Irán derriba un Apache y expone el riesgo en Ormuz - Informe Digital
El helicóptero de ataque de EE.UU. cayó cerca de Omán y reavivó la tensión en una zona clave para el petróleo.
El AH-64 Apache cayó cerca de las costas de Omán mientras patrullaba el estrecho de Ormuz, una de las rutas más sensibles del comercio mundial y un punto crítico en la guerra entre Estados Unidos e Irán. Sus dos tripulantes fueron rescatados con vida en menos de dos horas. Donald Trump atribuyó la caída a fuego iraní y prometió una respuesta, mientras que el Comando Central (CENTCOM) confirmó el accidente y dijo que las causas siguen bajo investigación.
La pérdida del Apache se produjo en medio de una campaña aérea que ya venía dejando bajas en ambos bandos. Desde el inicio de los ataques contra instalaciones militares iraníes, las fuerzas de Teherán derribaron unos 30 drones MQ-9 Reaper. En marzo, tres cazas F-15E Strike Eagle fueron abatidos por fuego amigo de las defensas antiaéreas de Kuwait. En abril, otro F-15E cayó sobre territorio iraní y su piloto fue rescatado en una operación de gran despliegue. La caída del Apache marca la primera pérdida de ese tipo de aeronave en el conflicto.
El AH-64 es un desarrollo de la Guerra Fría. A comienzos de los años setenta, el Ejército de Estados Unidos buscaba reemplazar al AH-1 Cobra con un helicóptero capaz de frenar un avance masivo de blindados soviéticos en Europa central. Hughes Helicopters desarrolló el prototipo, que voló por primera vez el 30 de septiembre de 1975. Luego la producción pasó a McDonnell Douglas y más tarde a Boeing, que entregó la primera unidad al Ejército en 1984. En cinco variantes principales se fabricaron más de 2.875 unidades, hoy operadas por más de doce países, entre ellos Reino Unido, Israel, India y Arabia Saudita.
Boeing diseñó el Apache para sobrevivir en entornos saturados de fuego enemigo, donde los misiles portátiles, la artillería antiaérea y las armas ligeras representan una amenaza constante. El fuselaje incorpora blindaje contra proyectiles de hasta 23 mm y sus sistemas de vuelo y propulsión cuentan con respaldos para seguir operando aun con impactos. La tripulación, integrada por piloto y artillero/copiloto, dispone de visores montados en el casco vinculados al cañón y a los sensores, lo que permite apuntar con el movimiento de la cabeza.
Su arma principal es el cañón automático M230 de 30 mm, montado bajo el fuselaje en una torreta giratoria, capaz de disparar munición perforante o explosiva contra infantería, vehículos ligeros y posiciones enemigas. En sus cuatro puntos de anclaje, el Apache puede llevar hasta 16 misiles antitanque AGM-114 Hellfire, guiados por láser o radar milimétrico, además de cohetes Hydra de 70 mm y misiles Stinger para amenazas aéreas.
La versión en producción activa es el AH-64E Guardian, incorporado al Ejército en 2011. Tiene motores General Electric T700-701D de mayor potencia y aviónica digital que le permite controlar vehículos no tripulados como el MQ-1C Gray Eagle, ampliando el alcance de sus sensores sin exponer el helicóptero. Alcanza una velocidad máxima de 300 km/h y un radio de combate de cerca de 476 km. Hasta noviembre de 2025, Boeing había entregado más de 891 unidades del modelo E.
La Operación Tormenta del Desierto empezó con los AH-64. En la madrugada del 17 de enero de 1991, ocho Apache destruyeron dos radares iraquíes al norte de Arabia Saudita, minutos antes de que comenzaran los bombardeos aliados. Desde entonces, en Irak y Afganistán, el helicóptero acumuló centenares de blancos destruidos y apoyo aéreo cercano para tropas de tierra.
Su uso intensivo también dejó en evidencia sus límites. En marzo de 2003, el V Cuerpo del Ejército envió 32 AH-64 del 11.º Regimiento de Aviación en un ataque contra la División Medina de la Guardia Republicana iraquí, cerca de Nayaf. El fuego de armas ligeras e infantería derribó uno de los aparatos, cuya tripulación fue capturada, y dañó gravemente a varios más. La misión se abortó y abrió un debate sobre el empleo de helicópteros de ataque frente a fuerzas irregulares armadas.
El Apache fue concebido para destruir blindados en campo abierto y con apoyo de fuerzas terrestres. Sobre el estrecho de Ormuz operó en el escenario opuesto: sin respaldo en tierra, sobre agua y frente a un dispositivo de defensa antiaérea que Irán sostiene con misiles tierra-aire, artillería costera y drones.