Tiene 25 años, es barbero y les corta el pelo a chicos neurodivergentes: Es solo empatía y paciencia
Atravesó cierres de locales, la pérdida de su mejor amigo y varios golpes que estuvieron a punto de alejarlo de su oficio. Hoy, en su barbería de José C. Paz, creó un espacio donde los chicos encuentran tiempo, comprensión y contención. La satisfacc
El local ubicado en el partido bonaerense de José C. Paz parece, a simple vista, una barbería tradicional. Sin embargo, detrás del mostrador y de los mates compartidos en la vereda con los jubilados que esperan frente a un consultorio de PAMI, se esconde una historia de resiliencia.
Su protagonista es Ángel, un joven de 25 años que lleva diez dedicados al oficio y cinco viviendo completamente de él. Un peluquero que, tras atravesar profundas tormentas personales y laborales, encontró su verdadera misión: devolverles la dignidad, la paciencia y la alegría a los nenes neurodivergentes que llegan a su espejo después de haber sido rechazados en muchos otros espacios.
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Por eso, asegura, hoy no solo les da el tiempo que necesitan, sino también la tranquilidad de que su lugar es un espacio donde sentirse seguros y confiados, donde van a querer volver siempre sin miedo.
Un camino de tropiezos
En 2019 abrí mi primer local. Tenía 18 años y a los pocos meses llegó la pandemia. Como les pasó a muchos comerciantes, tuve que cerrar y volver a cortar el pelo en mi casa, recordó en diálogo con TN.
Con el paso de los años volvió a apostar por su emprendimiento, pero las dificultades continuaron. La muerte de su mejor amigo, con quien había aprendido el oficio, fue uno de los golpes más duros. Él siempre me decía que me iba a ir muy bien porque transmitía algo lindo. Por eso nunca bajé los brazos. Había gente que confiaba en mí, recordó.
La racha tampoco terminó ahí. En 2024, una serie de problemas económicos y habitacionales se acumularon en apenas un mes.
Iba bien. Había trabajado dos años y medio en ese local, pero tuve que cerrarlo. También me dejaron de alquilar la casa. Me bajó mucho el trabajo, tuve que buscar otro empleo y, al mismo tiempo, se venció mi contrato de alquiler. Me mudé y, a los tres días, me echaron del trabajo. Todo pasó en apenas un mes, lamentó.
Sin embargo, Ángel todavía creía en que las cosas sucedían por una razón superior. La apertura de su espacio actual no fue el resultado de una búsqueda desesperada, sino de una sincronía casi mágica. Lo más loco es que no lo busqué. El local que tengo llegó por ley de atracción, llegó por parte de Dios. Lo veo como que la vida tenía otra oportunidad para mí para seguir creciendo en el arte de la barbería, siguió.
Sobre el espacio que construyó, aclaró: No es una barbería para chicos. Es una barbería común, como cualquier otra. Lo que pasa es que siempre tuve una conexión especial con los niños, algo difícil de explicar con palabras.
La conexión antes que las tijeras
En ese nuevo rincón, Ángel descubrió que su don con los más chicos podía marcar una diferencia enorme para muchas familias. Los turnos dedicados exclusivamente a ellos los organiza meticulosamente de lunes a jueves, de 10 a 17 horas, buscando garantizarles el ambiente calmo que necesitan, lejos del bullicio de los fines de semana.
Su metodología dista mucho de la rigidez tradicional; se trata de una verdadera terapia de corte donde los tiempos los maneja la necesidad de cada nene, sin importar si lleva veinte minutos o dos horas, y sin modificar jamás el precio del corte por el tiempo dedicado.
Mi forma de trabajar es crear una conexión con ellos, y después si hay tiempo cortamos el pelo. Yo tengo mis sesiones, voy haciendo mi experimento de cómo se sienten corte tras corte, explicó el barbero y detalló sus particulares rituales de adaptación: Con cada uno es distinto, al principio pueden llorar. Los papás me cuentan que los forzaban a cortarse el pelo, entonces yo ya arranco sabiendo que cuando prenda la maquina el nene va a llorar. Por eso les corto donde se sientan cómodos: en el piso, en el sillón, y les digo a los padres que cuando lloren no les den bola. Los chicos cambian mucho cuando los dejan ser, cuando miran para los costados y nosotros seguimos como si nada, se olvidan que esa máquina se prendió, que les molesta y se meten en nuestro mundo. Capaz que termino de cortar y no se dan cuenta, recordó entre risas.
