Alerta en la frontera: Crecen las sospechas por falta de controles con canes antinarcóticos en la Ruta 136
Investigadores y vecinos advierten que el corredor vial entre Gualeguaychú y Fray Bentos se consolida como un punto estratégico para el tráfico transnacional de estupefacientes. Denuncian debilidades en las inspecciones terrestres y un alarmante fluj
Investigadores y vecinos advierten que el corredor vial entre Gualeguaychú y Fray Bentos se consolida como un punto estratégico para el tráfico transnacional de estupefacientes. Denuncian debilidades en las inspecciones terrestres y un alarmante flujo de doble vía, tanto por asfalto como a través del río Uruguay.
Gualeguaychú. La creciente sofisticación de las bandas narcocriminales puso nuevamente bajo la lupa la efectividad de los controles de las fuerzas de seguridad federales en la provincia de Entre Ríos. Vecinos, especialistas en seguridad y fuentes vinculadas al ámbito judicial coinciden en una preocupación que gana terreno con fuerza: las sospechas sobre una alarmante falta de controles exhaustivos sobre la Ruta Nacional 136, puntualmente en lo que respecta al despliegue constante de canes detectores de drogas.
La frontera que conecta a la ciudad entrerriana de Gualeguaychú con la uruguaya Fray Bentos, unida por el Puente Internacional Libertador General San Martín, dejó de ser un simple paso vecinal para consolidarse como una línea caliente de tránsito de estupefacientes. Lo particular de este corredor, según advierten los expertos, es su dinámica de doble vía: funciona de manera simultánea como ruta de salida de cargamentos hacia el Uruguay y como puerta de ingreso de sustancias ilícitas hacia el territorio argentino.
¿Zona liberada? El reclamo por los K9.
A pesar de operativos aislados y golpes fortuitos de la Aduana, diversas fuentes en la región deslizan que el corredor se asemeja por momentos a una “zona liberada” debido a la intermitencia en los retenes fijos de Gendarmería Nacional en la Sección “Puerto Unzué”. La crítica principal radica en que los controles vehiculares suelen limitarse a lo documentológico y a la inspección visual simple, relegando el uso crítico de las unidades K9 (canes adiestrados), capaces de detectar cargamentos camuflados en dobles fondos que los escáneres manuales o la vista humana pasan por alto.
“Si los perros no están en la pista las 24 horas, el control es una lotería”, confía a este medio una fuente con acceso a las dinámicas aduaneras de la zona. “Las organizaciones conocen los baches en las requisas tanto para cruzar hacia el Uruguay como para ingresar la mercadería a la Argentina”.
La geografía del lugar juega a favor del crimen organizado. La Ruta 136 funciona como un embudo terrestre inmejorable, pero el verdadero desafío logístico radica en la combinación bi-modal que utilizan las bandas locales y transnacionales.
La hidrovía del delito: Tránsito de ida y vuelta en el río Uruguay.
El entramado criminal no se agota en el asfalto. El contexto regional expone una preocupante vulnerabilidad sobre el río Uruguay, sindicado por los investigadores como el punto más permeable del sector y un escenario clave para este contrabando de ida y vuelta.
Utilizando lanchas rápidas y barcazas precarias, los traficantes cruzan cargamentos desde la costa argentina hacia el litoral uruguayo apuntando al puerto de Montevideo como trampolín hacia Europa, pero también utilizan la misma ruta fluvial a la inversa. El ingreso de drogas sintéticas, marihuana de alta concentración o precursores químicos desde el Uruguay hacia la Argentina se realiza al amparo de la noche, aprovechando los innumerables puntos ciegos y la limitada capacidad de patrullaje náutico permanente en un río de extensa frontera.
Esta triangulación convierte a Gualeguaychú en un nodo logístico ideal de distribución bidireccional: la droga que baja por las rutas nacionales 12 y 14 se acopia para cruzar al vecino país, mientras que los cargamentos que ingresan desde el Uruguay se ramifican rápidamente hacia los grandes centros urbanos argentinos.
Respuestas oficiales vs. Realidad civil.
Desde las carteras de seguridad suelen defender los procedimientos destacando incautaciones recientes. Sin embargo, para los especialistas, los grandes decomisos ocurridos en el paso internacional son apenas la punta del iceberg, muchas veces descubiertos gracias a alertas internacionales más que a la prevención local sistemática.
La exigencia comunitaria e institucional es unánime: se requiere la presencia permanente, robusta y transparente de las fuerzas federales con soporte técnico y unidades caninas activas en la Ruta 136, blindando un límite internacional que, de lo contrario, corre el riesgo de quedar definitivamente a merced del libre flujo de las grandes mafias del narcotráfico.
Redacción: Nova Comunicaciones.