Europa se queda sin su caza y España busca salida urgente - Informe Digital
El FCAS quedó paralizado por disputas entre socios y abre una pulseada por el futuro militar del continente.
El proyecto que debía llevar a Europa a la próxima generación de cazas quedó virtualmente paralizado por disputas industriales, rivalidades políticas y desacuerdos sobre el reparto del poder. El programa Future Combat Air System (FCAS) se desarmó antes de despegar y dejó a España frente a una urgencia estratégica: encontrar una alternativa para no quedar afuera de ese salto tecnológico.
Así lo analizó Andrei Serbin Pont en Infobae al Mediodía, donde planteó que la ruptura no solo frena un desarrollo militar clave, sino que también reordena la competencia aeronáutica entre Europa, Estados Unidos y China.
Todo apunta a que ha muerto el caza europeo, afirmó el especialista al referirse al programa que durante años buscó unir las capacidades industriales de Francia, Alemania y España para desarrollar un sistema de combate de sexta generación.
El sueño europeo que terminó en disputa
El FCAS nació con una ambición enorme: construir una plataforma capaz de competir con los desarrollos estadounidenses y chinos que marcarán el combate aéreo de las próximas décadas. Pero detrás de ese objetivo común convivían modelos industriales difíciles de compatibilizar.
Francia quería seguir un modelo en el cual cada uno de los países se especializaba en ciertos sistemas, explicó Serbin Pont. Alemania, en cambio, impulsaba un reparto más equitativo de las responsabilidades.
La discusión no se limitó a la distribución de tareas. También involucró el control de patentes, la propiedad intelectual de las tecnologías críticas y el liderazgo político del programa. Con el paso de los años, esas diferencias se acumularon hasta volver inviable la cooperación.
Ya en ese momento se estaban hablando de fuertes tensiones, recordó el analista. La ruptura terminó por confirmarse con la salida de actores clave del programa, un escenario que dejó a España frente a un problema inmediato: cómo asegurar su lugar en el desarrollo de la próxima generación de aeronaves militares.
España, ante una decisión urgente
Entre los socios originales del FCAS, España era el integrante con menor peso industrial y político. Por eso, la caída del proyecto la deja en una posición especialmente delicada. España tiene que salir a buscar una alternativa ahora. Se ha quedado a mitad de camino, señaló Serbin Pont.
La necesidad de encontrar un nuevo rumbo no responde solo a la industria. Las fuerzas aéreas europeas deberán reemplazar durante las próximas décadas buena parte de sus flotas de combate, mientras la competencia tecnológica entre Estados Unidos, China y otras potencias acelera el ritmo de innovación.
En ese contexto, incluso se abre un debate sobre si Europa está preparada para dar el salto directo hacia una plataforma de sexta generación.
Hay dudas también sobre si el proyecto tiene que apuntar realmente a un sexta generación o si tendrían que pasar en algún momento por un quinta generación, explicó el especialista.
A diferencia de Estados Unidos o China, Europa no opera hoy un caza de quinta generación desarrollado por su propia industria. La excepción son los F-35 fabricados en Estados Unidos que incorporaron varios países europeos.
El GCAP y las nuevas alianzas posibles
La crisis del FCAS aceleró movimientos en toda la industria aeronáutica del continente.
Uno de los proyectos que gana protagonismo es el Global Combat Air Programme (GCAP), impulsado por Reino Unido, Italia y Japón. Para muchos analistas, se trata del candidato natural para absorber parte del capital tecnológico y político que quedó huérfano tras el colapso del programa europeo.
Ya habría tentativas por parte de Alemania de acercarse a este proyecto, indicó Serbin Pont, quien además mencionó negociaciones en marcha entre Berlín y Londres.
Otra posibilidad involucra a la industria sueca. Según explicó el analista, existieron conversaciones entre Airbus Alemania y Saab para explorar el desarrollo de una futura plataforma que eventualmente reemplace a los Gripen.
Podría sonar como una opción bastante realista, sostuvo, destacando la experiencia exportadora de la empresa sueca y su capacidad para integrarse en programas multinacionales.
Al mismo tiempo, Francia evalúa continuar por un camino más autónomo. París conserva una de las industrias aeronáuticas militares más completas de Occidente, lo que le permitiría impulsar un desarrollo propio e incluso incorporar posteriormente a España como socio secundario.
El Rafale y la búsqueda de autonomía estratégica
La caída del FCAS también reabrió una discusión más profunda dentro de Europa: cuánto depender de la tecnología estadounidense.
Si uno quiere un caza occidental que no pueda estar sujeto a restricciones de exportación norteamericanas o británicas, la mejor opción es el Rafale, afirmó Serbin Pont.
Según explicó, el avión francés posee una característica poco común en la industria occidental: prácticamente todos sus componentes críticos son de origen nacional. La célula es francesa, los motores son franceses, la aviónica es francesa, las armas son francesas, detalló.
Esa autonomía tecnológica adquiere relevancia en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, restricciones de exportación y cambios políticos que pueden alterar las relaciones entre aliados.
Pero Europa no es el único lugar donde España podría encontrar oportunidades. Turquía emerge como uno de los nuevos actores de peso en la industria aeronáutica militar gracias al desarrollo del KAAN, un caza de quinta generación que ya realizó vuelos de prueba y busca socios para ampliar su base industrial.
Ya otorgaría avances y la posibilidad de que la industria de España se integre en un proyecto de tecnología aeronáutica avanzada, explicó el especialista.
Una competencia cada vez más global
Mientras Europa redefine sus alianzas, Estados Unidos y China continúan avanzando en sus propios programas de próxima generación.
Entre ellos aparece el F-47 desarrollado por Boeing, una iniciativa que todavía permanece rodeada de hermetismo, pero que figura entre los proyectos más observados por especialistas y fuerzas aéreas de todo el mundo.
Es probablemente una de las opciones de los cazas de sexta generación que más está avanzado, compitiendo con las alternativas chinas, evaluó Serbin Pont. Para el analista, la caída del FCAS deja una enseñanza que trasciende la industria militar y alcanza a cualquier gran proyecto tecnológico internacional.
Por mucho que tengas la guita y la industria, si no lográs concertar esas alianzas estratégicas, sobre todo en proyectos de esta magnitud, se hace muy difícil, concluyó.
La historia del caza europeo demuestra que, en la competencia tecnológica, las capacidades industriales son fundamentales, pero la confianza entre socios puede resultar igual de decisiva.