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Cuestion Entrerriana 08/06/2026 08:45 8 min de lectura

Una vez más, las cámaras alertaron e impidieron daño mayor, pero... la inseguridad sigue latente en el macrocentro de Paraná

Destacadas | Es axiomático. En Paraná no alcanza con llamar al 911. O tratar de establecer contacto con las Comisarías.

Una vez más, las cámaras alertaron e impidieron daño mayor, pero... la inseguridad sigue latente en el macrocentro de Paraná
Foto: Cuestion Entrerriana

ESPECIAL, por Francisco Pancho Calderón.- Es axiomático. En Paraná no alcanza con llamar al 911. O tratar de establecer contacto con las Comisarías. La repentización y audacia de los delincuentes logra consumar ilícitos en breves minutos sin que los policías consigan evitar el delito, y peor aún, atrapar al malviviente pese a rimbombantes operativos. Y la Justicia Bien, gracias Los cacos, cuando son detenidos, entran y salen en cuestión de horas.

No es la primera vez que lo decimos Hay sectores del macrocentro paranaense que prosiguen siendo blanco fácil de los malvivientes. Por ejemplo, calle San Martín entre Carbó-Paraguay y el límite con Avenida Ejercito y Galán, como cuadras adyacentes.

En realidad, comprende varias manzanas a la redonda donde se reiteran diversos ataques perpetrados o por una dupla de malhechores que andan en moto, o por jóvenes delincuentes, que se mueven de a pie con una velocidad inusitada, cometiendo los ilícitos y escapando hacia casas -aledañas- tomadas u ocupadas de manera espuria, obras en construccción, como la zona detrás de la Estación de Trenes, o asentamientos cercanos al Supermercado Coto.

En infinidad de ocasiones nuestro Diario Digital ha hablado extensamente de la inseguridad que impera solo a dos o tres cuadras como máximo de la Peatonal San Martín.

Ya narramos la angustia de vecinos que han tenido que apelar a equipar con cámaras sus viviendas, encender todas las luces (para beneficio de ENERSA) y hasta armarse para defender sus propiedades, habida cuenta de algunas invasiones a domicilios particulares e innumerables hurtos acaecidos en ese circuito.

La Comunidad de la zona está atemorizada, temiendo al atraco en cuestión de segundos, atendiendo negocios encerrados, o lisa y llanamente tener y hasta blandir un arma para sentir mayor protección personal.

La Policía cristaliza rondas esporádicamente en horarios de comercio, pero hay otros lapsos, esencialmente durante la madrugada, donde -por alguna razón logística-, se quita una custodia clave del sector perdiéndose algo tan insoslayable como lo es el estado de prevención.

Por ende, hoy, la indefensión es constante. De hecho, en la madrugada de este lunes nuestra Casa volvió a ser visitada por amigos de lo ajeno. Una vez más, la Tecnología impidió se materialice un delito mayor y/o daños o perjuicios contra la vida humana.

Las cámaras de video alertaron y luego de la intervención familiar para alertar a los delincuentes que estaban pillados, hubo una casi inmediata respuesta del 911con un operativo ejemplar que desplegó uniformados a lo largo y ancho de la manzana, aunque, sin resultados positivos.

El ladrón, registrado por los equipos de filmación, consiguió zafar llevándose, como botín constatado, ropa que se hallaba en el lavadero, utensilios diversos, y algunas herramientas.

Quién lo quitó de este domicilio, no creemos que tenía hambre y estamos convencidos en que el daño se cristalizó con el mero propósito de canjearlo por droga o plata para mantener sus adicciones. Y esta convicción reside en que -a diario- compartimos con jóvenes y no tanto nuestros alimentos del día.

Y hasta hemos entregado prendas y calzados entendiendo que las necesidades alimenticias, de medicamentos o de vestimenta pueden ser satisfechas mediante la solidaridad.

A la Justicia, al ministro de Seguridad, a la Policía, a legisladores les volvemos a rogar con énfasis: no debería esperarse una tragedia, que maten a alguien o por qué no Que alguien reaccione y se consume una muerte a manos de Justiciero/s.

Hay una básica buena voluntad, reiteramos, en la ronda de policías en motos, autos o camionetas, pero no sirve que se limite a un horario comercial, tipo 8 a 12 y de 16 a 20. Pareciera que se le da un mensaje a los ladrones: Adelante señores cacos Hagan lo que quieran a partir de ahora ya que la vigilancia se reduce en tales o cuales horarios, como por ejemplo, en la noche.

¿Cuántos robos y hurtos van en esta área del macrocentro? Ya son demasiados, y todos en este barrio coinciden en que las denuncias no sirven para nada. Los vecinos, los comerciantes y personas que transitan por estas arterias presienten que están condenados a vivir temiendo por sus vidas ya que no solo hace falta más interés policial sino, fundamentalmente que la ley los ampare y quien comete un ilícito no entre por una puerta y en breve lapso salga a reiterar sus delitos.

Sabemos que personal y hasta autoridades de Comisaría Primera y Segunda se prodigan por tributar interés en que se denuncie, pero, está claro que ello se erige en una pérdida de tiempo.