Las emociones en el local suelen estar a flor de piel. Para muchas familias que conviven con la neurodivergencia, encontrar un espacio donde no se juzguen los llantos, las crisis o los tiempos de cada chico representa un alivio difícil de describir. Ángel recuerda especialmente los momentos en que el agradecimiento de los padres termina convirtiéndose en lágrimas.
Me encantan los desafíos y ver que las familias se van contentas. Me ha pasado que los papás se pongan a llorar acá mismo. Escuchar que es la primera vez que alguien trata así a su hijo es algo muy fuerte. Eso no tiene precio. La satisfacción de haber hecho un buen trabajo vale mucho más que cualquier monetización. Es muy distinto que te elijan por lo que cobrás a que te busquen por el valor de lo que hacés, afirmó.
Los casos que lo marcaron
Uno de los casos que más lo marcó y que ejemplifica el éxito de su constancia es el de Enzo, un nene con autismo que llegó a su barbería tras haber sido rebotado en múltiples lugares debido a la incomprensión de su entorno. En su última visita, el pequeño demostró una evolución que conmovió a todos, adueñándose por completo del espacio.
Las primeras veces nos tomamos mucho tiempo. Pero hace unos días volvió completamente distinto. Ya venía con la idea de que se iba a cortar el pelo y de que también íbamos a jugar. Él mismo pidió sentarse en el sillón, agarró las máquinas y hasta me señalaba los lugares donde faltaba cortar. Ahí te das cuenta de que estamos haciendo las cosas bien, relató.
Sobre su trabajo, el joven barbero reconoció: En estos momentos debe ser que toma el control el Angelito que solo quería que lo traten bien, que tenía esa empatía.
El impacto de su labor diaria se multiplicó de manera impensada gracias a la exposición en las redes sociales, un aspecto que hoy asume como parte de su rutina laboral. A través de las pantallas, su mensaje llegó a oídos de profesionales de la salud y familias enteras que buscaban un espacio para sus hijos.
Mirando hacia el futuro, el joven de José C. Paz ya proyecta su próximo gran sueño: expandir su propuesta y abrir un espacio dedicado única y exclusivamente a la niñez, para no verse condicionado por la agenda diaria. Me quiero abrir una oficina solamente de chicos, porque va a ser una oficina de terapia de cortes.
A pesar de haber cambiado su público adolescente por una clientela compuesta mayormente por niños pequeños y adultos de más de 30 años, Ángel mantiene intacta la esencia barrial y humana que lo caracteriza. Su local se convirtió en un punto de encuentro vecinal donde conviven diferentes generaciones bajo una misma premisa: el respeto mutuo.
Yo la paso mejor que ellos, confesó entre risas. Lo que más disfruto es verlos terminar un corte tranquilos, sin miedo y sin sentirse obligados. Hubo momentos de frustración, de cansancio y de mucho trabajo. Con algunos tardamos 20 minutos y con otros más de dos horas, pero siempre vale la pena. Me llena el alma pensar que quizás fueron rechazados en otros lugares y que nosotros, con empatía, cariño y paciencia, logramos que algo tan cotidiano como cortarse el pelo se convierta en una experiencia positiva. Si yo fuera padre, me gustaría que recibieran a mi hijo de esta manera.
Con una sensibilidad que excede su edad, Ángel cerró la charla con una reflexión que resume tanto su historia personal como la filosofía que intenta transmitir en cada corte.
Creo que la silla de un barbero tiene mucho poder. En esos 40 minutos podemos escuchar, acompañar y hasta cambiarle el ánimo a alguien. Yo tuve muchísimos tropiezos, pero nunca dejé de ser constante ni disciplinado. Eso fue lo que me trajo hasta acá. Siempre digo que detrás de las nubes el cielo sigue siendo azul. Las tormentas enseñan, te fortalecen y, muchas veces, te terminan llevando a lugares que nunca imaginaste. Hoy siento que renací después de atravesar muchas de ellas.