El Club de Volantes Entrerrianos celebra un nuevo aniversario y reafirma su legado en el automovilismo argentino
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En este 7 de junio, el Club de Volantes Entrerrianos (CVE) celebra un nuevo aniversario de vida, consolidado no solo como el epicentro del deporte motor en la provincia, sino también como uno de los templos automovilísticos más respetados de la República Argentina.
Nacido del entusiasmo de un grupo de visionarios que llevaban la velocidad en la sangre, el CVE se transformó con el paso de las décadas en sinónimo de vigencia y superación constante, sosteniendo una identidad ligada a los fierros y a la pasión popular.
Su máximo orgullo, el Autódromo Ciudad de Paraná, es una pista atravesada por la mística y la historia.
Sus curvas, el emblemático curvón de salida de la recta principal, o el de entrada conocido como «la Olla», y la exigente chicana, han sido escenario de batallas épicas para categorías zonales, nacionales e internacionales, incluyendo aquellas recordadas competencias sudamericanas.
El autódromo no es un circuito más: es una de esas pistas donde se consagra a los verdaderos pilotos y donde el público entrerriano demuestra por qué es una de las hinchadas más fieles y pasionales del país.
A lo largo de los años, el club se sobrepuso a los desafíos del tiempo y de la economía, apostando siempre a la renovación de su infraestructura, a la seguridad de sus pilotos y a la comodidad de las miles de almas que copan sus tribunas y boxes en cada fin de semana de carrera.
Pero más allá de los fierros y los podios, el Club de Volantes Entrerrianos es identidad paranaense y patrimonio de Entre Ríos, profundamente ligado también a la comunidad de Sauce Montrull, donde está enclavado su predio.
Es el punto de encuentro de familias enteras unidas por el ritual del asado, las casillas rodantes y el inconfundible olor a nafta. Es, además, una escuela de valores deportivos y un motor económico y turístico innegable para la región.
En este nuevo aniversario, el reconocimiento se extiende a sus comisiones directivas pasadas y presentes, a los trabajadores que mantienen el predio impecable, a los pilotos locales que defienden sus colores y, fundamentalmente, a los socios y fanáticos.
Porque mientras haya una bandera a cuadros esperando en la recta principal, el corazón del CVE seguirá latiendo al ritmo del rugido de los motores.
Los orígenes del Club de Volantes Entrerrianos
El Club de Volantes Entrerrianos se fundó el 7 de junio de 1941.
Aquel día, un grupo de apasionados por los fierros, liderado por Atilio Bissio quien se convirtió en su primer presidente, se reunió en Paraná con un objetivo claro: crear una institución que agrupara a los amantes del deporte motor y permitiera organizar formalmente competencias como la histórica «Vuelta de Entre Ríos».
En sus inicios, comenzaron organizando aquellas míticas carreras de monopostos en el circuito callejero del Parque Urquiza, donde llegó a competir el mismísimo Juan Manuel Fangio, marcando a fuego la relación de la ciudad con el automovilismo.
Luego, en 1963, dieron el gran salto hacia el predio actual en Sauce Montrull para construir el autódromo propio, un paso decisivo que consolidó al CVE como referencia del deporte motor en el país.