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Infobae 05/06/2026 14:20 6 min de lectura

El último ritual del Indio Solari: así fue el recital que cambió para siempre a Olavarría

Entre la multitud más grande jamás reunida en la ciudad y el recuerdo de una tragedia, el show del 11 de marzo de 2017 quedó grabado como el hito definitivo de la música argentina

El último ritual del Indio Solari: así fue el recital que cambió para siempre a Olavarría
Foto: Infobae

El Indio Solari dio el último show de su vida en Olavarría, ante una multitud estimada entre 200 y 300 mil personas. El concierto se vio desbordado y quedó un sabor amargo con la muerte de dos asistentes. El repentino fallecimiento del músico este 5 de junio ratificó su cita de insoslayable entre los grandes hitos de la música popular en la Argentina.

Nadie había visto algo igual en la provincia de Buenos Aires. Olavarría, una ciudad de apenas 120.000 habitantes, recibió el 11 de marzo de 2017 a una multitud que duplicó su población en cuestión de horas. El Indio Solari eligió ese rincón bonaerense para escribir la última página de su historia sobre los escenarios. Con él llegaron almas convocadas por una liturgia única, sedientas de ritual y música.

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La marea ricotera desbordó todo cálculo posible. Desde la mañana, las rutas parecían ríos humanos: caravanas de autos, micros, banderas, familias enteras con niños, hombres y mujeres de todas las edades. A medida que caía la tarde, el viento frío que barrió el predio Rural La Colmena fue apenas un detalle menor frente al calor de la espera. Más de 250.000 personas se apretaron en un espacio pensado para mucho menos. El aire se volvió denso y tenso. Nadie quería perderse la cita.

El reloj marcó las 22. El Indio apareció en escena enfundado en una campera y una gorra roja, ropa que se quitó sin ceremonia tras la primera canción. El show abrió con Barba azul vs el amor letal y la ovación fue inmediata: el sonido luchaba contra ráfagas de viento, pero la voz del ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se impuso. Detrás, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado: Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Fernando Nalé en bajo, Martín de Pas en batería y Pablo Sbaraglia en teclados.

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El repertorio fue una sucesión de himnos. Sonaron Porco Rex, Arca Monster, Chau Mohicano, cada uno coreado a gritos. El público avanzaba, se apilaba sobre los baños químicos, empujaba, buscaba espacio donde no había. La sede, colapsada, era un hervidero: algunos bailaban, otros intentaban protegerse del frío, la mayoría apenas podía moverse.

Antes de Ropa sucia, el Indio tomó el micrófono con un tono cercano. Hacer esto no creo que me haga bien a la gola, así que denme una mano para cantar, pidió. La multitud respondió, pero el clima cambió rápido. A los veinte minutos del show, el cantor se enojó con un grupo de fanáticos que, pasados de copas, estaban siendo aplastados en la primera fila. Son siete tipos que están rompiendo las pelotas. Alguien tiene que ir a sacar a esos boludos, soltó. El pedido fue claro y urgente: Prendan las luces, por favor.

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La tensión se volvió protagonista. El Indio reclamó la presencia de Defensa Civil, pidió que los borrachos fueran para atrás, increpó a un fan: ¿Qué tirás, pelotudo?. La pausa forzada se estiró por veinte minutos. El público, inquieto, esperaba. La música volvió de a poco: Héroe del whisky, Etiqueta negra, pero los incidentes no daban tregua. A las 22.53, la voz del Indio advirtió: Vamos a hacer una pausa, hay 20 personas que están deteniendo todo.

Durante el recital, el Indio Solari alternó momentos de cercanía y agradecimiento con explosiones de fastidio y preocupación. En uno de los pasajes más recordados, se dirigió a sus seguidores: Gracias por la compañía y el apoyo de siempre. Sé lo que representa guardarse una platita y dejar de comprar algo o dejar de viajar a algún lugar para venir a verme. Lo valoro, muchas gracias. El show era una fiesta, pero la sombra de la tragedia se insinuaba con cada avalancha y cada interrupción.

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La noche avanzó con sobresaltos. Babas del diablo, Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina donde invitó a recordar a un querido amigo, pero la calma era frágil. Hacia las 23.40, el Indio confesó, molesto: Ya no tengo más ganas de tocar. El espectáculo pendía de un hilo tras Esa estrella era mi lujo. Sin embargo, volvió a encender el ánimo con Todo preso es político, uno de los puntos más eufóricos de la velada. Allí, recordó a las Abuelas de Plaza de Mayo y pidió a quienes tuvieran 40 años y dudas sobre su identidad que se acercaran a ellas.

En ese contexto, también aludió al debate por la baja de la imputabilidad penal de menores: Los muchachos no nacen malos, afirmó. El Estado no puede ser penal antes que social, agregó, llevándose un aplauso cerrado. En ese instante, la comunión con el público fue total.

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La energía del recital fluctuaba entre la celebración y la preocupación. El Indio recuperó la sonrisa con Nuestro amo juega al esclavo. Por primera vez en la noche, giró en círculos con los brazos abiertos, bailó, miró al público con el puño en alto. La imagen quedó grabada en quienes estaban allí.

El tramo final llegó con palabras que sonarían a despedida: Esto es una locura, ya no sabemos cómo llamarlo, un enorme agradecimiento a todos ustedes, saben que no existe en el mundo algo así. La banda enlazó JiJiJi, himno ricotero, con Mi perro dinamita. Los brazos en alto sellaron el cierre. Parecía la culminación de una fiesta, pero el desenlace fue otro.

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La ciudad, que nunca antes había vivido un hecho de tal magnitud, fue escenario de una tragedia: dos personas murieron en el predio. El show, pensado como celebración, quedó marcado por ese saldo amargo. La música, por momentos, pasó a segundo plano ante el caos y la angustia.

El recital de Olavarría fue, además, una revancha para el Indio. En 1997, el entonces intendente Helios Eseverri le prohibió tocar allí con los Redonditos de Ricota, por temor a disturbios. Veinte años después, el regreso fue multitudinario y caótico; la ciudad y el artista volvieron a encontrarse bajo circunstancias extremas.

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En los últimos años, Solari había adoptado la costumbre de ofrecer un show anual. El de Olavarría generó una expectativa inédita, dado su delicado estado de salud. En marzo del año anterior, el músico había blanqueado su diagnóstico de Mal de Parkinson, una amenaza constante para su continuidad en los escenarios. El público sabía que cada recital podía ser el último.

La muerte repentina del Indio, ocurrida el 5 de junio de 2026, revalorizó aquel concierto como un hito irrepetible de la música popular argentina. Lo que debía ser una fiesta terminó en tragedia, pero también selló el mito y la despedida de un ícono.

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