Así, el stress de quienes aspiramos a sentirnos no tan vulnerables es insoportable por la amenaza permanente; de este modo, el cansancio se puede transformar en psicósis o paranoia por el temor a ser víctimas de cualquier ultraje.

Por consiguiente, no es la primera vez que lo advertimos, ya son varios los que han apelado a adquirir armas o desempolvar viejas escopetas o pistolones y hasta revólveres, para que no se los sorprenda desarmados en la noche o madrugada, habida cuenta que han crecido de manera notable los ruidos de pasos, voces y olores diversos (tabaco-marihuana, etc, etc) que sin lugar a dudas son producidos por delincuentes que andan por los techos estudiando la zona para dar el Gran Atraco.

Desde este humilde medio requerimos a la Policía de Entre Ríos para que se establezca una Garita en la esquina de San Martín y Feliciano (donde hay suficiente espacio) y/o como mínimo coordinar de modo más aceitado el patrullaje, estableciendo puntos de verificación de datos a transeúntes, lo que a nadie debería molestar si se haya encuadrado dentro de la ley.

La sensación de inseguridad no tiene fin pues los delincuentes justamente se sienten impunes; siguen haciendo de las suyas en esta franja macrocéntrica muy desprotegida o más grave aún, que ya se la puede rotular como una Zona Liberada.

Tan solo se aspira a contar con una más intensa presencia policial de carácter precautorio. Seguramente, de procederse a ello, básicamente se disminuirá la chance de ilícitos.

Vale la pena refrescar un añejo pedido de décadas: ¿No llegó la hora de instrumentar la colocación de un domo en San Martín entre Feliciano/Sebastián Vázquez? ¿Qué se está esperando para robustecer un sistema integral de seguridad adecuado?

Y bien vale añadir: ¿hasta cuándo se va a permitir a indigentes invadir contenedores y tirar toda la basura para ver si rescatan algo que mitigue tanto hambre? ¡Qué bien estaría un gesto de los ediles en elaborar algunos proyectos sobre este tema!

O ¿por qué no? ¿No se les cae una idea a nuestros estimados parlamentarios del Concejo Deliberante respecto a cómo pululan los trapitos? Muchos de ellos son personas dignísimas, pero hay también quienes se apostan frente a domicilios y testean movimientos de distintas casas con puntos débiles Los policías lo reconocen

¿Y quienes circulan de a dos en motos sin patentes? ¿Y los autos desvencijados que transitan sin ningún control? Por todo lo expuesto, consideramos imprescindible prevenir antes de lamentar más graves episodios.

Es muy loco que uno hable con policías, siempre predispuestos con respetuosidad al diálogo y la conclusión sea: las leyes no acompañan nuestra tarea o te reconozcan sin titubeos por más de lo que digan nuestros gobernantes: hay cada vez más gente en situación de calle, y tan solo se ponga a agentes muy bien vestidos y caminando de a dos o hasta de a cuatro en la Peatonal, como si eso va a bajar la cantidad de ilícitos o los homeless no ocupen bancos de Plaza de Mayo, puertas de negocios cerrados, o cocheras de organismos, como se aprecia a diario en el Ministerio de Salud en calle 25 de Mayo y veredas adyacentes.

Reafirmamos: no alcanza con cambiarle la cara a los uniformados con vistosas indumentarias o mejores armasHace faltan (aparte de una mejor paga lo cual se traduce en un estímulo tan justo como insoslayable) leyes que los ampare.

Y volvemos a exhortar al estimado ministro Néstor Roncaglia: sabemos de sus esfuerzos, de su coraje y sobre todo de su capacidad, pero lo que aquí planteamos requiere de un drástico giro. No bastan rondas esporádicas, o que jóvenes egresados de la Escuela Salvador Maciá sean ubicados -rotativamente- en esquinas durante horarios de comercio, o se trasladen de norte a sur consecutivamente por la Peatonal.

Llegó la hora que se intervenga en donde se refugian, se esconden estos maleantes. Son ellos los que deben estar entre rejas, no nosotros.

Su propio personal lo admite: sabemos donde viven, pero no podemos hacer nada. Como también confiesan que todos los días llegan rateros y mecheras de Santa Fe, pero Nada se hace. La gran excusa es: las alcaldías, los calabozos, las cárceles están colapsadas.¿Debemos resignarnos entonces?

Es paradójico que, los altos funcionarios, jueces o fiscales amenazados, o hasta legisladores quienes tienen (inobjetablemente) más posibilidades de instalar equipamientos de seguridad en sus lugares de residencia, sean los más custodiados con personal policial las 24 horas y móviles equipados con altísima tecnología.

Volvemos a blandir la dramática conclusión: al parecer, no hay Derechos Humanos para los buenos ciudadanos. Hay que vivir atemorizados, salir de los hogares con lo justo y temiendo al atraco en cuestión de segundos, atender negocios encerrados, o lisa y llanamente tener un arma a mano para sentirse resguardados. ¿Hasta cuándo?

Cuestion Entrerriana Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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