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Informe Digital 12/06/2026 11:27 5 min de lectura

Gallo contó cómo fue su liberación en Venezuela y su charla con Tapia - Informe Digital

El gendarme relató 448 días de cautiverio, torturas y el operativo que terminó con su regreso a la Argentina.

Gallo contó cómo fue su liberación en Venezuela y su charla con Tapia - Informe Digital
Foto: Informe Digital

El gendarme Nahuel Gallo contó en una entrevista con el periodista Eduardo Feinman cómo fueron sus 448 días detenido en Venezuela, desde el mensaje de WhatsApp que desencadenó su arresto hasta el reencuentro con su hijo y la charla que mantuvo con el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio Chiqui Tapia, ya de regreso en el país.

El suboficial de la Gendarmería Nacional Argentina (GNA) fue detenido el 8 de diciembre de 2024 en San Antonio del Táchira, cuando intentaba cruzar desde Colombia hacia Venezuela para reunirse con su pareja, la venezolana María Alexandra Gómez, y con su hijo Víctor, que entonces tenía un año y cuatro meses. Como los vuelos directos estaban suspendidos por las tensiones diplomáticas entre ambos países, el ingreso debió hacerlo por tierra.

En la frontera, agentes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), de civil, armados y sin identificación visible, le pidieron el celular. Gallo aceptó. Según relató, revisaron el WhatsApp y buscaron una sola palabra: Maduro. Encontraron un intercambio con Gómez en el que él comentaba, en tono privado, una foto sobre la recompensa ofrecida por Estados Unidos por la captura del líder venezolano. Ese fue el detonante, reconoció.

Después lo trasladaron a San Cristóbal. Allí, en una nueva revisión del teléfono, los agentes vieron una foto con el logo de la GNA en su campera. Desde ese momento, dijo, cambió el trato: le esposaron pies y manos, le taparon la cabeza y le reprocharon que hablaba mal de su presidente.

Torturas físicas y psicológicas

Durante el reportaje, Gallo admitió haber sufrido torturas físicas en los interrogatorios del DGCIM y torturas psicológicas durante toda su detención en la cárcel de El Rodeo I, en el estado Miranda. En abril, declaró ante el juez federal Sebastián Ramos y el fiscal Carlos Stornelli en una audiencia virtual de más de tres horas, en la causa que investiga delitos de lesa humanidad cometidos por el régimen venezolano.

Describió una celda sin sol durante meses, con cucarachas y hormigas, agua con óxido y una rutina de sometimiento: a las cinco de la mañana los obligaban a ponerse de pie, decir su nombre completo y su número de pasaporte; a las nueve de la noche, silencio total. A las cinco de la mañana te gritaban mientras todos dormían, recordó.

También dijo que vio cómo torturaban a un compañero de celda: lo sacaron, le echaron gas pimienta, lo esposaron y lo llevaron a lo que los detenidos llamaban la cama del tiempo, un aislamiento total, desnudo y esposado. El motivo había sido preguntar cuándo terminaría el cautiverio. Vos sabés que no es la forma y no podés hacer nada, resumió.

Consultado sobre si pensó en quitarse la vida, respondió sin rodeos: Lo pensé, pero no tuve el coraje. Dijo que esa idea apareció al cumplirse el primer año de detención, cuando vio que otros presos venezolanos llevaban cinco o diez años encerrados y no llegaban respuestas desde afuera.

El pabellón de extranjeros y las fichas de ajedrez

Gallo recordó que compartió el pabellón de extranjeros con detenidos de 35 nacionalidades: peruanos, colombianos, estadounidenses y venezolanos. Para no perder la cordura, corrían, jugaban al ajedrez con fichas hechas a mano con jabón derretido y papel higiénico, y hablaban de sus países. Él explicaba qué era el mate y la factura; con los peruanos discutía si fue San Martín o Simón Bolívar quien liberó al Perú.

Con jabón celeste venezolano y jabón blanco de baño fabricaron también un tablero de ajedrez con los colores de la bandera argentina. Desde ahí, Gallo pintó esa bandera en la pared del baño. Un compañero colombiano le advirtió que tendría problemas. Los tuvo: la borraron. Pero la había hecho.

La dieta era arepa por la mañana, arroz o fideos al mediodía y arepa otra vez por la noche. Carne vacuna no había. En octubre, tras la liberación de los detenidos colombianos, Gallo hizo una huelga de hambre de dos días para exigir carne. Al día siguiente se la llevaron, aunque la describió como durísima.

El día de la liberación

El sábado 1° de marzo de 2026, dijo, el director de la cárcel se acercó a su celda y le ordenó prepararse. Pensó que lo trasladaban a otro centro de detención, como ya había ocurrido con presos de otros países cuyas negociaciones se habían caído. No la veía la luz de que me iba a ir, confesó.

Lo llevaron en camionetas del DGCIM, encapuchado y esposado hacia atrás, hasta las instalaciones del organismo en Caracas. Allí le pidieron que firmara unos papeles. Se negó hasta que le devolvieran sus pertenencias. El documento que terminó firmando decía que había tenido acceso a debido proceso, atención médica, comida y patio.

Al día siguiente, lo trasladaron al aeropuerto de La Carlota. En una oficina se encontró con dos dirigentes de la AFA Luciano Nazzi y Fernando Gaucho Vilas Casares, secretario de ceremonial y protocolo y con Jorge Jiménez, presidente de la Asociación de Fútbol de Venezuela. Jiménez le explicó que su liberación había sido producto de una negociación con Tapia.

En el vuelo de regreso habló con los dos dirigentes de la AFA sobre la selección argentina. Ya en Buenos Aires, terminó de dimensionar lo ocurrido. El encuentro con Tapia fue semanas después, en la cancha de Boca Juniors, durante el amistoso de la selección argentina contra Zambia. Le agradecí, le dije: Muchísimas gracias por su gestión. Hasta ahí nomás y listo, contó.

Informe Digital Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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