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Provinciales
Infobae 05/06/2026 19:35 5 min de lectura

La Plaza de Mayo despidió al Indio Solari con música, llanto, abrazos y pogo: Hoy se murió el poeta de mi vida

Escenario de muchos de los momentos más importantes de la historia colectiva del país, esta vez la histórica plaza se llenó de almas dolidas por la muerte del mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

La Plaza de Mayo despidió al Indio Solari con música, llanto, abrazos y pogo: Hoy se murió el poeta de mi vida
Foto: Infobae

Entran a la Plaza de Mayo una mujer que se tatuó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en la cabeza, un pibe de 15 años que se rateó de la escuela y vino desde Pacheco, una nena de 2 que aplaude a cococho se su papá, un vendedor de turrones con la mercadería sobre el hombro y la tristeza en todo el cuerpo, y tres sesentonas que compraron ropa importada en Florida y ahora cantan y lloran. Ninguno sabe del todo quién organizó esta despedida, pero todos saben las canciones que canta el hombre del falsete que sale por los parlantes y está en las remeras y en los corazones de los que se van amuchando para decir adiós.

El Indio ha muerto y acá, en el corazón cívico de la Argentina y en la ciudad en la que el frontman redondo tocó por última vez en el año 2000, nadie espera ningún anuncio formal para empezar a despedirse. Hay llanto, pogo, fernet, abrazos y en el aire suenan algunos de los versos más inolvidables de la música de este país. Sobre el piso de la Plaza, un artista dibuja con tiza a Solari y escribe una de esas líneas: Donde hay dolor, habrá canciones.

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Byron y Augusto se tomaron un colectivo, el tren y el subte. Tienen 15 años y aprendieron las letras de Los Redondos porque, antes de ser la banda sonora de sus vidas, fueron las de sus mamás y papás. Augusto faltó a la escuela sin avisar y tal vez su mamá se enoje, pero sabe que su papá -ricotero a morir, dice- saldrá en su defensa.

Nunca escuché letras como las del Indio. Escucho mucha música de ahora y me gusta, pero no hay como él, dice Byron, sentado junto a Augusto en un pilote de cemento de la Plaza de Mayo.

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Bien cerca de la Pirámide, cuatro parejas de jubiladas bailan Mi perro dinamita mientras suena por los parlantes y cientos de personas la cantan. Ninguna de ellas se lo propuso, pero están dando una clase magistral de rocanrol. A mí, los Redondos me gustan desde que soy piba. Me los mostró mi hermano mayor y yo se los pasé a mis amigas en su momento, y después a mis tres hijos y a mis nietos, dice Susana, una de las rocanroleras. Vive en Núñez y es arquitecta.

Facundo llora y estira una remera como para que la vean los demás dolientes de esta tarde que se parece a una fiesta y se parece al dolor. La remera tiene una foto de Miriam, su mamá, que sonríe y tiene un brazo amoratado. Dice Pensando en vos siempre, un verso made in Solari, y tiene, chiquito, el logo de Patricio Rey.

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Mi hijo me pidió hacer la remera cuando tenía ocho años y mi mamá se había muerto. La quería para ponérsela debajo de la camiseta de su club y que se viera cuando festejara un gol. Ese año salieron bicampeones, cuenta Facundo, y se seca las lágrimas con el puño del buzo.

Dice: Vine de Varela. Llorando y escuchando sus canciones, que son mi vida. Es operario en el puerto, en Retiro, pero está de vacaciones.

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Claudio tiene 54 años y pausó la app de delivery para la que pedalea seis días por semana. Encadenó la bicicleta a una de las vallas que rodea la Pirámide de Mayo y ahora está, con la mochila de repartir y todo, metido en el pogo de Jijiji, el himno grabado en Oktubre que Los Redondos y también el Indio, junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, usaban para despedirse cada vez del escenario.

Claudio llora y salta, y llora y salta, y cuando sale del pogo dice que espera no haberse lastimado la rodilla porque mañana hay que pedalear. Está extasiado y está tristísimo: Seguí a Los Redondos, al Indio y a Skay por todos lados. Conocí mi país siguiéndolos, y eso le pasó a un montón de gente y no lo logró ninguna otra banda. Hoy se murió el poeta de mi vida, afirma.

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En la Plaza suenan Un ángel para tu soledad, Todo preso es político, La bestia pop, Nadie es perfecto, Preso en mi ciudad y El arte del buen comer. Todos cantan todas. De las bocas del subte, de las paradas de colectivo y caminando desde sus oficinas siguen llegando los que quieren despedir al Indio.

Jazmín salió de trabajar en Avellaneda y ahora exhibe sus tatuajes ricoteros, uno por uno. Tiene 36 años y su mamá no la dejaba ir a ver a Los Redondos en sus años de secundaria. Pero a los 18 ya no me podía decir nada. Vio al Indio y a Los Fundamentalistas en La Plata, Tandil, Olavarría, Salta y Gualeguaychú. Dice que Solari es lo más grande que hay y que la plaza se está llenando de gente porque eso es lo que pasa con los mitos populares.

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No hay ninguna pantalla para mirar esta tarde. Nadie va a hacer un anuncio ni a decir unas palabras alusivas. Hay una sola cosa por hacer en medio de la tristeza y la conmoción: seguir cantando.

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