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Diariovillaguayweb 07/06/2026 11:24 6 min de lectura

DÍA DEL PERIODISTA: CUANDO LAS ALARMAS DEBERÍAN SONAR MÁS FUERTE QUE LOS SALUDOS

Noticias de Villaguay, Entre Ríos, Argentina

DÍA DEL PERIODISTA: CUANDO LAS ALARMAS DEBERÍAN SONAR MÁS FUERTE QUE LOS SALUDOS
Foto: Diariovillaguayweb

Seguramente,

por estas horas, las redes sociales se llenarán de salutaciones, mensajes de

reconocimiento y fotografías alusivas al Día del Periodista. Trabajadores de

prensa, medios de comunicación, funcionarios e instituciones compartirán frases

de ocasión para destacar una tarea que, al menos en los discursos, suele

considerarse fundamental.

Sin

embargo, detrás de los saludos y las publicaciones conmemorativas, existe una

realidad que debería estar haciendo sonar todas las alarmas democráticas de

este país.

Sin

ir más lejos, en Villaguay acaba de desaparecer El Pueblo, un diario con más de

100 años de historia. Lo hizo prácticamente en silencio: sin anuncios públicos,

sin comunicaciones oficiales a sus lectores, sin explicaciones a los clientes

que durante décadas confiaron en sus páginas y tampoco a su propio personal.

La desaparición de un medio centenario como ese debería haber generado preocupación, debates y al menos algunas preguntas. Sin embargo, el silencio fue casi absoluto.

Resulta llamativo que -salvo honrosas excepciones, que extendieron su mano de manera privada- ciertas autoridades, dirigentes políticos, instituciones y referentes que durante décadas encontraron en sus páginas un espacio para difundir actividades, comunicar decisiones, expresar opiniones o construir su imagen pública, no hayan manifestado interés, solidaridad ni preocupación por el cierre de uno de los actores históricos de la comunicación local y regional, ni por la pérdida de más de diez puestos de trabajo.

No se trata de la desaparición de una empresa más de las que lamentablemente bajan las persianas cada vez con mayor frecuencia en la Argentina. Lo que está en juego aquí es algo mucho más profundo como la pérdida de una voz, de un archivo colectivo, de una mirada construida durante generaciones y de un espacio donde la comunidad podía encontrarse con información confiable, jerarquizada y contextualizada.

Quizás

parte de esta indiferencia responda a una idea cada vez más extendida:

la creencia de que la comunicación pública puede resolverse solamente mediante una

relación directa entre funcionarios- instituciones y ciudadanos a través de las

redes sociales. Como si bastara con hacer un posteo o publicar una historia de

24 horas en perfiles oficiales para garantizar que la sociedad esté informada.

La función del periodismo nunca fue ni debe ser simplemente reproducir mensajes. El periodismo pregunta. Verifica. Contrasta versiones. Busca antecedentes. Ordena la información. Señala contradicciones. Contextualiza hechos. En definitiva, cumple una tarea de curaduría crítica indispensable para toda democracia que aspire a ser saludable en cualquiera de los tres niveles del Estado.

Cuando

esa función se debilita, no ganan la transparencia ni la participación

ciudadana. Gana la comunicación unilateral, carente de toda crítica, análisis o contexto.

A

esta realidad se suma otro problema que golpea especialmente a los medios

locales y provinciales: la sostenibilidad económica.

En

mercados pequeños, donde los recursos son limitados y la pauta publicitaria se

concentra cada vez más en plataformas globales, sostener un medio de

comunicación se ha convertido en una tarea extremadamente difícil. Detrás de

cada noticia existen horas de trabajo, consultas, entrevistas, pedidos de

información, revisión de documentos y seguimiento de temas para publicar aunque

sea unas pocas líneas, que muchas veces demandan más esfuerzo del que el

público imagina.

Sin

embargo, quienes desarrollan esa tarea suelen hacerlo en condiciones económicas

cada vez más precarias. Los ingresos resultan insuficientes, los salarios

muchas veces son simbólicos y el apoyo necesario para construir proyectos periodísticos

sólidos escasea. Aun así, trabajadores de prensa continúan poniendo tiempo,

compromiso y profesionalismo para ofrecer información de calidad.

Existe

además una problemática que se ha naturalizado peligrosamente: la apropiación

sistemática de contenidos. En una época en la que cada perfil de red social

parece funcionar como un medio de comunicación en sí mismo, se ha vuelto

frecuente que trabajos periodísticos originales sean reproducidos casi de

manera textual y sistemática por otros medios, la mayoría de las veces sin citar fuente. En

ocasiones, el contenido apenas es reformulado superficialmente o procesado

mediante herramientas de inteligencia artificial para disimular su origen.

Detrás

de cada una de esas publicaciones existe un periodista que invirtió recursos,

dedicó tiempo, realizó consultas, recorrió oficinas, siguió audiencias o sesiones, revisó archivos o efectuó

entrevistas para presentar una información propia. Ignorar ese esfuerzo no

solo constituye una falta ética grave sino que representa una forma de competencia

profundamente desleal, que termina debilitando aún más la producción

periodística local.

El

fenómeno no es exclusivo de las ciudades del interior profundo del país. A nivel nacional también

se observan señales preocupantes.

Durante

las dos décadas pasadas, y particularmente en los últimos años de kirchnerismo

y desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, la relación entre el poder

político y parte del periodismo ha atravesado momentos de fuerte confrontación.

Las descalificaciones públicas, los señalamientos permanentes y la construcción

de discursos que presentan a la prensa como un adversario político contribuyen

a erosionar la confianza en una institución que, con sus errores y

limitaciones, sigue siendo uno de los pilares esenciales del sistema

democrático.

Por eso, este Día del Periodista debería servir para algo más que intercambiar felicitaciones. Debería invitarnos a reflexionar sobre qué lugar queremos darle al periodismo en nuestras comunidades. Sobre cuánto valoramos la información profesional frente al ruido permanente de las redes sociales. Sobre la necesidad de proteger espacios donde todavía se investiga, se pregunta y se verifica antes de publicar.

También

sobre una deuda pendiente de la sociedad con quienes ejercen esta profesión:

reconocer que detrás de cada noticia hay trabajo, tiempo, recursos y una

función social que no puede reemplazarse simplemente con algoritmos o

aplicaciones de inteligencia artificial.

En

ese contexto, merece destacarse y acompañarse la iniciativa impulsada por Juan

Manuel Fabricius para que Villaguay cuente con un espacio público que honre a

los periodistas. La propuesta, presentada ante las autoridades municipales y a

la espera de una respuesta, representa un gesto simbólico pero significativo

que es reconocer el aporte de generaciones de trabajadores de prensa que ayudaron

a contar, documentar y preservar la historia cotidiana de una comunidad.

Porque

los medios pueden cambiar, las tecnologías pueden transformarse y las formas de

comunicación pueden evolucionar. Pero mientras existan sociedades democráticas,

seguirá siendo indispensable la tarea de quienes buscan información, hacen

preguntas y trabajan para acercar a los ciudadanos una versión más completa y

rigurosa de la realidad.

Y

eso, mucho más que una fecha en el calendario, es lo que vale la pena defender.

L.B.

Diariovillaguayweb Esta nota se publicó originalmente en el medio.
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