grupos más icónicos y más reconocidos de lucha contra el terrorismo, sostuvo.
Las medidas de seguridad implementadas después de Múnich dificultaron el ingreso a estadios y villas olímpicas. Esa transformación modificó la lógica de numerosos atentados posteriores.
Entre otros momentos históricos, Serbin Pont mencionó el atentado de Atlanta 1996, donde un guardia de seguridad detectó una mochila sospechosa y facilitó la evacuación previa a la explosión. Además, repasó el ataque con un camión bomba durante la Eurocopa 1996 en Inglaterra y la explosión registrada en las inmediaciones del estadio Santiago Bernabéu durante una semifinal de la Champions League en 2002.
De acuerdo con el analista, algunos atentados buscaron demostrar capacidad operativa más que provocar la mayor cantidad posible de víctimas. A veces el atentado terrorista no necesariamente requiere de matar a esta gran cantidad de gente, sino de mostrar la capacidad de ejercer ese daño, expresó.
El Mundial 2026 y los nuevos desafíos de prevención
La experiencia acumulada permitió fortalecer el trabajo de inteligencia antes de los grandes torneos internacionales. Serbin Pont recordó que Francia detuvo integrantes del Grupo Islámico Armado Argelino antes del Mundial 1998 y que también existieron tareas preventivas durante la Eurocopa 2016, el Mundial de Rusia 2018 y la Champions League 2024.
Según el analista, una de las principales preocupaciones actuales son los llamados lobos solitarios. Ese tipo son los más complejos, porque la inteligencia previa para detectarlos es muy difícil, afirmó durante su análisis.
El especialista indicó que las células organizadas dejan más rastros durante la planificación y permiten un trabajo preventivo más amplio. La mayoría de los atentados exitosos que han ocurrido en las últimas décadas, en general son de lobos solitarios y no de células terroristas, sostuvo.
También analizó el caso de México y planteó interrogantes sobre la presencia de grupos armados vinculados con el narcotráfico. Explicó que esas organizaciones no responden necesariamente a los patrones tradicionales del terrorismo y cuentan con recursos importantes, aunque aclaró que cualquier evaluación depende de la existencia de un interés político para ejecutar un ataque.
Respecto de Canadá, Serbin Pont señaló que dispone de servicios de inteligencia desarrollados y de una cooperación estrecha con Estados Unidos. Además, indicó que ambos países comparten información de manera más fluida que la existente con México.