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Infobae 05/06/2026 18:50 5 min de lectura

El pogo más grande del mundo: el ritual que el Indio Solari convirtió en emblema de una generación

El cantante decidió, desde hace años, cerrar sus conciertos con Ji Ji Ji y, en cada una de las misas ricoteras, los miles de fanáticos que se congregaban allí no decepcionaron. Las reacciones de youtubers extranjeros

El pogo más grande del mundo: el ritual que el Indio Solari convirtió en emblema de una generación
Foto: Infobae

El Indio Solari murió este viernes 5 de junio en su hogar de Parque Leloir. La noticia golpeó de lleno a los fanáticos de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota y a los seguidores de la carrera solista de Solari. Y entre los recuerdos que volvieron a circular con urgencia, uno ocupa un lugar central: la imagen de decenas de miles de personas saltando al mismo tiempo durante los primeros acordes de Ji ji ji. Una postal que trascendió la música y a nuestro país y se instaló en la cultura popular con un nombre propio: el pogo más grande del mundo.

El ritual tiene una raíz precisa. Ji ji ji fue incluida en Oktubre, el disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota lanzado en 1986. Con el paso de los años, la canción dejó de ser un tema más del repertorio y se convirtió en el momento más esperado de cada recital. Cuando llegaban sus primeros acordes, miles de fanáticos sabían exactamente lo que iba a pasar.

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Lo que distingue al fenómeno ricotero no es solamente el número de personas reunidas. Es la sincronización espontánea de decenas de miles de cuerpos saltando al mismo tiempo durante una misma canción, algo que se repitió durante décadas y se convirtió en una de las postales más reconocibles de la música argentina.

La estructura de Ji ji ji en vivo funcionaba como un mecanismo de relojería emocional. Todo comenzaba con una tensa calma. Los primeros acordes operaban como una señal de alerta y la multitud abría gigantescos círculos en el césped o el asfalto, ganando espacio físico para lo inevitable. Tras los versos iniciales, la batería marcaba el quiebre. Al grito unísono de ¡No lo soñé!, se desataba la liberación: cientos de miles de cuerpos impulsándose hacia arriba, moviéndose como un único organismo.

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El fenómeno no nació de un día para otro. Durante los primeros años de Los Redondos, la liturgia de saltar durante los temas más intensos ya existía como reacción visceral del público. Pero fue en la etapa solista, con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, donde el ritual alcanzó dimensiones inéditas. Cada recital del Indio movilizaba verdaderas peregrinaciones desde distintos puntos del país, con seguidores que viajaban cientos o miles de kilómetros para participar de lo que muchos definían como una ceremonia colectiva más que como un simple concierto. La expresión que los fanáticos usaban para describirlo era elocuente: la misa ricotera.

Fue el propio Solari quien terminó de bautizar el fenómeno. Durante sus shows multitudinarios comenzó a presentar el momento de Ji ji ji como el pogo más grande del mundo. En Tandil lanzó la frase que quedaría para la historia: Este será el pogo más grande del mundo, hacete a un lado Mick Jagger.

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Uno de los hitos más recordados ocurrió precisamente en Tandil, el 12 de marzo de 2016, cuando el recital reunió entre 150.000 y 200.000 personas según distintas estimaciones. Aquella noche se convirtió en uno de los espectáculos pagos más multitudinarios de la historia de la música argentina. Las imágenes aéreas de la multitud saltando en sincronía recorrieron el mundo y alimentaron aún más el mito.

Antes, en septiembre de 2013, San Martín, Mendoza había sido escenario de otro récord. Más de 120.000 personas asistieron al recital en el Autódromo Ciudad de San Martín, una cifra que superó ampliamente la población de la ciudad anfitriona. El cierre con Ji ji ji bajo lluvia, frío y aguanieve quedó grabado en la memoria colectiva como uno de los pogos más masivos de la historia.

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El salto sincronizado no era solo una metáfora. En varias oportunidades, institutos sismológicos de las ciudades anfitrionas registraron oscilaciones en la tierra equivalentes a pequeños sismos de baja intensidad en el momento exacto en que estallaba la canción. El suelo temblaba de verdad bajo el peso de la multitud.

El fenómeno trascendió las fronteras. Y el ritual asombró en cada reacción que muchos youtubers de todo el mundo hacían de esta marea humana. Si bien el público argentino es reconocido por su efusividad, lo que lograban el Indio Solari cada vez que interpretaba Ji, Ji, Ji estaba fuera de toda escala.

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Más allá de los números, el fenómeno reflejó la capacidad del Indio para construir un vínculo emocional con su público que pocas figuras del rock mundial lograron sostener durante tanto tiempo. Sus recitales se transformaron en acontecimientos sociales capaces de movilizar ciudades enteras. Para muchos fanáticos, asistir a un show del Indio no era ir a un concierto: era formar parte de un movimiento donde la música y el público se volvían uno solo.

La frase ya no era solo literal. El pogo más grande del mundo se convirtió en el nombre de un fenómeno cultural que Solari construyó con décadas de música, letras y la capacidad de reunir multitudes en un solo ritmo. Para varias generaciones de fanáticos, representa la pasión de una época que vivió el rock como experiencia física y emocional a la vez.

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