Una mirada desde la alcantarilla. Por el borde - 9 Digital - Mi 9
Una mirada desde la alcantarilla. Por el borde -
Por el borde
Entrábamos siempre por el borde con la planta del pie tanteando la superficie donde el agua se mece.
Resbalábamos con el moho, una alfombra suave que cubría el principio cristalino del río con campo.
Un agua tan pálida se prendía del tobillo, mordía con dientes invisibles cada vello, erizaba los poros que ingería con hambre.
Sosteníamos la claridad del agua con las palmas, la piel se volvía más blanca, el tamaño de las manos se proyectaba ancho como un pan que leuda y se disuelve.
Yo creía que me hacía liviana si lograba caminar sin caerme. Si podía con los dedos del pie rascar la panza del agua. Pensaba que evitar el filo de las piedras significaba haber triunfado contra el fondo.
La arcilla siempre dejó que le acariciemos el lomo y cuando podía flotar, el hueso soltaba el cuerpo. Entonces, a plena luz con el brillo de la siesta refractado en cada gota, una noche interminable empezaba a palpitar en el esternón.
Creía que tragábamos misterio hundiendo la cabeza cuando toda la tierra se soltaba de la cáscara. Creía que aguantar la respiración bajo la cara marrón del agua me daba otra piel. Se teñía la hora del día, se impacientaba mi madre, braceaba desde la costa, mamá nunca supo nadar pero desde la orilla revolvía el aire para que saliera. Solamente brillaban las boyas como naranjas sueltas. Como atardeceres redondos que caían de otros universos. Como todo lo que podía hundirse para que otras cosas se impulsen con la soltura de la tierra que vivía arrastrada en la espesura del agua.