Mirtha Legrand lamentó no haber tenido al Indio Solari en su mesa: Lo admiraba mucho, una lástima
| La muerte del Indio Solari a los 77 años sacudió al mundo del espectáculo y generó una catarata de mensajes de despedida
La muerte del Indio Solari a los 77 años sacudió al mundo del espectáculo y generó una catarata de mensajes de despedida en redes sociales. En ese marco, Mirtha Legrand rompió el silencio y confesó su pesar por no haberlo tenido nunca sentado en su mesa televisiva.
La diva habló a la salida del teatro, en la misma noche del fallecimiento del exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, y dejó en claro la admiración que sentía por el artista.
Me afectó muchísimo: la emoción de Mirtha a la salida del teatro
Todo ocurrió en la puerta del teatro Ópera. Mirtha Legrand bajó del auto, se acomodó su vestido corto de lentejuelas pastel y, de inmediato, se encontró con una ovación que no esperaba.
El público la aplaudía, como casi siempre. Pero esta vez, la conductora lucía distinta: tenía los ojos vidriosos y una emoción que desbordaba la escena. No era la Chiqui de siempre, sino una mujer que acababa de perder a un artista al que siguió en silencio durante décadas.
La periodista Juli Roque, del programa LAM, fue al punto y le preguntó cómo había tomado la noticia de la muerte del Indio Solari. Mirtha no dudó. Me afectó muchísimo, respondió, con la franqueza que la caracteriza.
Luego llegó la confesión íntima que más ruido generó: No pudo venir nunca a mi mesa. Una lástima, lamentó. Y enseguida resumió su admiración en una frase breve y contundente: Lo admiraba mucho, remarcó, sin vueltas ni sobreactuaciones.
El adiós al Indio Solari y un legado que marcó generaciones
El Indio Solari murió el viernes a la madrugada en su casa de Parque Leloir, partido de Ituzaingó. De acuerdo a los primeros estudios de la autopsia, la causa fue un ACV hemorrágico.
Según se reconstruyó, el músico había entrado a la pileta climatizada de su casa y allí, sin testigos ni estridencias, se apagó la vida del hombre que le cantó a los pibes, a los locos y a quienes nunca encajaron en ningún molde.
Tenía 77 años, pero en la memoria de sus fanáticos sigue siendo ese joven de La Plata que, junto a Skay Beilinson, fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en 1975.
La banda, que se disolvió en 2001 tras nueve discos de estudio, marcó a fuego la historia del rock nacional. Oktubre, Un baión para el ojo idiota, ¡Bang! ¡Bang! Estás liquidado y Luzbelito son mucho más que títulos: se convirtieron en biblias musicales de varias generaciones.
Luego, Solari siguió su camino solista. Editó El tesoro de los inocentes (2004), Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013) y, finalmente, El ruiseñor, el amor y la muerte (2018). Siempre con esa voz inconfundible, a medio camino entre el susurro y el grito.
Dos mundos del espectáculo unidos por el mismo duelo
Esa noche, Mirtha debutaba en la función con un vestido de capas asimétricas, pantalones beige y zapatos dorados. Ella representa la otra vereda del espectáculo: la televisión en blanco y negro, la sobremesa eterna, las preguntas con mantel y copas.
Que la máxima diva de la TV haya llorado al Indio Solari no es un detalle menor. Es la prueba de que el músico logró cruzar todas las fronteras simbólicas, incluso las de la mesa de los famosos a la que nunca quiso acercarse.
El gesto de Mirtha resume una paradoja muy argentina. Solari construyó su carrera evitando los territorios de la fama tradicional: jamás fue a un programa de chimentos ni posó para una tapa de revista del corazón.
Sin embargo, su muerte consiguió lo que su vida siempre esquivó: que la diva histórica de la televisión lo llorara en público, sellando así un reconocimiento que atraviesa generaciones, estilos y formatos.