Contacto

Volver a la portada
Provinciales
Miercoles Digital 09/06/2026 15:03 2 min de lectura

Lo que me desespera

Catorce años y unos auriculares en el bolsillo de la mochila. Creías en la seriedad de las mayúsculas y por eso escribías con mayúscula: Mamá, Papá, Vida, Muerte, Tiktok y Primavera. Por el ritmo de tus pasos sabíamos si estabas apurada, alegre, enoj

 

 

Catorce años y unos auriculares en el bolsillo de la mochila. Creías en la seriedad de las mayúsculas y por eso escribías con mayúscula: Mamá, Papá, Vida, Muerte, Tiktok y Primavera.

Por el ritmo de tus pasos sabíamos si estabas apurada, alegre, enojada, triste. Los estados de ánimo siempre se te notaron en el cuerpo.

Para nosotros tus pasos tenían música.

La reunión de amigas, esa ceremonia sanadora que te traía de vuelta con cuentos y anécdotas que podíamos escuchar hasta la madrugada. Y tus insólitas ocurrencias.

Mientras dormías nos quedábamos hablando de vos, dibujándote un futuro, un mundo enorme, violeta como te gustaba. Cosas para mañana porque el porvenir era más inmenso que el cielo.

Eras la chispa que lo encendía todo, un rostro iluminado por la esperanza, un dibujo con líneas menos rígidas que las que habíamos sabido trazarte; más generosas, abiertas. Y eras mis horas extras para tu vestido nuevo.

Ibas a trascendernos.

Y luego fuiste mi puño en la pared de la oficina policial, el llanto animal y desgarrado, la rabia, la quietud, el vacío, el sin sentido y el silencio. Toda vos interrogada. Noticia en la televisión. Nudo, tensión, borde, zona oscura. Vos deshecha. Tu imagen edificada en una serie de imploraciones: ni una menos, nunca más y todo eso.

Hoy vi a tu mamá acomodando almohadones sobre tu cama, en una escena que se repite. El uniforme planchado, los libros sobre tu escritorio. Creo haber oído que te hablaba. Eso no me desespera.

Lo que me desespera es que se muera una hija y la vida siga. Ponemos el agua para el mate, regamos las plantas, pagamos las cuentas. Vamos al trabajo y nada les muestra a los otros el hueco rojo, la rotura, la grieta, la inercia. Continuamos sin saber qué es lo que nos mantiene vivos.

Y vivimos ordenando los recuerdos, acomodándolos para encontrarte.

Me desespera lo eterno que es un minuto. Los seres humanos calificados me desesperan. Que cualquiera te haya dictaminado. Que otro, de repente, administre tu tiempo. Que alguien diga naturalmente pasión o muerte para nombrar que decidieron arrancarte de algún lugar ¿para llevarte hacia dónde?

Hija, quieren saber sobre nosotros, tus hermanos, tus amigos, tus salidas, tus actividades. Cada segundo vivido, cada segundo. Van a preguntar qué hicimos para que termines así. A mí y a tu mamá van a preguntarnos. Piden respuestas que te digan toda a vos. Parece que tu existencia fue un acontecimiento bastante frágil, un tramo lleno de sutilezas.

Esto, ahora, después me desespera. Mientras demoran los oídos para escuchar verdaderamente lo que tu cuerpo grita en silencio, lo que tu carne clama, lo que tus fibras vociferan.

 

Vane Leopardo

Miercoles Digital Esta nota se publicó originalmente en el medio.
Ver noticia original

Aviso legal. Examedia es un sistema automático de monitoreo y análisis de medios. Esta noticia fue publicada originalmente por Miercoles Digital y se reproduce aquí con fines informativos y de seguimiento. Los contenidos, títulos y opiniones pertenecen exclusivamente a su fuente original; Examedia no los redacta, edita, avala ni asume responsabilidad alguna por ellos. Si sos titular de los derechos y querés que esta nota se retire, escribinos.

Examedia © 2026